Pasaba por la calle Arenal cuando un músico callejero me llamó la atención. Por su recogimiento, su intensidad y porque interpretaba con una guitarra muy baqueteada el aria de las variaciones Goldberg, que suelo reconocer a pesar de mi escasa formación por ser la primera pieza de la obra y por tanto siempre oída aunque no vayas mucho más allá. Contra mi costumbre le he escuchado un momento y le he dejado una moneda en la funda de la guitarra que estaba abierta a sus pies. En ese instante la policía municipal nos ha multado a los dos. A mí por incitación a la presencia irregular de instrumentistas y al músico por carecer de licencia para ese tipo de música; sólo tenía licencia de blues.