
Seguimos en Delhi y en la “zona peligrosa de ganchos”, así que al poco de salir del hotel ya nos entra el primero y Marisa no para de repetirme que no le conteste, que no le diga nada. Y es que si son educados y no se ponen pesados no me importa contestarles las primeras preguntas.
(Este sí es un gancho de verdad).
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