34. Georgia y Turquía 2014. 19 de marzo 2014, miércoles. San José. Décimo noveno día de viaje. De Tiflis a Estambul. Primera parte.

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Hoy amanece un día soleado aunque algo fresquillo.

Nuestro autobús para regresar a Estambul sale a las 11 de la mañana así que vamos a intentar aprovechar hasta el último momento de nuestra estancia en Tiflis.

Quiero enviarles una postal a mis nietos y descubro que la oficina de correos no está donde debía estar según la guía y  que no venden sellos en ningún sitio y lo más extraño de todo: que no hay ni un buzón para echar la correspondencia.

El dueño del hotel ya me ha dicho que solo se pueden echar en la misma oficina central de correos.

¿Y por qué no hay buzones?

Pues porque nadie los necesita.

Damos la última vuelta por las calles alrededor del alojamiento y en especial por el exterior de la cercana iglesia armenia de Surb Nshan (¡qué pena tanta destrucción y abandono!), nos despedimos del dueño y con un taxi a la estación de autobuses.

2014. Georgia. Tiflis. Tbilisi.

En este hotel hemos estado muy bien. Si volvemos lo haremos al mismo sitio. Y el dueño es un tipo encantador que ayuda muchísimo a los que viajan como nosotros.

2014. Georgia. Tiflis. Tbilisi.

Cerca de la estación de Ortachala, la que va a destinos internacionales, vemos un autobús de ALSA. ¿Habrá un recorrido de Madrid o Barcelona hasta Tiflis? Tendré que investigarlo.

En la estación sí veo una ventanilla donde venden billetes a Bulgaristán. Imagino que será a Bulgaria y por tanto un viaje largo, largo. También veo que van a “Yunanistán”. Ni idea de por donde cae ese país.

2014. Georgia. De Tiflis a Estambul.

NB

Al escribir esta crónica en el ordenador descubro que es Grecia en turco.

Otra sorpresa: el primer negro que veo en este país lo encuentro en esta estación,  pero o es un georgiano negro (pero georgiano) o no lo es, pero está perfectamente integrado pues charla con todos los empleados. Además de por  su color se hace notar porque lleva un jersey  con unos renos cosa que no haría un recio georgiano. Aunque los hombres cuando se saludan se suelen dar un beso en la mejilla.

Por si te interesa, que esta información no la pude encontrar cuando la busqué en Estambul: las compañías que viajan desde Tiflis hasta allí (e imagino que lo harán también en el sentido contrario) son: Golden, Ulusoy, Lüks Karadenitz, Mahmut Turizm y Metro, que es con la que vinimos y nos marcharemos.

2014. Georgia. De Tiflis a Estambul.

Pregunto y me dicen que llegaremos a las 10 hora turca y es que hay dos horas de diferencia, que ahora al viajar hacia el oeste las ganaremos así que serán 25 horas de viaje,

Cerca de la estación de autobuses veo la primera pintada tipo Fuenlabrada, pues la ciudad está muy limpia de este tipo de actividades artísticas.

Tiflis está recorrida por el río Mtkvari, o más fácil el río Kurá,  y hay muchos puentes que la atraviesan. Viendo esa parte de la ciudad no te puedes hacer una idea del casco antiguo, la parte donde hemos vivido.

Y también pienso, como en otras ocasiones, que un río es algo muy importante para una ciudad y que le da una impronta especial.  

En la salida de la ciudad vemos varios ejemplos  de edificios que muestran el gusto de este pueblo, o de sus gobernantes, por la arquitectura. Hay algunos bloques de los que en Barcelona llamaban antes “tipo Bellvitge”, pero también edificios con mucha “obra inútil”, como llamaba mi padre a este tipo de construcción.

En cuanto salimos de la ciudad ya vemos al fondo, lejos, pero no demasiado, las grandes montañas nevadas de Kazbegi, pues como viajamos del este al oeste la carretera atraviesa una gran llanura que se cierra visualmente al norte por la gran cordillera nevada del Cáucaso.

