48. China 2019. 23 de abril, martes. Vigésimo segundo día de viaje. Chongqing. Día 2. Dazu. Tercera parte.

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El tercer punto de ese papel decía: “Have lunch Chinese food”, y hacia allí íbamos cuando la guía reparte una especie de aperitivo entre los pasajeros: unas bolsitas de plástico algunas de las cuales que eran transparentes contenían salsa como la que vimos ayer en Ciqikou, así que educadamente las hemos rechazado, aunque sí hemos podido comer otras que alguien nos ha advertido que no eran “hot spicy”.

Lo que no sabíamos es que la guía a continuación ha cantado las excelencias de esas muestras pues vendía los originales. Y la gente ha comprado.

 

Llegamos al restaurante y nos sientan en mesas redondas de las que gira el centro y el personal va cogiendo lo que le apetece. Y de nuevo se sorprenden de que sepamos manejar los palillos.  E igual que en el barco nos ponen un montón de platos y sobra cantidad de comida. Y nadie bebe nada aunque al salir la guía nos da una botella de agua a cada uno de los viajeros. Y desde allí en un corto paseo atravesando un puente donde no han podido dejar de colocar candados (¡vaya moda más estúpida!) llegamos al museo.

Y es una maravilla. Primero porque te muestra con mapas y unas estupendas fotografías otros lugares de China, pero también de la India donde se encuentran estos tipos de esculturas y luego porque tiene un conjunto de piezas que están maravillosamente instaladas.

Hay un letrero que me hace gracia por su posible polisemia. Dice “GOING ON”, pero están  tan pegadas una palabra con otra  que parece un nombre chino: “GOINGON”.

El museo me ha encantado aunque solo hemos tenido 30 minutos para su visita; demasiado apresurada.

Muy interesante ha sido la fotografía del museo de  lo que íbamos a visitar a continuación, como un aperitivo del gran banquete que nos esperaba, lo que la guía denomina “Treasured Summit Hill”, pero que se llama realmente “Baoding Shan”.

Wikipedia: “Baoding Shan: este lugar, situado al borde de una garganta en forma de U, alberga dos grupos de esculturas consideradas como la apoteosis de la escultura rupestre china. Destaca el Avalokitesvara de los 1.000 brazos (en realidad son 1.007)”.

La guía (papel) dice que si solo tienes tiempo para una visita que hagas esta, pues es el más impresionante de todos los lugares de este entorno.

Se cree que han sido esculpidas entre 1174 y 1252. Este sitio difiere de otros porque incorpora algunas cosas de la naturaleza en las propias esculturas, como una fuente.

Y es de esos sitios que al llegar te quedas sobrecogido, porque es algo fuera de serie. Y aquí ya no estábamos solos, aunque para ser China, era casi de esta manera. Además como todos los grupos van con audífonos no hay gritos.

El joven de Shanghái de vez en cuando me daba una explicación sobre las esculturas y una vez más comprobaba que lo más parecido a una religión es otra religión. Y para eso solo tienes que ver su representación del infierno. Vaya, que todas se copian las unas a las otras. Aquí con unas esculturas de lo más terrorífico, pero también con unos seres que contemplan desde arriba el sufrimiento y putadas de los de abajo, que sin en lugar de haber Budas, Bodhisattvas y dioses pones a la Virgen del Carmen, te parecería lo mismo, solo que esta está esperando la salida del purgatorio de los que están allí y en estos de aquí no parece que pueda haber ninguna posible salvación.

Otra semejanza: ¿recuerdas la representación estándar en la imaginería católica de Santo Tomás de Aquino? En su mano derecha sostiene una maqueta de una iglesia.

No, no soy un fanático de la iconología católica, es que en la iglesia de mi pueblo había una gran escultura de ese dominico y en época de exámenes  le rezábamos, además de estudiar mucho.

Y tú te preguntarás, ¿por qué el modelo de la iglesia? Fácil: ”sostiene en su mano la maqueta de la iglesia, atributo de su condición de doctor”.

Y más, ¿todos los doctores de la iglesia tienen una maqueta en la mano?  Eso ya es para una tesis iconográfica.

Pues bien, aquí hay una señora budista igual que él. Pero no sé si también  es doctora, quizás fuese solo comadrona, que ya no sé cómo buscar la información.

Todo el conjunto y su sucesión de escenas me recuerdan a las iglesias medievales y sus representaciones de la vida de Cristo para los iletrados fieles.  Lo único que en las iglesias estaban en el centro de las poblaciones y aquí están lejísimos de todos los sitios.

Pero además de su significado religioso e histórico aquel conjunto es algo impresionante. Solo por esto ya merecería la pena el viaje de este año.

Regresamos y en el camino volvemos a ver, además de alguna ciudad, la China rural, la que está fuera del eje turístico Pekí-Xian-Shanghái, que seguramente no tendrá mucho interés excepto la gente que vive y trabaja en ella.

