46. Hong Kong-Macao-Shanghái. 2018. 10 de abril, martes. Vigésimo segundo día de viaje. Shanghái, día 2. Segunda parte.

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Tianzifang.

Aquello no es el Bund, pero está a rebosar de visitantes.

La guía dice de él que es un complejo de tiendas dentro de una cuadrícula de callecitas tradicionales. Una comunidad de estudios de diseño, cafés y boutiques. El contrapunto de los grandes centros comerciales y de los…pues aquí un par de palabras que no logro traducir: “dwarfing skyscrapers”. Sería algo así como el “enanismo de los rascacielos”. O sea un oxímoron.

Leo en Wikipedia que “El recurso a esta figura retórica es muy frecuente en poesía mística, amorosa y en análisis funcionales”. Dado que aquí no hay poesía será de “análisis funcional”. Como te veo muy interesado en el tema te adelanto que “se consideró el análisis funcional como el estudio de los espacios vectoriales normados completos sobre los reales o los complejos”.

Despejado el enigma sigo con el relato.

Las tiendas son preciosas y algunas están diseñadas con gran esmero. Y muchos restaurantes.

Vemos uno llamado “Andalus” que ofrece comida marroquí.  Más tarde encontramos otro llamado “Bodega Castilla Spanish Restaurant”.

El que más me sorprende es uno en el que en la pizarra anuncia y ofrece “Grand Marnier”.

Por si eres un joven lector: esa es una bebida que para los franceses es como el “Licor Calisay” para los españoles; para algunos españoles, pues quizás tampoco conozcas esta última y yo ya no sé con qué compararlo en la bodega actual de bebidas espirituosas, pues el único sería el  “Licor 43”, quizás el “Triple Sec”, no sé…

Pero el que me ha llegado al corazón ha sido un puesto de churros con el escudo de España. No, en los churros no, en el puestecito.

Hay un negocio de venta de maderitas para escribir los deseos del personal que cree en esas cosas: que escribiendo cualquier cosa en una madera se cumple el deseo. Por lo menos el deseo del vendedor de las maderitas.  Porque esa actividad normalmente está relacionada con creencias religiosas (de todas las religiones, de las verdaderas y de las falsas), pero aquí no he visto ningún templo. O sea, puro bisnes.

Busco alguna en la que entienda el mensaje, pero solo logro encontrar uno con una petición muy clara y nada original: “Feliz año 2108 Negocios Amor y Felicidad”.

Lo curioso, además del orden en que piden los deseos, es el encabezamiento: “Selamat Thaun Baru”.  Lo busco y significa “Feliz año nuevo” en indonesio.

La guía recomienda un restaurante y te puedo asegurar que moverte en este entorno de Tiazifang buscando algo es muy, muy difícil. Y además cuando damos con él está vacío y yo por sistema no entro nunca en un restaurante vacío.

Fuera del recinto de Tianzifang encontramos un restaurante popular que ha resultado ser el más limpio de todos, pero con una carta solo en chino y, como puedes imaginar, para nosotros es muy complicado hacer la comanda, pues igual pedimos cuatro platos de mayonesa.

Me acerco a una mesa donde comen unos jóvenes y le digo a una camarera que quiero lo mismo que ellos y con la ayuda de esos comensales logro pedir berenjenas. Una comida estupenda.

En estos restaurantes pagas al salir y la cajera hace la cuenta con un ábaco. ¡Un ábaco y estamos en 2018 y en una nación altamente tecnologizada! O por lo menos esta ciudad.

El lujo de el Bund y East Nanjing Rd y el diseño y cuidado de Tianzifang contrastan con un recogecartones que vemos. Y es que en esta ciudad ya hemos visto a varios mendigos, algunos pasivos y otros activos que te abordan directamente. Y bastantes recoge desechos. Y sorprende.

¿No iban a tener una sociedad igualitaria?  Pues menos que en Hong Kong, pero también se ven impresionantes coches deportivos y de alta gama.

Regresamos a recoger el zoom y me sorprende que esté arreglado, pues cuando empezaron no creía que fuesen capaces de volver a montarlo.

En una tienda de ese complejo compramos algo de material fotográfico y te sorprendería como un vendedor puede negociar contigo sin saber una palabra de inglés y tú, o sea yo, ni una de chino. Toda la transacción, y no ha sido breve, por medio de un traductor de  su teléfono. Y no sería Google, imagino. Y encima la venta en euros, pues, como había leído, en algunas tiendas admiten tarjetas, pero te cobran comisión y aquí era del 8%. Una barbaridad.

Pero todo ha funcionado bien.

Al salir a la calle un triciclo también cargado de cartones y botellas de plástico: el bienestar no ha llegado a todos por igual. O simplemente no ha llegado.

Y para acabar con nuestra fiebre consumista nos vamos a un Carrefour.

Resulta que en nuestro intento de encontrar un supermercado nos dijeron que el único que había, imagino que en la zona central, era uno de esa cadena que está a unas 5 estaciones de metro de nuestro hotel. Vaya, bastante lejos.

El llegar hasta la estación ha  sido fácil, lo de decir “Carrefour” y que nos entendiesen  casi imposible. Porque tú ya sabes como decimos ese nombre los españoles, que no nos ahorramos ni una erre: “Ca-rrrre-furrrrr”. Menos mal que una joven que ha visto que andábamos preguntado sin éxito nos ha dicho la frase milagrosa de  “Can I help you?” y nos ha indicado el camino a seguir hasta un centro comercial en cuyo interior se encontraba nuestro objeto de búsqueda.

Y allí ya daba gusto porque te sentías casi como en casa y hemos podido comprar algunas cosas y también ver como se desenvuelve el personal. Eso sí, hemos sido incapaces de encontrar ninguna infusión que no fuese café o té. ¿Es que los chinos no toman manzanilla o poleo?

Y con el espíritu feliz de haber hecho todo lo que teníamos planteado hemos regresado al hotel.

PD

Hoy nos ha sonreído la suerte en algo que parece una tontería pero que nos va a facilitar la vida en Shanghái: en una oficina de turismo tenían mapas del metro “in English”.

 

 

 

 

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