Leo un poco de la guía de Turquía y en el apartado de “Turquía Hoy” sobre el lenguaje corporal dice que el signo de “OK” (que es el de levantar el pulgar) indica homosexualidad.  Así que cuidado, porque si te preguntan “¿Qué tal estas?” y le contestas con ese gesto le estás diciendo algo sobre tu o su homosexualidad. ¡Estos turcos!

Más tarde las montañas nevadas en el norte se unen  a otras también nevadas al sur, aunque más pequeñas, deben ser el “Lesser Caucasus”.

No es que converjan, es que las veo al mismo tiempo. 

Cuando llevamos una hora de recorrido, unos 100 km, se acaba la autopista y entramos en una carretera de dos carriles, pero con bastante circulación.

Es una Georgia rural, pero parece de poca variedad paisajística y humana, al menos en esta época del año, pues a veces hay hombres vendiendo al lado de la carretera, pero solo tienen manzanas y coles.

Así llegamos a una zona montañosa y nevada al lado de la carreta aunque solo estamos a 800 m de altitud.

2014. Georgia. De Tiflis a Estambul.

Hay bajadas muy pronunciadas donde a veces anuncian “wrecking cul-de-sac”, como también tenemos en alguna carreteras españolas, pero aquí debe dar miedo meterse allí por las condiciones que tiene, pero seguro que te paras pues además del barro que forma el piso están hechas cuesta arriba.

Otra observación circulatoria: los georgianos no respetan la línea continua. No llegan a la temeridad india pero se arriesgan bastante en los adelantamientos, claro que el ir en un gran autobús te da bastante confianza.

A las dos de la tarde, o sea después de 3 horas desde la salida, hacemos la primera parada  y en el mismo sitio en el que hicimos la última en el viaje de venida. Un lugar bastante malo, pero donde paran todos los autobuses y además con los peores lavabos de todo el viaje.

Así como en la venida la azafata  aunque solo sabía decir “twenty minutes” era encantadora, rubia, pequeña y gordita, este azafato  es tonto de los cojones, moreno, flaco y borde y no nos dice lo de los “minutes”.

Pasamos por Kutaisi, la tercera ciudad del país, con grandes fábricas abandonadas cuyas altas chimeneas las utilizan ahora para los repetidores de la telefonía celular.

También a lo lejos veo un edificio de los que gustan tanto aquí, moderno y espectacular.   Debe ser el nuevo parlamento.  El actual presidente  decidió trasladar la sede legislativa de Tiflis aquí, pero hay una leyenda urbana que dice que poco después de ser inaugurado ha resultado ser impracticable por el alto coste de mantenimiento y calefacción y han decidido seguir con el de la capital.

Descubro con estupor que Kutaisi está hermanada con Vitoria;  ya sabéis qué pienso de esa práctica, que para mí está más cerca de una corruptela municipal que de un acto para “fomentar el contacto humano y los enlaces culturales”, como la define Wikipedia.

¿De verdad que los de Vitoria quieren “aportar a la población europea lazos de unión mayores y de promover proyectos en beneficio mutuo” con los de Kutaisi?

Durante el recorrido nos vamos encontrando a algunas vacas sueltas por la carretera. Tampoco es como en la India pero son igual de peligrosas. Además te da una idea, mala, de cómo este país (no) puede progresar, pues seguramente esta es la vía de circulación más importante de todas.

Y en esas estamos cuando nos para la policía. No sé la causa,  pero les piden la documentación al conductor y al que iba de copiloto. Veo que son turcos y que no dominan el georgiano (o no lo hablan en absoluto) pues el azafato hace de traductor.

Parece que es algo del cinturón de seguridad que es obligatorio aquí para el conductor y copiloto. Y allí nos tiramos 15 minutos.

Como se han ido a la parte trasera del autobús  donde debía estar el coche de la policía no sé si ha acabado con una multa o con una mordida.

Parece que la policía de este país era de las más corruptas del mundo, pero el actual presidente echó a todos (o a muchos) y ahora son honrados.

Cuando estamos cerca de la costa desaparecen  las grandes montañas nevadas del norte y aparecen otras también importantes y nevadas  en el sur. Quizás sean las de Kaçkar, que ahora son turcas y donde estuvimos hace unos años.

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