57. China 2019. 27 de abril, sábado. Vigésimo sexto día de viaje. Hangzhou. Día 2. Longjing. Segunda parte.

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Ayer leí que el sitio más interesante de visitar aquí era el “Imperial Tea Garden”  y como está con letreros indicadores hacia allí nos dirigimos.  También leí que costaba 10¥, pero leo, es un decir, las normas que están en la entrada al lado de la taquilla y veo que hay un apartado donde nombra el mágico número de “1,2” o sea niños que miden menos que eso, otro donde está escrito 60 y 69, o sea precio reducido, y otro de 70, o precio más reducido, o gratis, o que los abuelos de más de 70 no podemos entrar.

No hay nada como (no) saber chino.

El taquillero cuando llegamos saca el taco de las entradas y me enseña dos de 10¥. Le digo que espere y saco los pasaportes. Entonces saca dos de 5¥. Le vuelvo a decir que espere y le enseño nuestras fechas de nacimientos: que pasemos.

A veces el que te digan que te conservas bien y todo eso puede ser un halago, pero imagino que si te ven llegar machacado ya no te piden tanta identificación.  Que fue una pesadez porque nos dejaron entrar gratis en la llamada “Scenic Area”, pero no nos dieron ningún ticket de “gratis” y como la entrada llevaba incluida la visita a todos los lugares donde exigen que la tengas  teníamos  que enseñar el pasaporte  y señalar el año de nacimiento. Eso cada vez.

Encontramos una fuente con cabeza de dragón. No sé si será la de la leyenda. Debería haber intentado beber un poco y si venía del mar tendría que ser algo salada. Pero no lo hice y siempre tendré la duda.

Luego vemos una información en chino que sí debe ser del emperador Qianlong, pues se ve claramente que era de la dinastía Qing.

Es una broma lo de la dinastía, que no sabía ni que existía hasta que lo leí con respecto de esos campos.

El lugar es muy bonito y está muy cuidado pero no podemos evitar compararlo con los campos de té que hemos visitado en Darjeeling, en Corea o en Sri Lanka. Y es que además hoy, por ser sábado, o porque se había acabado la recolección no había nadie trabajando. Además he visto como podan con una sierra mecánica  todos los arbustos  y eso le da un aspecto que no concuerda con lo que esperas en una plantación de té.  Y esas hojas podadas quedan entre las filas de las plantas de té y obviamente se secan y dan un color marrón  los campos.

Imagino que la poda es necesaria al acabar la recolección para que surjan los nuevos brotes, pero es que hoy había un par de podadores  y allí donde esperabas encontrar a los silenciosos recolectores, lo que te encontrabas era ese ruido continuo y desagradable.

Además hoy era día de gran afluencia y de vez en cuando pasaba algún amante de la música con el altavoz de su teléfono celular  a toda pastilla. Añádele el amor a dar gritos estentóreos, tipo Tarzán, de algunos jóvenes  al llegar a  determinados puntos. Porque toda la plantación es un conjunto de colinas y debes subir  y subir por unas escaleras  de piedra. Quizás por esto  y porque debe haber una serie de caminos de senderismo había bastantes grupos por allí.  Lo que no había, o pocos, era gente mayor. Nada que ver con el crucero por el río.

Y ya sabes: a los chinos no les gusta el silencio.

Cuando llegas arriba, o por lo menos al “arriba” adonde nosotros hemos llegado, tienes una magnífica vista  del “garden” y a lo lejos el lago y los rascacielos de Hangzhou. Una merecida recompensa.

En el camino algunas lápidas de granito con consejos para una vida feliz.

Una de las sorpresas del día ha sido encontrarnos con un grupo de simpáticos jóvenes chinos que hablaban el castellano.

Hablamos Marisa y yo y uno de ellos al oírnos se dirige a nosotros en español. ¡Qué sorpresa! Y como estamos en la provincia de Zhejiang y nuestro chino favorito nos había dicho que el 90% de los chinos que vienen a España son de esta provincia doy por supuesto que es  que han trabajado en España. Error. Uno de ellos había vivido en Méjico y en Colombia.  Otro en Argentina y Uruguay y la joven más simpática  había estado en España en un intercambio estudiantil.  Y de los otros no lo supe. Resulta que todos eran compañeros de trabajo en una empresa de cámaras de vigilancia. ¡Largo trabajo para ellos dado el control por cámaras que hay en este país!

Un agradable encuentro.

A punto de dejar  los campos  de té nos encontramos con unos novios en sesión fotográfica, pero hemos llegado tarde par “robarles” algunos posados y también encontramos a un par de profesionales, o algo así, con dos chicas, no sé si modelos, vestidas de chinas. De estas sí nos hemos “aprovechado”.

Estos fotógrafos siempre suelen llevar un equipo aunque sea pequeño de ayudantes. pero hemos visto a una que debía comenzar y era una “chica-orquesta”.

Ha salido el sol y ha acabo muy bien la visita. Solo que no habíamos  podido comer  y aquí era casi la hora de la cena, así que una tortita, que no sé como clasificarla, en un puesto callejero, y regresamos al lago.

En el autobús una joven lleva una camiseta que tiene escrito: “(Abstract Art) Picasso”. No sé si a Don Pablo le gustaría esta adscripción.

Llegamos al lago y aquello es una fiesta. Está a punto de ponerse el sol aunque unas inoportunas nubes harán que no sea una puesta de sol gloriosa, pero se está muy bien allí.

En una mesa de una terraza, justo encima del agua hay dos parejas sentadas. No pueden estar mejor situadas para gozar del momento en silencio o para tener una charla con sus amigos del alma mientras el sol se esconde. Pero ¿qué hacen? Pues claro, cada uno mira fijamente la pantalla de su teléfono celular.

Algunas chicas y alguna no tan chica, disfrazadas de chinas antiguas. Unas alquilan el disfraz en una caseta cercana y otros parece que lo traen de más lejos.

También una joven se disfraza para la fotografía y aprovechamos el momento.

Acabamos el paseo por el lago y regresamos a “nuestra” estación y a nuestro hotel

A pesar de los inconvenientes la visita a las plantaciones de Longjing merece la pena.

Mañana último día en Hangzhou.

Nota de antropología.

Cuando nos hemos encontrado con los jóvenes chinos les he preguntado por su origen.

Uno me ha dicho que del norte, cerca de Rusia  y yo la única provincia que conozco por allí es Mongolia, así que le he preguntado si era de allí. Grandes risas del resto.

¿Es que ser de Mongolia es motivo de chanza entre los chinos?

Pues era  de Heilongjiang, provincia que  desconocía hasta aquel momento, pero que luego he comprobado en el mapa que efectivamente es la más septentrional del país.

Otra de antropología cultural.

Al ver en la entrada de la plantación de té la referencia a 1,2 m como medida para el billete de los niños, quizás haya cambiado el comportamiento  de los abuelos sobre la apreciación de la estatura de los nietos.

Así y no habrá las competiciones a ver quien tiene al nieto más alto. Se habrá acabado  eso de “pues mi nieto, el de mi hija mayor, solo tiene dos años y mide como su padre, uno ochenta”.

 

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