
Tilos desconocida para mí hasta ahora, pero que está resultando una maravilla, vaya, el tipo de isla que esperaba encontrar.
Esta foto de un noray del puerto de Symi muestra la decadencia de este orgulloso elemento donde se han amarrado lujosos yates transformado en un asqueroso cenicero. ¡Qué pena!
Esta mañana hemos salido del puerto de la preciosa Symi en un ferri que venía desde algún otro sitio y que debe recorrer varias islas, pues hemos parado brevemente en Hálki y después de Tilos el barco seguía el viaje.
Un barco muy cómodo con buenos butacones si quieres estar sentado o dormitar, pero sin apenas nada más que unos bancos de madera si lo que quieres es ver el paisaje o fotografiarlo. O fumar.
Nosotros hemos estado en esta segunda clase con media docena más de pasajeros.
Al llegar al puerto de Symi, debajo de la torre del reloj, han caído cuatro gotas, pero el resto del viaje ha sido con sol y una temperatura estupenda.
Durante el recorrido pasas por varios islotes abandonados, pues creo que “Dodecaneso” hacía referencia, por el prefijo “dodeca”, que había 12 islas habitadas, pero me parece haber oído que ahora hay menos de 12, así que sería “Decaneso”. O menos.
En la cubierta un pasajero lee un libro lo que me sorprende: ¡un libro en papel! Pronto será una rareza como los viajeros del XIX a las pirámides de Egipto.
Lo he fotografiado para la colección que hace Marisa de “Gente leyendo”.
Cuando va a desembarcar veo el autor del libro para mí completamente desconocido, Ian Rankin.
En este barco una característica es que se dejan los objetos personales sin miedo a que se los roben, pues había asientos con teléfonos y bolsas de mano.
Al llegar al puerto de Tilos nos bajamos una docena o menos de pasajeros, pues esta isla no es de las famosas y además ahora estamos en temporada baja.
En el muelle nos esperaba Andreas, el dueño, o quizás solo sea el encargado del apartamento donde vamos a alojarnos.
La información de Booking hacía referencia a este joven, pero es que ha sido algo fuera de lo esperado, vaya, que andando estábamos a 5 minutos, pero nos ha traído en coche hasta aquí, a nosotros y a un abuelito que ha resultado ser de “Edimbro”, que si no hubiese sido porque hace poco estuvimos en Escocia no habríamos nunca relacionado “Edimbro” con ”Edimburgo”. Del resto que nos ha explicado no he entendido nada excepto lo de su ciudad de origen y que es como Barcelona. Imagino que se refería al problema de la saturación turística.
El apartamento es pequeño, 14,5 m², sencillo y con todo lo que puedes necesitar, como una neverita, una cocina eléctrica de dos fuegos y dos camas y con una limpieza inmaculada. ¡Ah!, y con una terracita, donde escribo, desde la que se ve el mar y se oye el graznido de los cuervos que parecen ser los que aquí dominan el aire. Y es que los gatos, que también los hay, no deben ser enemigos para tan inteligentes aves. Porque en los lugares donde hemos estado tanto en estas islas de Grecia como en Estambul hay una sobrepoblación de gatos lo que se traduce en la ausencia de pajaritos, por lo menos de los que andan picoteando por el suelo.
Le muestro a Andrea una lista de los 5 restaurantes que recomienda la guía y me dice que tres están cerrados, así que vamos a uno de los abiertos a tomar un café y cuando voy a hacerle una foto a Marisa un joven sentado en otra mesa nos dice que nos la hace a los dos y que si somos de Zaragoza. ¡Parece mentira que después de tantos devaneos nos reconozcan por el acento!
Ha sido uno de los encuentros que hace que los viajes merezcan la pena.
NB
Dudo si utilizo correctamente la palabra “devaneo” y resulta que el verbo “devanear” tiene una acepción en “desuso” como “vagar”. ¡Me encanta utilizar palabras en desuso!
¿Sabías que la Real Academia Española retira las palabras en desuso?
No voy a contar cosas de él, pero ha sido una persona muy, muy interesante. De esos de los que a veces te gustaría ser él, excepto por su vida en pareja, pues viaja solo por el mundo en un barco de vela que tiene amarrado en una de estas islas cuando no lo hace.
NB
Por si me lee, que no creo: no lo tiene “amarrado”, sino “almacenado” en una marina seca.
Nos hemos sentado con él para pedirle consejos sobre nuestras próximas etapas, pues no lo tenemos todavía claro algunas de ellas por la falta de ferris entre las islas.
Hemos hablado de la India, ¡cómo no!, y de viajes en general y de como antes había muchas sorpresas y que ahora gracias, o por culpa de internet no las hay y de que hay islas griegas que antes eran una maravilla y ahora no por culpa del turismo masivo. Vuelvo a contarle lo de Barcelona en los años 60 y de cómo es ahora.
Me dice que algunos amigos quieren viajar con él, pero prefiere hacerlo solo.
Algunas de sus recomendaciones no nos sirven pues él va con su barco a cualquier isla y nosotros no podemos hacerlo, aunque la isla en cuestión sea una maravilla.
Nos despedimos sin eso de “dame tu teléfono o tu WhatsApp o tu correo electrónico”, sabiendo que no volveremos a vernos.
Regresamos al mismo restaurante para comer con la sorpresa de que hay vegetales, pero no carne, así que después de muchos días sin probarlas podemos comer espinacas. Ah, y también berenjenas y pulpo. Todo estupendo.
En ese establecimiento dos letreros muy interesantes, uno del porqué no tienen Wifi y otro en que te dicen que no estés en traje de baño para comer.
Descanso en el hotel y paseo al lado del mar.
Encontramos una capillita muy especial que parece un búnker con un letrero que según Google dice “Iglesia de San Jorge Muévase con modestidad” (no están muy afinados estos de Google) y una imagen muy curiosa de San Jorge.
Cuando al volver nos paramos para fotografiarla una joven que resultó ser noruega-serbia nos preguntó si éramos griegos pues quería saber el nombre del santo. Ha resultado que conoce España o parte de ella pues tiene una amiga que vive en Burgos y conoce muy bien el vino de la Ribera del Duero. ¿Qué encuentros en estos viajes!
Al recorrer aquel paseo al lado del mar descubrimos el barco del español que estaba fondeado como a un kilómetro del puerto. Le hacemos señas, gritos, nos reconoce y dice que dentro de un rato estará en la taberna y efectivamente cuando regresamos al apartamento nos llama desde una terraza, nos sentamos con él, charlamos sobre nuestras experiencias viajeras…
¡Qué suerte haberlo conocido!
Regresamos al hotel y damos por acabado este día tan interesante.
PS
Al lado del mar crecen unos tamarices que me dan mucha envidia al compararlos con los que lo hacen en las orillas de las saladas de mi pueblo.
Etiquetas: 2025, Barcelona, Booking, Dodecaneso, DRAE, Ferri, Grecia, San Jorge, Symi, Tilos













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