33. India 2019. 11 de octubre, miércoles. Décimo cuarto día de viaje. Guwahati. Día 1. Segunda parte.

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Isla del Pavo Real y templo de Umananda.

Un oficial británico le dio este nombre a la isla, “Peacock Island”, por su forma, pues pensó que tenía la misma forma que las plumas extendidas de esta ave.  Ya sabes, el maldito zoomorfismo. Pero no creo que ningún indio la reconozca con ese nombre sino por el de “Umananda Island”.

Dicen que es la isla habitada más pequeña del mundo Y de nuevo, ya sabes, las tonterías de “la más grande, “la más pequeña,”, “la más guapa” (esto solo se permite a los abuelas con las nietas) y similares.

Un letrero informa que el nombre viene del asamés “Uma”, o sea Parvati, y “Nanda”, o sea Shiva.

Eso es lo fácil, pero también he leído que “Ananda”  es la felicidad de Shiva, pues vivió un tiempo aquí.

Ya ves que en el cristianismo todo está más claro y más en el catolicismo: hay una ortodoxia y esa  es la verdad. Y única verdad.

El templo está situado en la cúspide de una colina llamada Bhasmachal. Fue construido en 1694, luego destruido por un terremoto en 1897 y vuelto a levantar.

Wikipedia dice que fue la residencia del langur dorado, introducido aquí en 1980, pero que el último murió en 2020. Parece que los del turismo de Guwahati no se habían enterado, pues hay un enlace en esa enciclopedia  a un periódico  del 27 de febrero de este año donde dice que el último ejemplar murió la semana anterior. (Ya ves, una de las ventajas de la falta de sincronía de las que hablé en mi crónica “0”, pues esto lo trascribí al ordenador mucho más tarde).

Esta especie, “Trachypithecus Geei”, está clasificada como una de las 25 especies de primates más amenazadas del mundo.

Y acabo con los nombres:

Bhasmachal  del asamés “bhasma”, ceniza y “achal”, colina  o sea “colina de la cenizas”.

Resulta que Shiva estaba meditando profundamente y fue interrumpido por Kamadeva  y entonces cabreado por ello lo quemó. Es una historia muy interesante que te animo a leer pero que no puedo trascribir dado lo largo y complicado de la mitología hindú.

NB

Aunque hasta ahora no he hablado de ello ya ves por los nombres de más arriba que el asamés es un  idioma y que es el oficial en este estado, Asam, y hablado por unos 14 millones de personas.  Es una de las 23 lenguas oficiales de este país.

Como curiosidad te diré que es el más oriental de las lenguas indoeuropeas.

Y más: tiene su propia Wikipedia de la que te dejo el enlace.

Una variante  simplificada del asamés se habla en Arunachal Pradesh, estado contiguo por el norte y en Nagaland adonde iremos en este viaje. Lo interesante es que en este último estado en 1970  se acordó que el alfabeto latino fuese  la escritura estándar para ese especial asamés.

En el embarcadero empiezan unas empinadas escaleras que te llevan a la entrada del templo donde inevitablemente tienes que descalzarte.  Y como es un sitio pequeño el personal deja el calzado allí mismo  en un lado sin que hayan montado un negocio al respecto.

Y vuelvo a lo de siempre: ¿De verdad fiel hindú te parece que al gran Shiva le importa que te descalces o no?

En este recinto no solo está el templo principal sino una serie de capillas, algunas muy pequeñas,  y en cada una de ellas un sacerdote, o similar, que si te descuidas te pone el punto rojo en la frente y te pide dinero por ello.

Y por supuesto algunos fieles entran, les ponen el puntito, rezan algo y sueltan la pasta.

Una de esas capillas está bajando unas escaleras en un cuevecita y llena de humo.  El cura que está sentado allí debe ser el último de la promoción pues el ambiente es irrespirable.

En el templo principal el personal hace cola para echar un vistazo rápido al dios que mora allí. Bueno, la verdad es que no sé realmente como llevan los hindúes el tema de las representaciones divinas, si son como las de escayola de los cristianos (los grupos que no son iconoclastas, que los hay)   o si son algo más serio como las hostias consagradas de los católicos.

