37. India 2019. 13 de octubre, domingo. Décimo sexto día de viaje. De Guwahati a Kohima. Segunda parte.

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Llegamos a  Dimapur, ya en el estado de Nagaland, y nos vamos juntos los cinco del tren, pero al salir por la puerta de la estación un guardia nos para y nos dice que tenemos que ir a la policía.

Yo sabía que para visitar este estado los extranjeros no necesitábamos ningún permiso especial, pues incluso fuimos a informarnos a la “Nagaland House” en Calcuta, una especie de consulado de este estado,  y así nos lo confirmaron.

Pero resulta que sí debíamos registrarnos en la policía al llegar y yo pensaba que  se debería hacer en Kohima.  La señora habla con el policía y nos coge (en Méjico, “nos toma”)   a Marisa y a mí y nos lleva al puesto de policía que estaba en el otro extremo de la estación. Nada más entrar saluda muy cariñosamente a un joven que está allí de paisano y nos dice que tenemos suerte porque es su amigo y obviamente policía.

Nos cogen los pasaportes y se tiran más de 15 minutos tecleando en el ordenador. Mientras tanto el “amigo”, que debía ser jefe, le dice a un muchacho que nos traiga té.

Pasado el registro, que no sé cómo lo sabe el de la puerta pues no nos han dado ningún papel, ni han puesto ningún sello en el pasaporte, volvemos a salir y el “inspector de fumigación o algo así”, que nos espera, nos dice que él no puede ir a Kohima con nosotros por un problema del hotel.

No lo tengo muy claro, pero quizás era que no lo tenía reservado y los hoteles en esa ciudad, nos enteramos entonces, cierran a las 8 ó las 9 de la noche. Claro que cuando llegamos a esta estación eran las 5, aunque era ya de noche, y con los problemas administrativos se nos han hecho casi las 6 de la tarde.

Según mi guía los 70 km de Dimapur a Kohima se hacían en  dos  horas y media en taxi (al escribir ahora lo compruebo en Google Maps y dice lo mismo), pero no estaba actualizada: se emplean 4 ó 5 horas. O sea que íbamos a llegar con el hotel cerrado.

La señora nos dice que si lo tenemos reservado no nos preocupemos porque ella nos ayudará al llegar. Y entonces se lanza a la búsqueda de un coche grande,  pues además de que somos  cuatro llevamos bastante equipaje entre todos.

Y no hay manera.

Pregunta y pregunta pero nadie está  dispuesto. Y cada vez es más tarde y la cosa se ve más negra.

Me dice que puede preguntar en los coches más pequeños, pero que la carretera  es tan mala que es “risky”.
Esa palabra va de “arriesgado” a “peligroso”, pero desconozco el matiz que utiliza, pues el concepto de “riesgo” es muy subjetivo.   Y tampoco sé si en inglés significa algo más, pero le digo que de acuerdo, que por nosotros, si cabemos, no hay problema.

Nos tiramos un buen rato mientras ella pregunta y pregunta y al final aparece con un cochecito bastante pequeño y no en muy buen estado y a un precio razonable  por lo que había oído y más teniendo en cuenta que nadie quería hacer el viaje. Me aterra pensar que hubiese sido de nosotros sin aquella providencial ayuda.

Colocamos nuestro equipaje y las bolsas grandes de ellas en la parte trasera y las bolsas normales encima de nosotros.  A mí me dejan el asiento del copiloto y ellas tres detrás.

Resulta que aquel joven hacia todos los días ese recorrido y se lo conocía curva a curva, bache a bache, piedra a piedra y balsa a balsa. Porque de todo eso encontramos en el camino.

Desde un viaje que hicimos en Laos no había viajado nunca por una carretera así. Que no había casi nada asfaltado  y que además es la principal del estado al unir la ciudad más grande e importante con la capital, lo que implicaba que había mucha circulación incluidos los camiones. Y además era el regreso de un fin de semana. O eso imagino.

El problema del transporte estaba solucionado aunque yo no veía claro cómo podíamos circular por aquel camino con unas balsas enormes de agua  con aquel cochecito, pues parece que había estado lloviendo bastante los días pasados.

Pero lo dicho, aquel joven con mucha destreza y bastante  velocidad, dado el estado de la carretera, nos iba a llevar hasta Kohima.

No había cinturón de seguridad, pero la mía estaba asegurada al llevar encima de mí la mochila de la fotografía  y la pequeña de Marisa y con el asiento lo más pequeño posible, para dejar espacio a los de detrás,  o sea que estaba totalmente encajonado.

