18. Grecia 2025. 16 de octubre de 2025, jueves. Décimo día de viaje. Rodas, día 3. Primera parte.

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Y de nuevo otra desilusión, como la de Rodas, aunque era una “desilusión anunciada” como la muerte de “Crónica de una muerte anunciada” cuyo comienzo sigo considerándolo como el mejor de cualquier libro que haya leído, quizás solo comparable con el Génesis y su “En el principio creó Dios los cielos y la tierra».

Tengo un fuerte resfriado, pero la vida del turista no se puede parar por ello y vamos a la cercana estación de autobús para coger uno para Lindos.

Son algo más de 50 km y cuesta 5,5 €, que sin ser barato ya tiene un precio normal, una cosa rara porque aquí todo es más caro.

Una característica de este trayecto es que a pesar de los pocos kilómetros tarde una hora y media, pero es que hay 44 paradas posibles y aunque no lo hace en todas por falta de pasajeros, sí para en bastantes.

La mayoría del pasaje somos jubilados extranjeros, aunque me sorprende la cantidad de parejas jóvenes con niños pequeños.

El acceso a la ciudad está prohibida a los coches y así el autobús te deja en la carretera desde donde una pronunciada cuesta abajo, que luego habrá que subirla, te conduce hasta la plaza de entrada a la población.

2025. Grecia.

Antes de llegar vemos una serpenteante fila de turistas que suben hacia la acrópolis, lo que me recuerda las fotos de las colas para subir al Everest.

Entramos en el pueblo y tenemos la misma impresión que en Rodas: sería precioso si no hubiese tiendas, pero aquellas callejuelas estrechas todas pintadas de blanco tienen una al lado de otra, solo rota la sucesión por un restaurante o una cafetería.

Y en una de ellas, recomendada por la guía, hemos tomado un café con leche: 4,5€ cada uno. Pero aunque era un establecimiento con una cierta gracia, no era en absoluto lujoso.

Pasamos por delante de la iglesia del pueblo y de nuevo la sorpresa del “abuso turístico”: 5€ por visitarla. Y eso que es una iglesia minúscula y sin importancia. Pero estamos en Lindos.

Tras la breve parada nos incorporamos a la cola que sube a la acrópolis. Es una subida muy empinada, pero la lentitud de la ascensión hace que sea suave.

2025. Grecia.

Y ahora una sorpresa agradable: de nuevo la mitad de precio de la entrada por ser mayores y europeos. Pero me sigue pareciendo carísima: la nuestra 10 € por cabeza, que la “general” es 20 €.

2025. Grecia.

De la acrópolis original apenas queda nada, pero han aprovechado cualquier resto pequeño para levantar algunas columnas, aunque lo que de verdad merece la pena es su situación que permite ver todo el contorno que es precioso.

2025. Grecia. Rodas.

Así ves el pueblo desde arriba sin pensar que las calles estaban repletas de gente mirando baratijas y comprando recuerdos turísticos.

De ahí la pregunta: ¿merece la pena subir a la acrópolis? Pues sí, aunque yo no volvería a Lindos.

Charlo con un grupo de turistas mejicanos y les pregunto por su viaje, pues siempre me interesan las experiencias de otros viajeros: hacen un recorrido de 22 días por Turquía, Grecia y Egipto. Aquí están en un crucero que ha salido de una ciudad turca.

El precio: 3.500$, lo que me parece muy barato pensando en que salían de Méjico, aunque me dicen que hay muchas visitas opcionales que no están incluidas.

Comemos en un restaurante que está en la entrada de la población con una bonita vista de la bahía.

2025. Grecia.

Con un autobús regresamos a la carretera y desde allí con uno como el de la mañana y sus 44 paradas regresamos a Rodas.

Allí una vuelta por el puerto deportivo en la zona donde hay tres magníficos y fotogénicos molinos de viento y llegamos hasta la “cierva”, Elfi, una pequeña estatua donde los más imaginativos situaban una de las piernas del famoso coloso.

En el recorrido por el muelle un montón de gatos que me recuerdan el cariño con el que los estambulitas cuidan a esos animales. Aquí hasta hay una especie de refugio de un sin techo pero para los gatos y encima con un cepillo para las donaciones para su alimentación.

Volvemos al hotel atravesando de nuevo la ciudad vieja y aunque empiezan a cerrar algunas tiendas es una pena: si dejasen el casco antiguo sin coches (no los hay, pero los había) y sin tiendas sería uno de los lugares más interesantes del Mediterráneo, pero así…

Pero ¿podrían el barrio gótico de Barcelona y las Ramblas volver a los años 60 (cuando vivíamos allí)? Pues eso: no tiene solución.

Y con una infusión en el patio del hotel acabo el día escribiendo este diario.

Mañana una excursión por el interior de la isla; veremos cómo funciona.

PS

En el paseo por el puerto compruebo que algunos de los enormes yates tienen nombres españoles, aunque ninguno lo era. ¿Por qué les sonará bien a esos millonarios palabras como “La Vida”, “Alma libre”, “La perla”…?

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