50. India 2019. 18 de octubre, viernes. Vigésimo primer día de viaje. Majuli. Día 1. Primera parte.

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La isla de Majuli.

Cuando estuve en 2007 escribí una entrada en este blog describiéndola, así que como no habrá cambiado mucho te dejo el enlace para que lo leas.

Y digo que no habrá cambiado, pero dadas las crecidas del río Brahmaputra  en medio del cual está situada, su superficie sí puede que haya cambiado, lo que depende de todas maneras del momento del año en que la visites.

Wikipedia dice de ella.Majuli es una de las islas fluviales más largas en el mundo y la isla más grande de agua dulce en el sur de Asia. Majuli es también la morada de la cultura asamesa llamada Vaisnavite.

Majuli tenía una superficie total de 1250 km², pero ha perdido tamaño de manera significativa debido la erosión, por lo que se estima posee ahora una superficie de entre 577-650 km². Según los informes, en 1853, la superficie total de Majuli era de 1150 km², pero alrededor del 33% de esta masa de tierra se ha erosionado en la segunda mitad del siglo XX.”

La versión inglesa de esa misma enciclopedia dice: “Al comienzo del siglo XX tenía una superficie de 880 km², pero por pérdidas debidas  a la erosión en 2014 tenía 352 km². Majuli se va reduciendo así como  el río va creciendo”.

Pero el malhadado Guinness dice que tiene 880 km² y que es la isla fluvial más grande del mundo. ¡Para que te fíes de los récords!

Su población es de unas 160.000 personas.

Nada más tocar tierra cogemos (en Méjico “tomamos”) un taxi para ir al hotel. Creo que no he viajado en un vehículo más destartalado en mi vida

Tenemos contratado un hotel de la cadena OYO, un tipo de franquicia que nos dio un buen resultado en Guwahati y un pequeño susto en Jorhat. La diferencia es que aquellos los contraté a través de Agoda y este lo hice directamente con OYO a través de una aplicación de teléfono y una llamada a su central de reservas. Y ya estaba pagado.

La entrada es decepcionante. Nada que ver con las fotografías de la web, ni siquiera con la fachada de vidrio.

Llegamos a la recepción y nos dicen que no tiene ninguna reserva a nuestro nombre y además ninguna relación con OYO. (A pesar de que un gran letrero en la fachada diga lo contrario). Bueno, más o menos, porque el joven recepcionista no habla ni una palabra de inglés. Y aquí se vuelve a repetir la situación de ayer en Jorhat con la diferencia de que las habitaciones son horrorosas  y encima carísimas para ese nivel de confort, vaya, de la falta de él. 

Nos sentamos (un poco desesperados), echamos mano del teléfono y llamamos a un hotel que ya estaba cuando vine la primera vez, pero que no investigamos porque entonces eran solo un par de bungalós en pleno campo y a Marisa eso no le hace mucha gracia.

Llamo, contesta un señor amable y servicial y viene a vernos en moto.  Me parecen bien las condiciones y vamos allí en su moto y en otra que ha venido con él. Marisa me recuerda cuando en Vietnam y Laos nos desplazábamos así de paquetes y con todo el equipaje encima.

Y ha resultado una gran suerte porque además de los bungalós, que están ocupados, dispone también de un pequeño edificio de obra con unas pocas habitaciones que han resultado ser una maravilla por un precio ligeramente superior al del primer hotel.

O sea, que lo que ha empezado siendo una putada ha acabado siendo un acierto, porque si hubiese estado bien reservado nos habríamos quedado allí en aquel antro, por lo menos la primera noche.

Y encima el gerente habla un inglés estupendo y además de ser una persona muy agradable nos ha ayudado en la gestión del día.

Así nos ha explicado que hoy iba a haber un festival en una satra y que era muy interesante. Nos ha buscado el transporte que ha resultado ser más barato de lo que nos había dicho, lo que implicaba que no tenía ninguna comisión.

Se trataba de un conductor que nos iba a llevar hasta allí y nos esperaría hasta el final de la ceremonia: empezaba a las 2 de la tarde y acababa al atardecer.

Así que había que comer rápido y esta ha sido otra de las sorpresas agradables: una comida estupenda, tanto que Marisa ha repetido el mismo plato de pollo en la cena.

A las dos nos espera el chófer. Lleva un cochecito muy nuevo y muy limpio de un tipo que solo se puede hacer en la India: un único banco corrido y dos banquetas de plástico delante de ese asiento.

Puerta solo en un lado y ventanillas posteriores sin cristales, solamente un plástico transparente enrollado para los casos de lluvia.

El señor nos lleva hasta la satra y unos 50 metros antes de la entrada nos dice que hay que entrar descalzos y que dejemos el calzado en el coche.

Yo en los templos me descalzo del todo, pero es que aquí había que recorrer un buen trozo de carretera hasta la entrada y luego en todo el recinto  lo que había eran caminos de tierra o empedrados, así que nos quedamos con los calcetines: los únicos de esta guisa de todo el personal que andaba por allí,  porque cuando hemos llegado éramos cuatro gatos, pero al final aquello estaba a rebosar.

PS.

Si no lo has hecho te recomiendo que leas el enlace del primer párrafo sobre la isla, especialmente por la explicación final del editor de este blog sobre dos términos muy importantes de la sociedad india: “scheduled castes” y “scheduled tribes”.

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