8. India 2019. 1 de octubre, martes. Cuarto día de viaje. De Calcuta a Bishnupur. Segunda parte.

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La estación de Bishnupur  intenta rememorar el antiguo esplendor de esta ciudad. Al repasar un letrero me percato de que está en tres alfabetos y así caigo que uno debe ser hindi y el otro bengalí, y es que estamos en Bengala.

 

Nada más llegar vamos a comprar el billete para regresar a Calcuta y no tener ninguna sorpresa.

Esta estación es pequeña, algo así como una estación de pueblo, pero está en obras y el “ticket counter” está al otro lado de la salida hasta  donde tienes que llegar por unas empinadas escaleras. Y de nuevo pienso en las jóvenes (sobre todo “las”) que llevan maletas de 30 kg y “total como llevan ruedas y voy a coger un taxi al llegar a la estación…”.

Pues ahora te lo digo: no vengas a Bishnupur.

Llegamos al que vende los billetes y después de un buen rato de explicaciones a través de un agujero de unos 7 cm de diámetro en el vidrio me dice que solo vende billetes de los “local trains”, que para Calcuta vuelva mañana a partir de la 8 de la mañana.

Se nos acerca uno y se nos ofrece para llevarnos hasta el hotel en coche y me pide 200 INR.

Salimos del recinto de la estación y un autorickshaw  nos pide 100. Le digo que de acuerdo y casi se cae del asiento porque debe costar la mitad. Es un conductor muy parlanchín e intenta que le contratemos para mañana: a 150 INR la hora.

El hotel una sorpresa: lo están haciendo nuevo.  O eso parece.  La pena es que lo que será un maravilloso jardín donde imagino que podrás tomar el té al atardecer, ahora es una zona de trabajo donde hay gente  intentado embellecer todo aquello.

Nos dan dos habitaciones magníficas y descubrimos (y luego nos lo confirman en la recepción) que las estrenamos nosotros.

El recepcionista nos dice que somos los primeros clientes. No sé si de aquellas habitaciones o de todo el hotel; quizás esto último por ser día primero del mes.

Y eso tiene ventajas, pero los inconvenientes es que salen los problemas y siendo como es este país quiere decir “todos los problemas”.

Así por ejemplo descubro  que la televisión es tan nueva, vaya que está sin estrenar, que no tiene sintonizados los canales, operación en la que fracaso.

Una cama muy grande, pero con la sábana de arriba sin colocar. Recuerdo que en nuestros primeros viajes por este país  debía reclamar una sábana porque nunca la suministraban y al pedirla no me entendían  pues me decían que ya había una, la bajera, y la colcha. Aquí está en la habitación, pero sin poner y así el cliente se la coloca o no. A su gusto. Y más a su gusto: que te suministran dos sabanas de arriba, así uno se la pone o no de forma independiente del otro.

En la recepción nos ofrecen el servicio de un coche que nos llevará mañana a 10 templos en 2 horas por 600 INR. Le explico al conductor que 120 minutos para 10 templos dan como resultado 12 minutos por templo, menos si se tiene en cuenta el transporte de uno a otro. Y lo pienso, pero no se lo digo, que Marisa con 10 minutos no tiene ni para la primera puerta del primer templo.

La guía solo menciona 5 templos importantes, pero obviamente hay más. Así que no cerramos el trato.

Una vez aposentados nos vamos a dar una vuelta por los alrededores del alojamiento.  Hablo con  un conductor  de un rickshaw, un “auto”,   y logro llegar a un acuerdo (sin mucha presión por mi parte) de 400 rupias por 5 horas, de 8 de la mañana a la una del mediodía.

Lo que nos parece la calle principal va desde el “Tourist  Lodge”, donde estamos nosotros, hasta la estación de autobuses. Es una calle sin acera, pero asfaltada como una carretera sin arcén.

El tráfico de motos, bicicletas, motocarros y algún coche es incesante, pero los peatones deambulamos por allí con una cierta comodidad.

No hay apenas farolas, como pasa en muchos pueblos de la India rural, pero la calle está iluminada gracias a las tiendas, o mejor tiendecitas que jalonan todo el recorrido.

Solo vemos un par de restaurantes, pero con 2 ó 3 mesas, y no muy buen aspecto.  Quizás el centro de la ciudad esté en otro sitio, pues tampoco vemos tiendas de alimentación tipo súper, solo algunas carnicerías o mejor pollerías, de esas donde un señor sentado en el suelo corta trozos de pollo  con la ayuda de un gran cuchillo curvo hincado en una base de madera. Bueno, ese instrumento ya lo habíamos visto antes fuera de la India, quizás en Sri Lanka.

Nos encontramos un pandal en construcción y uno de la organización nos permite acceder para verlo pues han  colocado una cancela para evitar el paso de los mirones.

Ha resultado muy interesante y el montaje algo espectacular. Claro que las Fallas de Valencia son más grandes  y no sé si más artísticas, pero esto es un pueblo pequeño y parece que es una cosa bastante vecinal.

La inauguran mañana.

Regresamos al hotel para cenar, pues no hemos encontrado ninguna otra opción y el resultado ha sido bastante satisfactorio.

 

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Una respuesta to “8. India 2019. 1 de octubre, martes. Cuarto día de viaje. De Calcuta a Bishnupur. Segunda parte.”

  1. Luigi Says:

    qué bonitos recuerdos de Bishnupur, sus pandals y alrededores!!

    muy recomendable en todos los sentidos .

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