
A bordo de un Airbus A-320 de Iberia sobrevolando el Mediterráneo.
Todo nublado y es que hemos salido de Atenas lloviendo ligeramente. Hasta en eso hemos tenido suerte: nos ha hecho un tiempo magnífico y hoy era el primer día que había anunciada lluvia, aunque solo ha empezado justo al despegar.
Y la última foto del viaje ha sido una bonita y neblinosa puesta de sol desde el avión.
Esta mañana era un poco rara para nuestra vida de turistas, pues la salida del apartamento era a las 11 de la mañana y teníamos previsto coger el metro a esa hora.
Ayer fuimos a ver el horario del metro en la cercana estación de Monastiraki de la línea del aeropuerto pues pasa cada 36 minutos y así parece que tienes mucho tiempo, pero realmente no tienes nada.
De todas maneras, aprovechamos para dar la última vuelta por la próxima plaza de Monastiraki y vemos una vez más a lo lejos la Acrópolis y delante, aquí cerca, una mezquita con una gran bandera de Grecia. Imagino que los musulmanes griegos no quieren ser confundidos con los turcos, aunque aquí la bandera del país, como la foto del Dalai Lama entre los tibetanos, es omnipresente.
Y estos días quizás por pasar por aquí de noche no nos habíamos dado cuenta del encanto de esta plaza, su adoquinado de colores, las gentes que pasan y las que están sentadas en sus bancos…
Y así nuestra última visita turística a la calle Ifestou, a la que llaman el “Flea Market of Athens”, vaya, “el Rastro”.
El comienzo es de tiendas de turistas con muchos “a 1 €” y también de ropa militar quizás de segunda mano y alguna con libros a rebosar y al final un verdadero rastro. No nos ha dado mucho tiempo así que lo dejaremos para la próxima visita.
La calle acaba en un gran solar con ruinas arqueológicas. Y es que aquí debe ser como en Roma que en cuanto hacen un agujero en el suelo aparece algo interesante.
Como el avión sale a las 15:55 y los aeropuertos son como restaurantes de 3 estrellas Michelin, por el precio, con productos de hamburgueserías de franquicias, nos compramos por la plaza Monastiraki unos bocadillos.
Efectivamente compruebo luego que el precio de los mismos es más del doble y que el café cuesta tanto como el de ayer en el museo de la Acrópolis, pero en vaso de papel y con vistas a… pues a otro viajero que está a un metro de ti.
El metro no te deja dentro de la terminal como en la T4 de Madrid, por ejemplo, pero solo tienes que andar unos 100 metros para llegar a ella.
Esperando que abran los mostradores de facturación nos sentamos al lado de una niña china y de su abuela. Vaya, la niña la supongo china por sus ojos, pero no veo los de su abuela pues lleva unas gafas de sol oscuras y no parece del todo muy china.
La abuela ha hecho levantar a la niña para que pueda sentarme yo y aprovecho para preguntarle y así mostrar mi conocimiento de la China y decirle que he estado en Hong Kong, en Shanghái, en…
Pues no, que son kazajos y viene de un crucero.
¡Jodo con lo kazajos!
Charlamos y me encanta hacerlo con gente que habla el inglés todavía peor que yo. Al final, como es obligatorio, saca su teléfono y me enseña la foto de su familia al completo, aunque faltaba una hija.
Te aseguro que tienen una casa estupenda, por lo menos la sala de estar, que no era plan pedirle que me enseñase también la cocina y los dormitorios.
Cuando se levanta y se va la kazaja se sienta una señora de Ávila también de la tercera edad.
Lleva un maletón que no te lo imaginas.
Me cuenta que cuando llegaron a Atenas había huelga de taxistas y tuvieron que coger un autobús y los problemas de moverse con esa enorme maleta, pero me da la impresión que está tan contenta con ella que no la cambiaría por una pequeña y manejable como la nuestra. Creo que incluso me ha mirado con un poco de conmiseración como pensando que “este pobre abuelo debe andar jodido de pensión para viajar con tan poco equipaje”.
Y así me percato de que en todo nuestro viaje por Grecia no hemos cogido ningún taxi.
