51. China 2019. 25 de abril, jueves. Vigésimo cuarto día de viaje. De Chongqing a Hangzhou. Primera parte.

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Tenemos el tren a la 11 y diez así que no hemos tenido que levantarnos temprano después de estos días de prisas y madrugones.

Al dejar el alojamiento recordamos la desagradable sorpresa al llegar, a pesar de que la información de la guía ya avisaba que era mucho mejor que lo que podría sugerir  su situación en un 4º piso de un edificio comercial.

Hemos estado bien, pues la habitación, a pesar de su extraña distribución, o quizás por ello, era muy cómoda. La verdad es que no hacemos nada de “vida de hotel”, pero siempre es más agradable estar en un sitio que te guste.

NB

La joven de más arriba no es del hotel, que es del primer día en esta ciudad cuando visitamos Ciqikou.

Hoy la previsión meteorológica es que llegaremos a 33 ºC con un sensación de 38, imagino que por el alto grado de humedad. De todas maneras  hay anunciada una bajada fuerte de temperaturas,  pero eso ya nos cogerá en Hangzhou. Allí también hay  anunciadas lluvias  hoy, pero estaremos en el camino. Hemos tenido una suerte enorme con el tiempo.

Cogemos un taxi y a la estación.  Para obviar problemas la recepcionista a petición mía había escrito en un papel el nombre de la estación de ferrocarril en chino, pero además por si acaso le he enseñado al conductor el billete del tren. Es que eso de no entender nada puede ser un gran problema.

El taxista pone el taxímetro en marcha y hasta esa sencilla operación me sorprende agradablemente. Y es que en la India tenías que luchar para que lo hiciesen en cada ocasión, y si lo hacían, que a veces simplemente preferían perder el cliente que hacerlo, luego intentaban cobrarte de más. Quizás como en España antes, que te cobraban por los bultos que llevabas o por la salida o llegada a determinados  espacios. Y el colmo era en Calcuta que a la tarifa que marcaba tenías que aplicarle una extraña fórmula matemática. Afortunadamente a nosotros nos la proporcionaron en una oficina de turismo, porque era de locos. Imagínate que marcaba 24 y te pedían 78. Un sinsentido, pero claro, era más fácil cambiar la fórmula que los taxímetros.  Hace años que no estamos allí e imagino que los habrán modificado.

Todos los taxis son amarillos y de la marca Suzuki. También me fijo en las matrículas y apenas hay alguna con un cuatro y es que es un número nefasto para los chinos.

Me percato de que aquí a diferencia de Shanghái  hay muy pocas motos  y no son eléctricas.

Llegamos a la enorme plaza delante de la estación, el taxímetro marca 28¥, le doy 30 y cuando me iba me llama el conductor y me da los 2 del cambio. Da gusto.

Como no cojo taxis no conozco las costumbres del gremio y aquí en cuanto pagas sale pitando. Así nos pasó al llegar que arrancó y se marchaba con las dos maletas y tuve que dar un golpe para que parase. Hoy Marisa más precavida me dice que saque las maletas antes de pagar, pues ellos nunca se bajan del coche para ayudarte. Así que saco las maletas, pago y arranca.  “¡Las mochilas, que se lleva las mochilas”. Y es que estas iban con nosotros, pues el maletero era enano quizás debido a que están arreglados para algún carburante no convencional.

Por si vienes:  los taxis te paran en un extremo de la plaza, lejos de la entrada, por lo menos el nuestro, así que mejor que vayas ligero de equipaje.

Al entrar se nos acercan rápidamente unos mozos de cuerda que se prestan a llevarnos el equipaje hasta la puerta de acceso. Lo curioso es que llevan una camisa roja como sus homólogos de la India. ¿Será el uniforme un estándar mundial?

La verdad es que así vestidos se les ve enseguida.

Pasamos el consabido control de equipajes y de identificación personal y ya estamos de nuevo en una sala enorme de salidas.

Y como en casi todos los sitios así hay una hermosa fuente con agua potable y con agua caliente paras los tés y las sopas. ¡Qué gran invento!

Recorremos las distintas tiendas buscando algo de comida para el viaje, aunque ayer noche ya compramos algo.

En esta gran sala de espera para las salidas además de los habituales asientos hay también una serie de sillones de masajes que funcionan  con monedas o con el teléfono y el personal también los utiliza para descansar, en algunos casos totalmente derrotados como la florida joven de la fotografía.

En los trenes venden unas estupendas y generalmente picantes bandejas de comida, pero después de la última experiencia con la bandeja de cuellos de pato no queremos correr más riesgos.  Así que a la comida comprada ayer noche le añadimos cuatro bebidas de café y té, además del agua de la que vamos bien provistos.  Y es que el agua, junto con el papel higiénico son las dos cosas más importantes para un viaje, al mismo nivel que el dinero y por encima de las tarjetas de crédito, como se ha demostrado en este.

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