Nosotros nos limitamos  a contemplar el espectáculo y a dar una vuelta por allí. Y a ser fotografiados, algunas veces a escondidas y en otras nos piden educadamente fotografiarse con nosotros y si son jóvenes utilizando el verbo “to selfie”,  que ya descubrí en Bishnupur, Como esta guapa pareja de hermanos.

La vez que estuve solo en  2007 pude pasearme por la isla y ver alguno de aquellos “gold monkeys”, pero ahora han cercado todo y solo puedes moverte por la escalera de acceso al templo así que no puedo comprobar si realmente queda algún ejemplar de langur en la isla.

Regresamos con el barco y buscamos un sitio donde beber algo pues estamos deshidratados

Estos días de Guwahati, como en Calcuta, la temperatura es de 30 y pocos grados pero con una sensación térmica de 30 y muchos. Esto tiene la ventaja de que sudas como un galeote y más con este ambiente tan húmedo,  pero no haces pipí en todo el día.

Así que buscamos un sitio para comprar bebida y damos con una especie de terracita con un par de mesas donde había un grupo de 4 ó 5 jóvenes. Pedimos bebida y preguntamos si se puede comer. Uno de los jóvenes nos ayuda con la camarera y nos dice que solo “fast food”. Vaya, “fast food” significa fideos, arroz y poco más.

Conseguimos que por primera vez nos sirvan un par de platos de arroz que no pican y nos bebemos dos litros de refrescos.

Lo mejor fue cuando le pregunto al joven ayudador que cuanto nos costaría un auto rickshaw para volver al hotel. Nos dice que porqué no utilizamos un medio de transporte en coche que es más barato que el “Uber”.

Dicho y hecho. Nos instaló la aplicación, “OLA”,  y nos llamó a un coche. Lo curioso es que el precio era como la mitad del rickshaw, aunque el  coche era pequeñito, nada que ver con los “uber” de Madrid, por ejemplo.

Claro que puedes elegir en tamaño entre varios, pero el joven no lo dudó ni un momento: “micro”.

Regresamos al hotel y allí empezó la tarde más negra del todo el viaje: no funcionaba el wifi. O la wifi.

Ayer tampoco iba, pero no tuvimos tiempo de notar su ausencia, pero es que esta tarde era esencial para preparar el viaje de los próximos días dado que como no sabíamos  el tiempo que le íbamos a dedicar a Guwahati, ni cuando nos podríamos marchar de aquí por el problema de la venta anticipada de los billetes del tren, no teníamos hotel contratado, ni teníamos la información precisa  para saber los días que le íbamos a dedicar a nuestra próxima etapa.

Y así descubrí una nueva plaga  para los viajeros actúales  a añadir a la recientemente descubierta de la lluvia que te deja bloqueado en Calcuta: la falta de wifi.  Porque si tienes una tarjeta india  de teléfono celular como nosotros puedes realizar  algunas de las tareas necesarias pero no con la facilidad de tener un ordenador con varias ventanas buscando información geográfica, meteorológica y hotelera al mismo tiempo.

Me quejo amargamente en recepción y me dejan conectarme con lo que luego descubrí era una cuenta particular del recepcionista, pero con muchos problemas de conexión.

Fue una tarde frenética que se acabó sin resolver nada  de lo que necesitábamos saber y contratar. Menos mal que el billete de tren lo habíamos contratado de forma presencial ayer, cosa  que no olvidará la joven de la ventanilla en mucho tiempo por lo mal que lo pasó.

Le digo al recepcionista muy enfadado que si mañana no hay wifi que me busquen otro hotel. Me dice que hable con mi agencia de viajes, pero es que lo contraté con Agoda.

Total que me quedo cabreado, pero sin wifi.

Veremos qué pasa mañana, pero esa bravuconada mía de cambiar de hotel la veo poco práctica, además de que hoy el problema de la pestilencia del cuarto de baño se ha solucionado cambiando de habitación.

 

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3 comentarios to “33. India 2019. 11 de octubre, miércoles. Décimo cuarto día de viaje. Guwahati. Día 1. Segunda parte.”

  1. Marisa Says:

    Esto es una prueba de un usuario extraño

  2. Luigi Says:

    y la manía que tienen con que te descalces a todas horas no será por la higiene para que manches lo menos posible sus templos o no los “contamines”?

    aunque ciertamente con la suciedad que tienen en todos los sitios, no le encuentro mucho sentido…

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