7. India 2019. 1 de octubre, martes. Cuarto día de viaje. De Calcuta a Bishnupur. Primera parte.

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Desde la llegada a Calcuta y el comienzo de la “Durga Puja”  teníamos tres días “libres” que pensábamos  aprovechar para ir de excursión a los manglares de Sundarbans   o bien a visitar los templos de Bishnupur.

 

Como sigue la amenaza de algún chaparrón cada día, vaya, más que “amenaza” con un 65% de probabilidades, hemos decidido dejar de lado la selva  para el final de la “Durga Puja” y venir a Bishnupur, desde donde escribo.

Para  no tener la sorpresa de un mal hotel y “diluir”  los resultados he reservado el resto de los días en otro hotel cercano al primero de Calcuta, aunque vista la experiencia este ha estado muy bien y podríamos haber seguido en él (¡y con piscina en la tórrida Calcuta!), pero no puedo cancelar el siguiente porque ya lo he pagado.

Las vistas desde este hotel, incluso desde la terraza donde está la piscina, no son nada interesantes pues hay un gran solar en obras enfrente,  aunque  no muy lejos se ve un edificio singular, por lo menos en este entorno: “La Martiniere”.

Dice de él Wikipedia que es un colegio privado con una parte para chicos y otra para chicas. La que veo es esta última pues el gran letrero del nombre acaba con “for girls” y además hay un grupo de niñas formadas en el patio.  Su nombre viene del que fue el filántropo que la creó en 1836, el general francés Claude Martin, al que califica de “soldier of fortune”, o sea mercenario.

Mi enciclopedia favorita lo clasifica como “polímata”, palabra que me encanta  y que tengo muy pocas posibilidades de utilizar.

Si tengo tiempo al final escribiré algo sobre este interesante personaje.

También según Wikipedia  esta escuela está clasificada como una de las mejores del país entre las “day schools”, o sea sin internado.

NB

Mira el inglés si es eficaz: “day school”, “colegio sin internado” y “school day” “jornada escolar” o “día lectivo”.  Ya ves, en castellano da lo mismo “arroz  con lentejas” que “lentejas con arroz”. Seguro que en inglés han aprovechado para designar dos platos distintos.

Buen desayuno en el hotel con una mezcla de indio y occidental. Lo que no es “occidental”  ha sido la cantidad de camareros, que llegan a atosigarte. Por lo menos a mí no me gusta nada que me sirvan y más aquí que era desayuno de bufet.

¡Si casi ni te dejan coger el sobre de té para ponerlo en la taza de agua caliente!

Claro que quizás a los indios les dicen las diferentes opciones y los camareros les sirven lo que seleccionan.

Pero ha estado muy bien surtido.

La recepción del hotel tiene una decoración especial que hoy están instalando: todo se debe a la festividad de la  Durga Puja.

Como el próximo alojamiento está muy cerca de este vamos a dejar allí todo lo que no necesitemos para el viaje a Bishnupur,   como quedamos ayer con los que nos atendieron.

El recorrido entre los dos hoteles es de unos 10 minutos, pero con la acera impracticable para una bolsa con ruedas, que estreno en este viaje, debo caminar por la calzada entre la marabunta del tráfico de esta ciudad.

Una vez me quedo encajonado entre un coche y la barrera metálica que protege las aceras  con varias motos enfrente de mí. Calcuta no es una ciudad  para los equipajes con ruedas  y menos sin son tipo maleta. No llega al tormento de las playas  indonesias pero casi. Afortunadamente esta bolsa es más manejable que una mulata y salgo airoso del trance.

Ayer me dijeron que en la oficina donde iba a dejar el equipaje estarían a partir  de la 10 de la mañana, llegamos a las 10 y media y no hay nadie. Vaya, hay uno que debe ser como un mozo y aunque logro dejarle la bolsa el portero del complejo no quiere que me vaya hasta que llegue alguien que se haga cargo del bulto. Al final llega un señor muy respetable y respetado por los saludos y reverencia que le hacen y aunque al principio se resiste  al final logro que lo admita y se queda con la bolsa.

En el hotel nos piden un taxi, que ha resultado ser un Uber, para ir  a la estación de Howrah.

