
Lindos.
Fue una ciudad tan importante en la antigüedad que, según Homero, junto a Ialisos y Cámiros, participó en la guerra de Troya. Y estas tres ciudades fundaron la ciudad de Rodas.
También fue el lugar de nacimiento de Cleóbulo de Lindos, uno de los siete sabios de Grecia. De estos seguro que te suena Tales de Mileto, por lo menos, pues todos estudiamos en nuestra tierna infancia su “teorema”, y quizás incluso Solón de Atenas. Con estos tres ya estás aprobado en “Sabiología de Grecia”.
Y una información para nota: Solón huyó de Atenas cuando Pisistrato se convirtió en tirano de esa ciudad y Cleóbulo lo invitó a vivir en Lindos.
Pues resulta que es una “fake news” y eso que estamos hablando del siglo VI AEC.
Lo más importante de Lindos es su acrópolis que fue una fortificación de los griegos, después de los romanos, de los bizantinos, de los hospitalarios y finalmente de los otomanos.
Y por estar situada donde está situada es muy importante en la mitología griega: parece que Heracles, Hércules para los romanos, estuvo aquí, pero en plan cabrón, nada de ayudar al personal si no todo lo contrario, por lo que en lugar de bendecirlo se le maldecía.
También se afirmaba que había andado por allí, vaya, que la había fundado Lindo, un hijo de Cércafo quien era un helíada, que como intuís por su nombre era hijo del dios del sol, Helios, y de una ninfa. Te adelanto que la historia de este Cércafo da para una novela entera.
¿Qué encontramos en la acrópolis?
Pues antes de empezar la subida lo que hay son burritos para que los turistas no padezcan con el esfuerzo y con unos burreros que parecen sacados de una película, vaya, de una película de griegos.
Por cierto, que hay controversia sobre la utilización de este medio de transporte, incluso una entrada en una web con el título de “The tragedy of the Lindos donkeys”.
Así que mejor que subas andando.
Y también durante la subida una vista sobre los barcos que están amarrados y que te dan idea de la cantidad de turistas que han llegado aquí por ese medio.
Antes de entrar en la acrópolis, en las escaleras que conducen a ella, un bajorrelieve muy importante de un trirreme, del mismo escultor que también talló la Victoria de Samotracia nada menos.
NB
Al escribir “trirreme”, cosa que hago una vez cada 27 años, o más, me surge la duda si es “un” o “una”: es de “género ambiguo”, como “mar”, “color” o “linde” (por si tienes que escribir esta palabra).
Dentro del recinto quizás lo más notable es el templo de Atenea Lindia, que como su nombre indica estaba dedicado al culto de Atenea, aunque se cree que reemplazó a otra deidad desconocida. Y, como siempre ocurre, después en una cuevecita que hay debajo se empleó para el culto a la “Panagia Spiliotissa”, “Virgen de la Cueva”. Vaya, el reciclaje religioso de toda la vida.
Algunos turistas, cansados de tanta piedra y con el maravilloso mar debajo prefieren la contemplación de este último.
Aunque algunas no se han enterado de las posibilidades de las cámaras de los teléfonos y siguen con las tabletas como si fuesen las tablas de ley de Moisés mostrándoselas a los hijos de Israel.
Finalmente, entre otras muchas otras ruinas, quedan las de la iglesia bizantina de San Juan, del siglo XIII o XIV.
En esta iglesia me sorprende en su construcción ladrillos de color rojo como elementos de relleno. Ya lo he escrito en alguna otra ocasión que siempre se debería viajar acompañado de un arquitecto y así nos podría explicar la razón de esos aditamentos, si eran pura decoración o tenían alguna función estructural. ¡Cuántos enigmas!
¡Más enigmas!
Al salir del recinto amurallado una ventana con un precioso trabajo en piedra encima de ella con dos escudos, que tras una búsqueda con la IA dice que es “un detalle arquitectónico de la Puerta de Santa Catalina en las fortificaciones medievales de Rodas” y que “fue construida en 1478 por el Gran Maestre Pierre de Aubusson”.
Menos mal que luego añade que “Las respuestas de la IA pueden contener errores”.
También una web rusa dice que son “Гербы и символы рыцарей Ордена Госпитальеров”, “Escudos y símbolos de los Caballeros de la Orden de los Hospitalarios”, (¡gracias Google por el traductor!).
Lo raro es que los otomanos no la “convirtiesen” a su arte, como hicieron con la iglesia que fue transformada en mezquita.
En la carretera, en la parada del autobús donde también aparcan los coches que van a visitar Lindos hay una tienda tipo “atrapaturistas”, de productos típicos de la zona muy bien montada y con precios acordes a ese “montaje” dedicado especialmente al aceite.
Así venden las esteras de esparto que se utilizaba antes en las prensas de las almazaras y que nosotros hemos utilizado muchos años como felpudos de la puerta de entrada de casa.
Los precios del aceite quizás les parezcan normales a nórdicos y otros habitantes de lugares donde este elemento es como el “soma” de la novela de Aldous Huxley, “Un mundo feliz”, o como el maná del Éxodo.
Así el “Archangelos original extra virgin olive oil cooking salad bread” a 30€ el litro.
Solo falta que no lo factures al regresar a tu país y te lo tengas que beber en el control de pasajeros.
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