Encontrarte a una abuela de Avila parece menos excéntrico que hacerlo con una kazaja, pero para compensar la abulense tiene un hijo que es entrenador en Tailandia. Dada mi incultura deportiva no me he atrevido a preguntarle quien era pues quizás era alguien famoso y yo quedaba fatal al no conocerlo y la pobre madre frustrada al encontrar a uno que no sabía quién era el famoso de su hijo. Aunque pensándolo bien quizás se haya quedado frustrada también por no mostrar yo interés en su vástago.
Pues mira que hay gente rara por el mundo: ¡entrenador en Tailandia!
Bueno yo al que he conocido con profesión más rara en el mundo fue en un viaje del IMSERSO: uno que tenía el oficio que era único en todo Madrid, el que lleva las llaves de la plaza en las corridas de toros, creo que se llamaba “chulo de toriles”.
¡Eso sí que es español y no entrenador en Tailandia!
Cuando estamos esperando para el embarque vemos pasar a una señora igualita, igualita que nuestra amiga Carmen, que si no hubiese sido por la sorpresa y porque no ha parado le hubiese hecho una foto. Y Marisa me ha confirmado mi apreciación: el mismo corte de pelo, el mismo color, los mismos andares y encima llevaba colgadas dos mochilas como nuestra amiga cuando íbamos a Gredos.
En la cola de facturación hablo una vez más con dos señoras mayores argentinas que iban con un nieto y que venían de un congreso en Creta. El nombre del congreso tenía una palabra que me hecho pensar en algo de tipo espiritual moderno, pero no he querido indagar para no herir susceptibilidades. Sí se han quejado de que el congreso era en un hotel de “todo incluido” y que no han visitado nada.
Me hubiese gustado saber que pintaba un niño en un sitio así, a no ser que fuese algo de tipo secta y ya iban moldeando la mente del pobre infante.
En la cola del embarque otra charla, esta con un joven que me hablaba en inglés hasta que hemos descubierto que los dos éramos españoles, él de Mallorca.
Para acabar, estamos sentados en una fila de 3+3 y mi compañera es una joven mejicana que viaja con su marido.
Estos intercambios de opiniones sobre Grecia y Turquía son muy interesantes en los viajes: kazajos, abulenses, argentinos, mallorquines, mejicanos…
En la T4 nuestras maletas salen las últimas, como casi siempre, y nuestro hijo Luis nos espera.
Ya se acabó de verdad el viaje.
PS
En la terminal de Madrid veo a las abuelitas argentinas y les pregunto por el nombre del congreso al que asistieron en Creta: “IGA”.
Al escribir esto en casa lo busco en la web y es del “Instituto Gnóstico de Antropología”.
En su web encuentro esta declaración: “El IGA está formado por gentes revolucionarias, rebeldes, dispuestas, en verdad a seguir por la Senda Vertical, por la Senda de las Transformaciones, por el Camino que nos ha de conducir a la Liberación”.
¡Casi nada!
NB
La biografía de los dos fundadores de este grupo acaba con un verbo nuevo para mí: “desencarnarse”.
Lo busco en la RAE y resulta que sí existe en castellano, pero con unos significados que no corresponden con el que los seguidores del IGA pretenden:
- Perder la afición a algo, desprenderse de ello.
- Cineg. Quitar a los perros el cebo de las reses muertas, para que no se encarnicen.
Y es curioso que el fundador de este instituto aparece con el nombre de Samael Aun Weor, con lo que no tienes ni idea de su origen, pero en Wikipedia dice que nació como Víctor Manuel Gómez Rodríguez que debe ser como las monjas que cuando profesan se cambian de nombre y esto que se llama “nombre de religión” era antes del Vaticano II una práctica obligatoria y ahora no, pero no sé si los seguirán haciendo, pues imagino que alguna preferirá llamarse “Sor del Amor Hermoso” en lugar de “Regla”, por la famosa Virgen de la Regla.
Vaya, esto no es exclusivo de la religión católica y sus monjitas que en la literatura existe, o existía, el “nom de plume”, que parece más elegante, pero era lo mismo, un seudónimo.
Etiquetas: 2025, Acrópolis, Atenas, China, Dalai Lama, DRAE, Grecia, Iberia, IMSERSO, Madrid, Plaza Monastiraki, T4





Deja un comentario