Pero el problema del hotel seguía en pie, así que la señora, en adelante Mercy (o sea, nuestra “Piedad” o “Misericordia”), coge su teléfono y llama allí pero no le responden. Empieza a llamar a amigos suyos hasta que consigue que el de nuestro hotel le responda.

Resultado: que no nos preocupemos (yo lo estaba y  mucho) que nos esperará alguien en la puerta.

Pero el mundo no se para y tenemos que cenar. Vaya, a nosotros nos daba lo mismo, pero no a Mercy y su hija, así que  paramos en un tugurio de esos de carretera donde ella consigue que nos den una cena que podamos comer.

Y encima no consiente que paguemos nosotros y nos invita.

Y en unas 5 horas llegamos a Kohima.

Nos llevan al hotel donde se asegura que nos están esperando.

Ha sido una odisea por una carretera que no te puedes imaginar que exista en un país como este, pero hemos llegado.

El hotel demasiado austero para nuestro gusto. Porque este ha sido otro de los problemas (pequeño en comparación con el de la parte final del viaje de hoy) que nos hemos encontrado.

Kohima es una ciudad situada en una montaña  y totalmente distribuida por sus laderas. No tiene un verdadero centro, pero yo busqué un hotel por donde creía que podría estar ese “centro de la ciudad”.

En la primera opción que elegí no tenían habitaciones libres pues además era una antigua  residencia oficial convertida en hotel y solo disponían de 4 habitaciones, no tenían web y debías hacer el trato por teléfono.

La segunda opción tenía una web propia con el sistema de reservas  más extraño que te puedes imaginar: tiene 4 tipos de habitación, reservas una de ellas y pagas con tu tarjeta de crédito y justo antes de hacerlo te aparece un letrerito diciéndote  que aunque hayas pagado estarás en una lista de espera, pues no te aseguran que tengan habitaciones libres.

Y todo esto de las reservas me estaba pasando cuando no tenía wifi en el hotel de Guwahati.

Resultado después de pagar: no teníamos habitación.

Total, que acudí a la última opción: un hotel que no me gustaba demasiado (ya antes de verlo), pero que no podía elegir otro.

Y realmente al llegar la habitación no nos gustó nada.

Hay que tener en cuenta que debido a las características de esta ciudad tendríamos que pasar en él bastantes horas, pues aquí a las 5 de la tarde se para toda la actividad y este hotel era el menos adecuado para ello, pero de momento paramos el golpe.

Notas de la cosas que me explicó Mercy durante el viaje.

Tenía una hija adolescente y era empleada administrativa del gobierno. En este estado casi todo el mundo trabajaba para él.

Son casi todos cristianos, creo que de mayoría baptista (llegaron los primeros), pero también con muchos católicos.

El personal se levanta muy temprano, como a las 5 de la mañana, hacen un desayuno fuerte que es como la comida nuestra y al medio día toman algo ligero, entendí que sería como una merienda. Luego a las 5 de la tarde o a las 6 cenan pues a esa hora  se para toda la actividad y cierran las tiendas.

Los hoteles lo hacen a las 8 ó 9 de la noche, no sé  si solo en esta ciudad o en todo el estado.

Y Mercy añade una buena obra adicional a todas la que ha hecho por nosotros: nos buscará un coche para que hagamos una visita a un par de aldeas que hay en las cercanías para pasado mañana, pues mañana la queremos dedicar a Kohima.

 

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3 comentarios to “37. India 2019. 13 de octubre, domingo. Décimo sexto día de viaje. De Guwahati a Kohima. Segunda parte.”

  1. Marisa Says:

    Mira lo que he leído hoy “El presidente de los Juegos Olímpicos de Tokio se niega a dimitir tras sus comentarios machistas, como que las mujeres hablan “demasiado””. No todo es perfecto en Japón, mi gran feminista, no todo es perfecto.
    El relato escalofriante, que mi admiración por Marisa no tiene límites, al igual que tu audacia. Lo bueno que tiene leer las crónicas aplazadas es que ya sabemos que estáis en casa sanos y salvos.

  2. alelsoles Says:

    Gracias Marisa. Pues a pesar de todo esta mañana Marisa al leer esta crónica me ha dicho que lo había suavizado bastante.
    Un beso

  3. Luigi Says:

    Qué te extraña el estado de esa carretera?? a tí? pues no quiero ni pensar como estaría, madrecita mía (y nunca mejor dicho).

    Desde luego a la “Mercy” le debéis un “riñón” , que mujer más encantadora.

    Y estoy totalmente de acuerdo con Marisa, lo mejor desde luego es saber que estáis perfectos en casita…

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