
Ha resultado ser un viaje muy interesante y sin ningún problema importante, aunque mi fuerte resfriado y el dolor de garganta de Marisa nos hayan “molestado” un poco.
Estambul sigue siendo fascinante y a la que hay que volver de vez en cuando, aunque la presión turística sobre la ciudad y la presión de la ciudad sobre los turistas hace que a veces sea un tanto frustrante, sobre todo si como es nuestro caso la conoces desde hace años.
La convivencia familiar en esa ciudad también estuvo dentro de la normalidad, lo que se agradece pues a veces en los viajes surgen situaciones que no son habituales en el devenir diario.
O sea, para repetir de nuevo.
El recorrido por las islas ha sido muy interesante, aunque el comienzo en Rodas fuera decepcionante por esa misma situación que en Estambul: de los turistas sobre la ciudad y de la ciudad sobre los turistas.
En cuanto dejamos Rodas encontramos la Grecia que esperábamos encontrar: islas tranquilas, algunas muy tranquilas como Agatonisi, y griegos bebiendo café en las terrazas. Claro que estábamos fuera de la temporada turística y en esos lugares como Tilos o Agia Marina no sé cómo serán en pleno verano, pero ahora una maravilla.
El recorrido a pesar de ir organizándolo “a golpe de ferri” nos ha salido bien y no hay ninguna isla que nos hubiésemos saltado, al revés, en lugar de las dos noches habituales quizás hubiésemos estado tres.
Los viajes en ferri también han sido formidables, quizás con la excepción del último, el de Patmos a Atenas, que no estuvo mal del todo, pero no fue una maravilla. La próxima vez lo haremos en cabina si logramos los billetes para una de ellas.
Y finalmente Atenas: no tenía una idea preconcebida sobre la ciudad de manera que me ha gustado mucho, pero también me ha decepcionado.
Me ha gustado el ambiente callejero tan vivo, los pocos monumentos que he visto, aunque la Acrópolis cuente como “muchos”, el único museo, nosotros que somos tan amantes de ellos…
No me ha gustado el ambiente tan decrépito de sus calles, sus aceras que hacían difícil el caminar cuando no íbamos por calles peatonales, las pintadas mil…
Mención especial para las pequeñas iglesias y capillas que hemos visitado en las islas, que aunque no fuesen espectaculares desde el punto de vista artístico (nada del síndrome de Stendhal), sí lo eran por su ambiente auténtico.
La gente: no hemos interactuado mucho con griegos, pero con los que lo hemos hecho el resultado ha sido bueno.
Y finalmente el encuentro clave con Miquel: es de esas cosas que te pasan una vez en la vida y que nos ha pasado en este viaje, en Tilos y luego en Leros.
No es fácil encontrarse con alguien así, vaya, más que “no es fácil”, es más bien ”muy difícil”.
¿Con cuántos navegantes solitarios te has encontrado en tu vida y que además fuese amable, cercano, encantador…?
Seguro que con ninguno.
Pues nosotros con uno.
Y encima su “desgracia”, la del rayo que le cayó en su velero, hizo que compartiésemos más tiempo con él.
Vaya, no me alegro de su desgracia, que podría haber sido una tragedia, hasta costarle la vida, pero sí que esa circunstancia hizo que volviéramos a vernos en Tilos y luego en Lakki y visitar la maravilla de la iglesia de San Isidoro.
Y una última reflexión: Grecia ha entrado en Europa, pero Europa no ha entrado en Grecia, por lo menos hasta ahora.
Desiderátum: volver a leer los “Mitos griegos” de Robert Graves.
(Por si no eres un usuario de bibliotecas públicas: “desiderátum” son unos papelitos que tienen para que pidas un libro que no está en su catálogo. A veces te hacen caso y otras no).
Y acabaré estos días que siguen con unos “finales”. Como siempre.
Etiquetas: 2025, Acrópolis, Agatonisi, Agia Marina, Atenas, Estambul, Grecia, Lakki, Leros, Patmos, Rodas, Tilos, Turquía








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