56 Grecia 2025. 4 de noviembre de 2025, mares. Vigesimonoveno día de viaje. Patmos. Día cuarto. Primera parte.

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Son las 7 de la tarde y estamos en este magnífico apartamento esperando la hora del ferri pues nos vamos a Atenas desde aquí, Skala en Patmos, y sale a las 00:05 de mañana, o sea la noche del 4 al 5, lo que puede confundir al decir que salimos el día 5.

(Observa el sistema para cerrar las puertas: nada tecnológico, pero muy seguro).

El problema del check-out del apartamento fuera de la hora normal, o sea las 11 o 12 de la mañana, lo resolvimos con el dueño pagando una pequeña cantidad, aunque no creo que haya ahora ninguna presión de clientes esperando a entrar: somos los únicos de este pequeño complejo, pues ayer había una pareja con niños encima del nuestro, pero hoy se han debido marchar.

Esta mañana hemos vuelto a coger el autobús a las 9:45 para ir al monasterio de San Juan el Teólogo y creo que éramos los mismos que ayer: una señora que se ha bajado cerca de un centro sanitario (¿enferma o enfermera?) y dos en una escuela que está en la carretera.

Hoy conducía una joven rubia que debía estar aprendiendo pues el conductor de ayer iba a su lado vigilante.

Al pasar por delante de la entrada del monasterio que llaman “de la cueva” el conductor que sabía que ayer ya estuvimos en el de Hora ha debido pensar que nos queríamos quedar allí y nos lo ha indicado por si queríamos bajar.  No debe llevar a turistas que repitan dos días seguidos.

Cuando llegamos a la parada del autobús donde se acaba la carretera y da la vuelta para regresar a Skala había media docena de autobuses como empaquetados: ¡habían llegado los cruceristas!

El conductor nos recuerda que saldrá de regreso a las 12 y a las 13:45 será el último, pero le digo que quizás bajemos andando.

Cuando llegamos al monasterio algunos visitantes de los autobuses ya estaban volviendo y es que hoy había un crucero en el puerto igual que el francés de ayer, pero no parecía el mismo, y dos más muy grandes fondeados fuera del puerto.

Hoy la sorpresa de que había que pagar para entrar en el monasterio. Ayer no había nadie en la garita de la entrada, aunque como el museo estaba cerrado quizás por eso no cobraban, pues con los 5 € incluye el museo.

Nos encontramos con Alexandros, el novicio de ayer, y se alegra al vernos. Lo dicho, debe ser algo excepcional que dos turistas vuelvan dos días seguidos. Nosotros podríamos haber vuelto toda la semana.

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Y hoy, obviamente, no estamos solos como ayer, pero es soportable la cantidad de gente, estamos en temporada baja, casi todos mayores y algunos sorprendentemente en estado no muy bueno de locomoción dadas las cuestas y escaleras que hay, en el recinto y fuera de él.

Hoy apenas hemos hecho fotografías después del aluvión de ayer, pero sí hemos encontrado a un magnífico San Miguel de aspecto moderno, aunque contrasta esta característica con el pobre diablo al que tiene atravesado con su lanza. 

2025. Turquía. Patmos.

Y a un San Jorge de lo más cochambroso.

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Para compensar unas preciosas rosas.

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El museo muy interesante con piezas donadas por los rusos de la época anterior a la revolución. He entendido que esta isla, o quizás todo el Egeo, fue ruso un tiempo hasta que lo recuperaron los otomanos y fue en esa época cuando trajeron aquí todos esos iconos.

NB

Pue sí, hubo influencia rusa concretamente en Patmos por lo que se llamó la revuelta de Orlov (1770): “fue un levantamiento griego contra el Imperio Otomano instigado por el Imperio Ruso durante la guerra ruso-turca de 1768-1774. Patmos jugó un papel crucial como base de operaciones y refugio para la flota rusa en el mar Egeo tras la decisiva Batalla de Chesme

Tras destruir la flota otomana en Chesme, los rusos establecieron en Patmos una base naval temporal. La isla sirvió para controlar las rutas comerciales del Egeo y bloquear los Dardanelos.

Rusia y el Imperio Otomano firmaron la paz en 1774. Rusia se retiró de las islas del Egeo, incluyendo Patmos, devolviéndolas a la soberanía otomana.

Aunque los rusos se fueron, el tratado otorgó a Rusia el derecho de proteger a los súbditos cristianos del sultán, lo que sembró la semilla para la futura independencia de Grecia en 1821.

Un beneficio curioso para los navegantes de Patmos y el Dodecaneso fue el permiso para que los barcos comerciales griegos navegaran bajo pabellón ruso, facilitando su comercio y crecimiento económico”. 

¡Qué poco sé de la historia!

Pues ya ves, resulta que hasta hoy llegan aquellos ecos pues en Rusia se celebra el 7 de julio el día de “honor militar” en memoria de la batalla de Chesme, que fue la mayor derrota naval sufrida por los otomanos desde la batalla de Lepanto.

Como te veo muy interesado en los “días del honor militar” rusos te dejo el enlace para que los compruebes, pero si eres un rusófilo como algunos de nuestros políticos de derechas (¡ay, y algunos de izquierda!) te diré que según el contraalmirante Elphinstone, un capitán británico que había ascendido al rango de contraalmirante en Rusia y que comandaba esa flota rusa, consideraba que los rusos eran casi inútiles. Los otomanos, ya ni te digo.

La joya del museo es el edicto del emperador bizantino Alejo I Comneno de 1088 por el que daba la isla de Patmos al monje Cristódulos y autorizando la creación de este monasterio.

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He visto a la pareja francesa de ayer que también ha vuelto (¡no somos los únicos en hacerlo!) imagino que para ver el museo y como ellos también se han percatado de nuestra presencia.

Al irnos le pregunto al novicio Aléxandros para ir al monasterio de Pigi que es de monjas. Me dice que cree que lo cierran y hace una gestión con otro de allí y llaman por teléfono: “ya lo han cerrado, pero cuando lleguéis llamad al timbre que os esperan”.

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