Ha tardado unos 40 minutos en llegar al hotel y luego media hora hasta el destino por la densidad del tráfico. O sea que salimos con casi dos horas  de tiempo y llegamos justo para el tren, porque al entrar  en aquella estación te das un golpe con la realidad de Calcuta, y no sé si de toda la India.

¡Cómo puede ser que hace unos días enviaran un cohete a la luna (bien es verdad que con poco éxito) y esta enorme estación parece del siglo XIX, pero venida a menos?

Gente y más gente. Y ni un letrero informativo, o si lo hay no lo hemos visto. Menos mal que nada más entrar me he encontrado con una controladora de billetes (controlaba a algunos de los que salían, pero no a los que entrábamos) y me ha dicho que nuestro tren estaba en el andén 18.

Sorpresa: aquella estación acaba en el andén 12.

Luego encontramos otro letrero que te indica que hay unos andenes anexos del 13 al 16, pero nada  del 18. Y sigues  y sigues  y en una especie de añadido estaba el nuestro.

¡Como para ir allí sin billete  y sacarlo en aquella estación! Que eso fue lo que no dijo ayer la señora de la venta anticipada.

¿Quién dijo que era fácil viajar por la India?

Cuando entramos en nuestro tren una nueva sorpresa: tenemos un billete de clase “CC”, que significa  “Car Chair”, “Vagón con butacas”, y el primer vagón que encontramos de esa clase es de los que muestran los que hacen documentales sobre los viajes por este país y en los que no creo que estén más que los 5 minutos de la grabación. Afortunadamente el nuestro es “CC” pero con “AC” o sea “aire acondicionado”: unas butacas cómodas  en un ambiente que ha hecho abrigarse a Marisa y a Luis. Y el vagón lleno.

Tenemos los tres asientos juntos pero en la fila que divide el vagón en dos, porque en estos no cambian los asientos en función de la marcha, sino que la mitad están hacia un lado y la otra mitad hacia el opuesto. Así tenemos una mesita y a otros tres pasajeros enfrente de nosotros.

Salimos a las 12:50 con un ligero retraso pero llegamos al destino a las 16:16, la hora prevista.

Y hay que estar atento, pues no hay megafonía, ni letreros luminosos, ni apenas se ven los nombres de las estaciones y menos en nuestro caso que la ventana  estaba totalmente empañada entre las dos capas de vidrio.

Durante las 3 horas del recorrido han pasado varios vendedores de té, de agua, de algún tipo de comida (en este tren no hay vagón restaurante), de libros, de pañoletas, un ciego que vendía barritas para quemar y hasta un joven mago que ha hecho media docena de números que me han parecido bastante buenos.  Y también han pasado media docena de policías fuertemente armados.

Cuando hemos bajado al andén hemos coincidido con ellos  y le he preguntado a uno de qué clase eran pues en su hombro una insignia decía  “RPSF”. “Railway Protection Special Force”, me ha contestado con un cierto orgullo. Y esto de “Special Force” me lo ha remarcado el jefe del grupo cuando el joven  guardia me recitaba el significado de las siglas.  Lo que no sé si este tren tenía algún peligro también “special” o es que van así en todos.

Fe de erratas.

Después de publicar las crónicas las vuelvo a leer (¡una vez más!) y vuelvo a encontrar   algún error gramatical o de redacción y lo corrijo, pero en esta ocasión lo describo aquí pues lo ha detectado Marisa y si lo corrijo y alguien lo vuelve a leer creerá que lo había leído mal.

La frase: “Afortunadamente esta bolsa es más manejable que una mulata y salgo airoso del trance”.

Pues sí, nunca he tenido que manejar a una mulata, pero sí muchas maletas.

“Afortunadamente esta bolsa es más manejable que una maleta y salgo airoso del trance”.

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Una respuesta to “7. India 2019. 1 de octubre, martes. Cuarto día de viaje. De Calcuta a Bishnupur. Primera parte.”

  1. Luigi Says:

    madre mía la estación de Calculta!!, jamás había visto nada igual, y como bien dices como para ir sin billete..

    (con lo de la “mulata” te iba a preguntar, porque no recuerdo ninguna en este viaje jejejeje)

    un beso

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