60. India 2019. 21 de octubre, lunes. Vigésimo cuarto día de viaje. De Majuli a Jorhat.

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¡Qué suerte hemos tenido!

Ya lo decía Tucídides: “Los dioses favorecen a los que se lo merecen”.

Y si no lo dijo, lo podía haber dicho.

Porque esta mañana nos hemos despertado con una fuerte lluvia.

 

Hoy teníamos previsto seguir con la vida  del turista en Majuli, visitando alguna satra más o paseando por los caminos y coger el ferry tarde para Jorhat, nuestra siguiente y necesaria etapa, donde no parecía  que tuviese mucho que ver, pero la lluvia, el gran enemigo del turista en general, y en Calcuta en particular, nos ha hecho cambiar los planes.

Pero seguimos pensando en la gran suerte de que la lluvia haya aparecido hoy y no estos días pasados. Porque, ¿te imaginas andando descalzo por una satra? Pues no se trata de un templo donde dejas tus zapatos en la entrada, que son grandes recintos donde debes descalzarte antes de entrar allí.

Ayer leí en el teléfono de Marisa parte de mi anterior viaje a Majuli y entonces había llovido y estaba todo embarrado. Pero en esta ocasión la lluvia nos ha perdonado, hasta hoy.

Desayunamos, pagamos y nos despedimos del dueño del establecimiento al que conocimos ayer y también de Monjit, el manager, que tanto nos ha ayudado en la planificación de nuestras visitas y que ayer nos permitió conocer un verdadero poblado “mising” todavía no maleado por los turistas.

¡Por bambú que no falte!

Y con el mismo adusto chófer de estos días nos vamos al embarcadero. Llegamos muy justos de tiempo y tenemos la sorpresa de que en esta ocasión no es un barco relativamente grande donde se sientan cómodamente unos 100 pasajeros como cuando vinimos, sino un barquito pequeño donde se hacinan (nos hacinamos) 100 pasajeros.

Porque además sigue lloviendo y hay que bajar los toldillos que cubren las ranuras del sollado.

NB

Como no te veo muy puesto en náutica te dejo su definición de Wikipedia: “Sollado es la cubierta por lo común corrida de popa a proa, que se establece sobre durmientes y baos vacíos debajo de la primera en los navíos, de la batería en las fragatas y de la superior en los buques de pozo, y a veces, suele ser levadiza o de cuarteles”.  

Marisa me hace notar que si se hunde no podremos salir por ningún lado pues estamos sentados al final del habitáculo y además por las ranuras de la borda no cabemos.

Hombre, si se hunde en el Brahmaputra y puedes salir yo creo que puedes alcanzar una orilla dejándote llevar por la corriente, aunque a lo peor acabas en Bangladesh.

Con la lluvia y la estrechez de los ventanucos, casi solo una ranura, apenas se ve nada. Sí veo pasar a un hombre en una canoa  por en medio del río. Se ayuda con una especie de remo que también parece actuar como pértiga en aguas someras.

¡Qué vida tan dura la de aquel navegante!

Nos cruzamos con otro transbordador y te sorprende que vaya tan abarrotado de gente, motos y además algún coche en tan poco espacio.

La travesía dura más de hora y media, pues ahora subimos por el río, y a mitad de recorrido un joven toma contacto conmigo. Es “mising”, vive en  Bombay y procede de Majuli adonde ha vuelto para organizar unos conciertos de música en noviembre.

La conversación ha resultado difícil  pues somos los últimos pasajeros sentados en la popa y con el motor del barco haciendo un ruido terrible allí justo a nuestro lado.

Me dice que tiene un coche alquilado en Jorhat y que nos llevará hasta nuestro hotel.

Cuando veo luego las fotos compruebo que lo llevo un humilde y sencillo Casio de menos de 10€ en la muñeca y él un espléndido reloj de esos de varios cuadrantes. Me sorprende que a pesar de eso quisiera conocerme. Creo que tendré que cambiar de reloj y llevar algo más aparatoso para tener más prestigio.

Llegamos a Jorhat y aunque apenas llueve me sorprende la habilidad de los motoristas  para salir del barco, pues la mayoría de las motos van en el techo del puente  y deben bajar desde allí por unos tablones hasta la cubierta del barco y desde allí por otros tablones a tierra y todos muy resbaladizos.

Yo pensaba que el coche del joven de Bombay que tendría allí sería uno de alquiler, pero lo que tiene es uno con chófer.

Nos lleva hasta el hotel y casi no se despide de nosotros. ¡Ay alma india, nunca te comprenderé!

Historieta sobre el prestigio de los signos exteriores.

Hace años un periódico indio me pidió una fotografía de Flickr para publicarla allí aunque para mí no era nada notable.

Me comuniqué un par de veces con el director de la publicación y me dijo que si volvía a la India que fuese a su ciudad y que me invitaba a su casa.  Vivía en Raipur, la capital del estado de Chhattisgarh, una región fuera de los caminos habituales turísticos así que decidí ir a verlo después de  insistirle que quería ir a un hotel.

Y eso hice pero creo que se desilusionó al verme con una pequeña cámara Casio a pesar de que le expliqué que la fotógrafa era Marisa y no yo.

Ahora estoy convencido que si hubiese portado una impresionante réflex su respuesta habría  sido diferente.

Te dejo el enlace de parte de aquel viaje.

NB

Entre la escritura y la publicación de esta crónica mi hijo me ha regalado un reloj espectacular que he reservado para mi próximo viaje a la India. Así ya no haré más el ridículo con el Casio de la foto.

 

 

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2 comentarios to “60. India 2019. 21 de octubre, lunes. Vigésimo cuarto día de viaje. De Majuli a Jorhat.”

  1. Luis guijarro miravete Says:

    Los “signos externos” siempre han tenido importancia. Nunca los desdeñes.
    Luis G.

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