
Habíamos contratado para hoy una excusión por el centro de la isla con una agencia que nos recomendaron en turismo, pues no es posible acceder a esos sitios con el transporte público.
Nos recogen a las 9 en la puerta de un hotel cercano y como somos los últimos de la recogida solo queda la última fila del microbús de 19 plazas. Por lo menos iremos anchos en esa fila de 4; las otras son de 2+1.
Error, no somos los últimos, que somos los penúltimos, así que entra una pareja más joven y casi obesa (y no digo “obesa”, eufemismo de “gorda”, porque tengo un par de amigas “no obesas” que se molestan por esa citación). O sea, que de comodidad nada.
A mitad de viaje les pregunto por su origen y me dicen que “London”, pero tienen pinta de ser indostánicos. Así que en una parada “atrapaturistas” donde nos ofrecen vino ellos lo rechazan: “¿Sois musulmanes?”. Pues sí y ahora ya les pregunto por su verdadero origen y resultan ser paquistaníes, aunque al final del viaje, en la última parada que era una playa, ellos se quedan para bañarse y ella se pone un traje de baño como los que utilizaba mi madre en los años 50. Vaya, aquí no hay toples, pero tampoco ninguna bañista con un modelo semejante.
La guía de la excursión habla un inglés de esos que se les entiende todo, la pena es que yo no oigo muy bien lo que dice y además a lo largo de la excursión doy unas cuantas cabezadas y me pierdo parte del relato.
La primera parada es la acrópolis de Kamira.
Esta ciudad fue una de las tres que junto con Ialisos y Lindos formaron la ciudad de Rodas.
Es un lugar muy interesante, pero a mí estas ruinas no me vuelven loco.
Busco información en Wikipedia sobre esta ciudad y el resultado es sorprendente: “Alfredo está impresionado con el trabajo de física realizado por Kamira, una alumna gitana de su clase”.
NB
El problema era el nombre: “Cámiros” o “Kámiros” y no “Kamira”.
Igual que Lindos aparece en la Ilíada de Homero.
Allí un café con leche en una humilde cafetería 4,5 €. Un atraco. Menos mal que los abuelitos europeos pagamos la mitad de la entrada.
Luego vamos al castillo de Kritinia. Está situado en un lugar precioso, aunque apenas queda nada de él. Realmente el nombre es el del pueblo, pues el castillo se llama Kastellos y aquí a diferencia del de Lindos no está sobre una acrópolis anterior, sino que fue una fortaleza medieval construida en el siglo XV por los Caballeros de San Juan.
Lo mejor la vista sobre el del mar Egeo.
Encima de una ventana hay un blasón de piedra del que la búsqueda de la IA me da la siguiente descripción: “La imagen muestra un escudo de armas tallado en piedra incrustado en un muro de mampostería antiguo. Este blasón específico se encuentra en la fachada de la Casa de la Cadena de Ciudad Rodrigo, Salamanca”.
Y añade: “A la derecha del escudo, crece vegetación, lo que añade contexto natural al entorno histórico”.
O sea que “cágate lorito”, expresión que debe haber pasado de moda, pero que utilizábamos frecuentemente en mi juventud para expresar asombro.
La tercera parada es la del «atrapaturistas» que he mencionado antes. Lo presentan en el folleto, o eso entendí yo, como un pueblo donde hay bodegas y donde hacen vino y aceite.
La verdad es que te llevan a una tienda muy bien surtida donde te dan a probar vino, miel y aceite. Y claro, el personal pica y quien más, quien menos, sale con un surtido en una bolsa. Los precios altísimos.
Ya estamos en el centro de la isla y todavía nos adentramos más por una estrecha carretera hasta llegar al lugar llamado “Profitis Ilias” o sea “Profeta Elías”.
Hay una pequeña iglesia con un letrero que te advierte que cierres la puerta para evitar que entren las cabras.
En un atril delante del altar hay un escrito que fotografío con ánimo leer luego lo que pone echando manos de Google, pues parece muy interesante, pero todo es muy confuso pues una vez me dice algo así como “más aún que te bauticen en una perrera” y otra “en un pesebre”, que no parecen sitios muy adecuados para ese sacramento.
Gracias a otro letrero y al traductor de Google me entero que se llama “Santo Monasterio del Profeta Elías de Salakou”.




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