Antes de llegar a Chongqing la guía me devuelve 180 ¥. Imagino que es por la diferencia de las entradas y que a los mayores chinos quizás les hacen un precio especial en la excursión. A pesar de eso había preguntado a los de Hong Kong y habían pagado menos que nosotros antes de la devolución, así que el hotel había cobrado una buena comisión, pero sin ellos no hubiese podido hacerla. Pero el detalle de la devolución te hace ver que esta gente es honesta y no están maleados como en otros sitios turísticos.

Ayer cuando salimos por la noche vi una oficina de CITS, ya sabes, “China International Travel Service”, la corporación de turismo del gobierno chino,  y entré a preguntar por el precio de los cruceros: la joven no hablaba inglés y me pasó el teléfono con una que sí lo hablaba. Me dice que un crucero de 4 días, 3 noches en un “Chinese boat” cuesta 2000 ¥. Le pregunto que cuanto en uno que no sea “Chinese boat”: más de 2000. “¿Pero cuánto?”. No logré que me lo dijese. Así que si no hay nadie que te ayude a contratar un viaje tienes que dar con un “Jack”, quizás aprovechado, pero no hay otra opción. Porque piensa que esta ciudad es el punto más importante para empezar un crucero por el río y esa agencia la más importante de China.

Confiábamos en que el autobús nos dejase donde nos había cogido, o sea cerca del hotel, pero lo hace en otro sitio desconocido para nosotros y del que deduzco el nombre por un cartel que veo, Yuzhong, junto a un “Tourist Information Center”. Llegamos al mostrador y está vacío.  Vaya, está vacío solo ese mostrador porque todo aquel entorno está lleno de gente y es como una especie de parque temático de restaurantes y tiendas, que me recuerda en más moderno a la ciudad vieja que visitamos ayer por la mañana, Ciqikou.

Cuando el autobús nos dejó allí le pregunté a la guía que como podríamos regresar al punto de origen de esta mañana y nos dijo que en taxi. ¡Qué solución! Porque estoy totalmente perdido y si piensas que esta ciudad tiene unos 13 millones de habitantes, pues igual nos han dejado en Sitges que en Torrejón de Ardoz. Lo único que logro situar es un río que está aquí a  un lado y que como es más pequeño que el Yangtsé donde llegamos ayer, deduzco que debe ser el Jialing, que es un afluente del otro y que desemboca aquí en esta ciudad.

Al llegar al hotel descubriré que esto se llama, o lo llama la guía, “Hongya Cave” y que intenta ser una reconstrucción o mejor una recreación de las casas antiguas de esta ciudad. Entre las que está este extrañó pastiche.

Me sorprende encontrarme con fotógrafos callejeros, pero allí están con los grupos posando para ellos.

Y todavía es más extraño dada la cantidad de gente que se están fotografiando con los teléfonos. ¿Por qué usarán a los profesionales callejeros?

En aquel maremágnum de gente intenté preguntar pero era imposible, nadie me respondía a mi pregunta de si hablaban inglés, así que cuando vi a una pareja en los 60 con unas estupendas cámaras fotográficas me dirigí a ellos: no solamente no hablaban inglés, sino por señas me dijeron que era la primera vez que estaban allí pues eran de Shanghái, pero además de que eran simpáticos nos debió unir  el hecho fotográfico (Marisa llevaba colgando la suya)  y cuando lograron entender  que lo que buscábamos era el metro  gracias a que les enseñé una fotografía del mapa de las líneas que había tomado ayer, pues ni mi “metro”, ni mi “subway” les eran inteligibles. Entonces se dirigieron a un ayudante de policía, le explicaron nuestro problema y aquel joven nos llevó a un ascensor, vino con nosotros, nos dejó en la parte superior del complejo y encima nos escribió en chino en un papelito algo así como “buscamos la estación de metro” y nos señaló con la mano la dirección a seguir.

Estábamos enfrente de un precioso puente  y el atardecer era impresionante.

Puente Qiansimen

Cuando emprendimos la búsqueda del metro nos pregunta una señora si nos puede ayudar, y es que le debimos dar pena. Dos abuelitos con sus mochilitas, perdidos en aquella gran ciudad.  Nos dijo que el metro estaba allí delante. Y efectivamente, no solo estaba cerca sino  que además solo estábamos a una parada de nuestro hotel, que hasta habríamos podido ir andando.

Esta vez cenamos al lado de un Carrefour que encontramos por el camino y de tipo autoservicio, así que con menos sorpresas que otras veces.

Y para mañana nos hemos apuntado a otra excursión.

PS

Recomiendo echar una ojeada al álbum de fotografías de Dazu pues mi descripción no muestra lo impresionante del lugar. Desde luego es un sitio que se debe visitar, pero mientras preparas el viaje tienes las fotografías como adelanto.

 

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