45. China 2019. 22 de abril, lunes. Vigésimo primer día de viaje. Crucero por el Yangtsé. Día 5. Chongqing. Día 1. Tercera parte.

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Llegamos al hotel y cuando subimos a la habitación (hay que subir un piso más todavía y te recuerdo que la recepción está en el 4º) nos sorprende: es espaciosa, tiene un enorme ventanal de un lado al otro, con mesa y una especie de sofá, una gran cama y lo más curioso es que el cuarto de baño la hace parecer todavía mayor: está situado al lado de la puerta de la habitación y tiene las paredes de vidrio. Es muy poco íntimo, pero la habitación parece mucho más grande: más  de los 28 m² que realmente tiene.

En la recepción ahora sí hay un par de chicas  que hablan inglés y aprovechamos para contratar mañana una excursión a Dazu. El único problema es que sale a las 7 y cuarto, pero ya llevamos unos días de madrugón y uno más no será nada.

En nuestro plan original lo previsto acababa en esta ciudad  dentro de dos días y nos quedaba un colchón para regresar Shanghái y así acabar nuestro viaje, pero no teníamos claro adonde ir, aunque Paco Nadal cuando le hicimos la consulta en la SER me sugirió que ya que estábamos en Chongqing nos fuésemos  al cercano Yunnan, que a él le gustaba mucho.

Bueno, cerca, cerca, no está y además para regresar desde allí a Shanghái necesitamos hacerlo en avión  o más de un día en tren. Además están todos los problemas de comunicación que nos hemos encontrado a lo largo del viaje y que no tenía muy estudiados otros trayectos alternativos, excepto uno que ahora con la experiencia de estos días ya veo que no sería fácil, así que hemos decidido volver a Shanghái haciendo escala en nuestro querido Hangzhou, así que reservo el mismo hotel cuando estuvimos allí, pues aunque algo descentrado está al lado del metro y del ferrocarril y ya le hemos cogido el tino para movernos desde allí.

El siguiente paso es sacar el billete de tren para Hangzhou y además conoceremos la estación para el día que nos vayamos. Esta vez hemos tenido que cambiar tres veces de línea para llegar hasta allí así que es fácil pero no viable el metro para ese día con el equipaje.

La estación debe estar recién inaugurada y tiene delante de ella una plaza descomunal. Y la estación también es enorme.

Llegamos a la ventanilla de venta de billetes, hacemos la consabida cola y cuando nos toca resulta que debe ser solamente para los billetes con salida el mismo día, que la venta anticipada está en otro sitio. Ventajas de no poder leer las informaciones de los letreros. Que en España tampoco está  en chino.

Damos con el lugar, nueva cola y cuando nos toca la señorita pone un letrero y se levanta. Imagino que pone “vuelvo enseguida”, porque los demás  que están detrás de mí no se mueve ninguno.

Pues no, que decía “ventanilla cerrada”, cosa que descubrí porque un capullo de otra fila señaló el letrero y se echó a reír de nosotros. Esto pasa en el salvaje oeste y le pego dos tiros en las orejas. Para borrarle la risa.

Me cambio a otra ventanilla y cuando al final me toca le doy un papel donde solo tengo escrito en mayúsculas la estación de origen, la de destino, el día y la hora. Pues aquello le parecía sánscrito a aquella joven, que además era la misma que me había dejado colgado en la otra ventanilla.

Llama a un compañero y parece que este lo entiende. Como te muestran en una pantalla los diferentes trenes le señalo el de las 11:10, e intento decirle que un asiento de ventanilla. No hay manera.

Un joven de otra fila intenta ayudarme pues parece saber inglés, pero no ha debido llegar a la “w” y no conoce la palabra “window”. Al final lo consigo. La perseverancia casi siempre tiene premio.

En la plaza delante de la fachada de la estación un grupo de una docena de señoras posa para fotografiarse.

Estas situaciones siempre me resultan divertidas  pues no lo hacen en grupo como nosotros sino perfectamente ordenadas.

Ya tenemos solucionada la próxima etapa que además debería ser muy fácil pues conocemos la ciudad.

Vuelta con el metro al hotel. Allí cerca descubrimos una calle de esas de “Night Market”, llena de restaurantes y puestos callejeros. Damos una vuelta pero imposible comer nada y es que pica hasta el aire que respiramos.

Al lado del hotel y junto a la mezquita hay un restaurante y un camarero habla algo de inglés: él no es musulmán pero si el restaurante así que nada de cerdo, pero si de cordero. Y además nos asegura que no será picante: un plato de pasta para mí y uno de cordero para Marisa y como aperitivo un plato de berenjenas. Todo muy bueno excepto que se olvidó del plato de cordero y Marisa no quería comer muchas berenjenas por si no podía con todo.  Así que cena a medias.

En todas las mesas el típico “hot pot” que Marisa estaba muy interesada en comer pero que no nos hemos atrevido.

Al llegar  al hotel nos dicen  el número del autobús de la excursión de mañana, que siempre es el número de matrícula y el lugar donde cogerlo. Porque resulta que no te vienen  a buscar, como creíamos, sino  que hay un punto de recogida. Me aseguran que está muy cerca  y es muy fácil, pero duermo muy intranquilo. Encima llaman por el teléfono de Marisa a las 2 de la mañana y yo creyendo que es el despertador me levanto y me voy a lavabo. Marisa me da un medio grito:  “¿Dónde vas?”. “A afeitarme”.  “¿A afeitarte a las dos de la mañana?”.

Total que he dormido regular.

PS

En el hotel he preguntado si tenían un plano de la zona, como por ejemplo tienen en el de Hong Kong. Pues no, nada, pero en una pared tienen unas largas tiras de papel con consejos tipo “¿Dónde está el supermercado más próximo?” o “¿Cómo ir a la estación de ferrocarril?”

Y están en inglés y chino, pues la guía decía que este alojamiento les gusta mucho a los jóvenes turistas chinos. Desde luego tienen una gran zona en recepción donde poder “socializar” con los otros huéspedes pero nosotros no lo utilizamos. Siempre “socializamos” el uno con el otro.

Esta información de las tiras de papel nos permite ir a un cercano súper y comprar el desayuno para mañana. Me sorprende el precio de los nísperos: 40¥ el kilo. Aquí a la fruta le suelen poner el precio por el medio kilo. Extraña medida.

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