43. India 2019. 15 de octubre, martes. Décimo octavo día de viaje. Kohima. Día 2. Tercera parte.

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Seguimos  en Khonoma.

Una placa muy curiosa es la que confirma el hermanamiento  de esta población con otra, que me ha recordado lo que hacen en España algunos municipios, lo que permite a los ediles de ambos visitar al “hermanado” y pegarse unas buenas comidas a costa del erario municipal. Bueno, esto quizás sea una invención, pero no se me ocurre ninguna otra razón para que  Ocaña, por ejemplo, se haya hermanado con 16 ciudades europeas.

Si quieres ver la lista de tales disparates  gastronómicos (¿habrá otra causa?) tienes este enlace, aunque no está actualizado desde enero del 2013 y solo las de Europa aunque con un error: aparece el de Zaragoza con Móstoles. Raro, ¿no? ¿Será por la guerra de la independencia contra Napoleón?

A los de la “Federación Española de Municipios y Provincias” les debe dar vergüenza y ya no aparece la lista en su web, la que he encontrado es una réplica en la web de  “Wayback Machine”.

Pues aquí plantaron un “hietobo/letübo”, Erythrina indica, en el siglo XVIII, lo renovaron en el 1942 con dos lápidas de piedra y tres flechas de guerreros y lo reafirmaron en 2012 con este monolito.  Eso sí, a diferencia de la placa española en la entrada de las poblaciones hermanadas aquí están grabados los nombres de todos los que intervinieron y dada la complicación del nagalandés es la leche.

Te dejo el enlace a la fotografía de la lápida, donde al aumentarla puedes leerla entera.

Visitamos un par de pequeños talleres de tejido. La verdad se nota que nuestro conductor no es un guía profesional: no tenía ningún interés en que los viéramos y menos en que comprásemos nada.

Vemos lo duro que es ese trabajo y por eso no nos sorprende que los empleados de uno de esos talleres se pongan a jugar al balón volea en un campo que hay en la puerta de su trabajo. Debe ser su manera de descansar.

Verás al fondo de la foto uno de los fuertes de los que escribí en mi crónica anterior.

Otra cosa especial de este pueblo son una especie de eras… ¡Ah, que eres joven o habitante de una gran ciudad y no has visto en tu vida una era! Pues era el lugar donde se trillaba y luego se aventaba el trigo.

Aquí son unas pequeñas plazas redondas con unas piedras alrededor como asientos que parece que servían y aún sirven para reuniones vecinales.

Desde una de las torres vemos las terrazas de arroz que se cultiva en el fondo del valle. Una vista espectacular.

Si los tejados de las casas fueran de teja o de paja sería un paisaje perfecto, pero esos tejados metálicos, algunos nuevos y otros oxidados por el tiempo estropean la vista.

En estos pueblos había unos dormitorios comunales para solteros. Solo chicos, por supuesto. Los edificios siguen existiendo, pero ahora son talleres o almacenes. No logré saber si se utiliza todavía alguno para su fin original. Se llaman “morung”.

Otra característica de este pueblo es la gran cantidad de flores que hay por las calles, vaya, por las escaleras, entre las que había bastantes orquídeas.

Y mariposas, aunque fotografiar a estas es bastante difícil.

Aunque merecía la pena. Y en esta circunstancias siempre me digo que la próxima vez cargaremos con un objetivo macro para la cámara.

Acabamos el recorrido en un pequeño y precioso restaurante.

La mesa con una flores naturales preciosas.

Y donde hemos comido una verdura fuera de serie.

Sabemos lo que nos hemos comido porque nos lo han enseñado en la visita del pueblo, pero desconozco el nombre. Era como una pera-calabaza de color verde y que colgaba de una especie de vides.

Regresamos a Kohima y nos damos una vuelta por las calles del centro donde montan un pequeño mercado de comestibles en las aceras: pescados secos y frescos, estos normalmente vivos y de agua dulce, vegetales coloridos, de nuevo barreños con grandes ranas complementadas en esos puestos con montañas de unos caracoles pequeños negros y también puestos donde venden comida preparada.  Así pescados fritos, una especie de salchichas y fritos diversos.

En uno de ellos una muy joven mamá con una preciosa niña. Habla un buen inglés y le pide a Marisa que las fotografíe a ambas.

Y como son las 5 de la tarde el centro de Kohima se vacía de personal.

Mañana tenemos que madrugar pues el transporte sale a las 5 y pico y el hotel no abre hasta las 8 ó 9 de la mañana, pero me aseguran que un mozo duerme en la recepción y que me abrirá. Eso espero.

 

 

2 comentarios to “43. India 2019. 15 de octubre, martes. Décimo octavo día de viaje. Kohima. Día 2. Tercera parte.”

  1. La otra Marisa Says:

    Parece otro día tranquilo y agradable. Debe ser para compensar las penurias pasadas. Las fotos…

    • alelsoles Says:

      Mujer, penurias, penurias, lo que se dice penurias no hemos pasado, solo algún pequeño inconveniente y algún sustillo, pero nada más.
      Un beso

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