
La alarma de mi reloj no ha sonado, menos mal que Marisa tenía puesta la de su teléfono, pues hoy ha sido un día de los de madrugón.
Con un taxi de conductor silencioso llegamos al aeropuerto en unos 45 minutos.
En Estambul hay ahora dos aeropuertos, el Aeropuerto Internacional Sabiha Gökçen, Istanbul Sabiha Gökçen International Airport, İstanbul Sabiha Gökçen Havalimanı, SAW, y el Aeropuerto de Estambul, Istanbul Airport, İstanbul Havalimanı, IST, que es de donde salimos, aunque desde Madrid llegamos al primero.
Este de hoy el IST, siglas de la IATA, según Wikipedia, “Es el aeropuerto más grande de Turquía, el aeropuerto privado más grande del mundo y el segundo con mayor tráfico de Europa después del aeropuerto de Heathrow, también fue el séptimo aeropuerto más transitado del mundo en 2024… Tiene vuelos regulares a hasta 122 países”.
“El aeropuerto ha sido diseñado como el mayor del mundo, con una capacidad de hasta 150 millones de pasajeros al año, ampliables en el futuro hasta los 200 millones”.
O sea, enorme y con unas pantallas con destinos que te mueres de ganas de volar a cualquiera de ellas: ¡imagínate a 122 países!
Y muy nuevo todo, pues fue inaugurado en 2018.
Y ahora una experiencia viajera que quizás te sirva para tus futuros vuelos.
El viaje va a ser un poco especial pues teníamos los dos billetes, o sea, el de Estambul a Atenas y el de allí a Rodas sin poder facturar las maletas.
Busqué información sobre el control del peso del equipaje de mano de la compañía de hoy, la “Aegean Airlines”, pues no tenemos problemas con las medidas, pero quizás sí con el peso, y algunos viajeros decían que eran muy estrictos y otros que habían pasado sin problemas. Nosotros conseguimos que una maleta pese 9 kg y la otra 10, aunque las mochilas de mano deben pesar casi lo mismo.
En los días antes del vuelo la compañía no ha parado de enviarme mensajes un poco amenazantes para que comprásemos el exceso de peso del equipaje, pues decían que si lo tenías que pagar en el aeropuerto sería mucho más caro. Y esos mensajes nos hacían temer lo peor, pero ha habido un cambio: nos ofrecen una mejora de clase en una subasta para pasar a “business” y pujé en ambos trayectos y nos adjudicaron el segundo trayecto, el de Atenas a Rodas, lo que implicaba que además te daban la oportunidad de estar en la “lounge” de esa compañía al hacer la escala.
En la facturación al tener esa nueva categoría ya podemos facturar sin problemas, a pesar del lío y preocupación que hemos tenido con el peso de las maletas.
Las azafatas de tierra de “Aegean” llevan unos uniformes que son feos de cojones: parecen de guardias de campos de concentración. (Luego comprobaremos en el avión que no debían ser de la compañía aérea).
Y otra novedad: nos dan un billete único para los dos vuelos.
El control personal y de equipaje de mano va muy bien, pues no hay que sacar toda la electrónica. Esperemos que en Madrid algún día sea así, pues lo vienen anunciando desde hace tiempo.
Como siempre hecho una ojeada a los precios: ¡no he visto nada igual! Hasta Burger King, que en los aeropuertos suele tener un precio más contenido, aquí es una locura: una hamburguesa de 22 a 25 euros, pues lo mismo sucede con los bocadillos en otros puestos: de 10 a 15 euros. Incluso un “simit” cuesta 6€.
Cuando esperamos en nuestra sala de embarque oímos a tres vehementes argentinas hablar de la situación de su país con otros tres, quizás uruguayos o chilenos. Han hablado mucho de Milei, pero no he podido saber si para condenarlo o santificarlo. También me hubiese gustado saber la razón de visitar esta ciudad y cómo un argentino puede viajar por el mundo dado lo caro que es y los pocos ingresos que tienen. Y estos no parecen de la alta burguesía.
Embarcamos y compruebo que, después de mis temores con nuestro equipaje, algunos pasajeros llevan maletas de cabina enormes.
(Hasta aquí escribí el borrador de lo anterior en el vuelo, pero ahora sigo en la “Aegean Business Lounge” del aeropuerto de Atenas).
¡Qué bien se vive cuando se vive bien! (Y me hubiese gustado encontrar una frase más admirativa que la anterior).
En el vuelo de Estambul a Atenas nos dan un bocadillito que está bien, con agua y té. Menos mal que nos hemos refrenado de las hamburguesas de 25€ y de los bocadillos de 15€ del aeropuerto de Estambul.
Delante de nosotros una exótica pareja: él, un gordito rubio con melena y gorra de beisbol y ella una sílfide, vaya, extrasílfide oriental, con unos labios de gorila tamaño extra que la hacen un poco, o un mucho, monstruo y con unos pómulos saltones y ojos hundidos.
¡Lo que hace la “estética”! O mejor, ¡lo que hace la “antiestética! ¡Pobre chica! Porque lo del gordito era debido quizás a una vida muelle, o a un desequilibrio hormonal o a mucha panceta en el desayuno, pero lo de la chica… puro bisturí.
Etiquetas: 2025, aeropuerto, Estambul, Grecia, Rodas, Turquía, Wikipedia

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