68. India 2024. 2 de diciembre de 2024, lunes. Trigésimo quinto día de viaje. De Delhi a Doha. Segunda parte.

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El aeropuerto de Delhi da gusto por lo bien que está todo. Y encima en el avión de Indigo las azafatas han sido de lo más amables y encantadoras que recuerdo en mucho tiempo, tanto que nos han entregado una especie de felicitación con el nombre de todas ellas:

“ Regards. Kamakshi, Alisha, Wishz, Tehewang

Dear Angel Jose & Maria Luisa

You both are so sweet& kind…

Thank you for flying with us”.

Y un recorte de una flor de papel.

Quizás sea una cosa estándar en esta compañía, pero de todo el avión solo nos lo han dado a nosotros y al salir se han hecho una foto también con nosotros.

Para compensar me ha tocado al lado una pareja joven india que está en EE. UU. donde él estudia un máster en “business” y no han parado de pedir agua y levantarse al lavabo. Y encima, lo que más me ha jodido es que el bocadillo y una cajita muy graciosa con galletas y zumo las han tirado a la basura sin ni siquiera abrirlas, aunque no han parado de comer de bolsas de plástico cosas tipo maíz inflado o algo así. 

Un detalle:  él me dice que está muy cansado por los viajes y me pregunta sobre lugares que hemos estado visitando en la India y va y me dice que si no estoy cansado de viajar tanto.

Uno se cansa, me imagino, si tienes que plantar arroz o asfaltar una carretera sobre todo en verano, pero cansarse por viajar… Vaya, si te cansas es fácil solucionarlo: no viajes. Que los que hacen trabajos duros no pueden evitarlos.

En el avión, entre el pasaje, un clásico en los viajes a este país: un fantoche occidental vestido como un santón indio del Himalaya y con pinturas en la frente como si fuese un hindú que acaba de salir de un templo. Vaya, que no me lo creo.

Y un fenómeno en la clase “business”: un joven que daba en el techo con la cabeza; cosas de la altura, que la gente presume de ello, pero a lo que yo no veo más que inconvenientes a no ser que seas jugador de baloncesto y si además eres fortachón portero de discoteca; si no, todo problemas.

Llegamos a Doha y vamos al mostrador de “transfer” pues teníamos un vuelo a las 0:55 para Madrid y nos lo cambiaron por otro a las 8 de la mañana, lo que implicaba una espera de más de 13 horas.

Cuando pasamos por este aeropuerto camino de Delhi pregunté si por esta situación tendríamos derecho a algo y me dijeron que sí, a un hotel, así que voy a ver qué me dicen.

Nos atiende una joven china y después de mirar y consultar me dice que el vuelo original era de Iberia y que por tanto el problema era suyo. Insisto y me dice que va a intentar que nos admitan en ese vuelo.

Y en estas estamos esperando una solución.

Al final la joven china que teclea furiosamente en el ordenador y a la que vuelvo a preguntar cada rato me dice que no, que no tenemos derecho a habitación, solamente a un “voucher” y eso eran solamente cupones para cenar.

En resumen, que era un problema de Iberia y que sí salía ese vuelo, pero que no podía encontrar dos asientos para nosotros. 

Le digo que no acepto esa solución con 13 horas y pico de espera en una sala de aeropuerto, que por cierto ya se habían reducido pues llevábamos más de una hora tratando de resolver el problema, y le digo que quiero hablar con su director.

La atribulada joven china se va y al poco aparece un guapo hombre negro al que vuelvo a explicar el tema que parece que ya conocía. Coge el teléfono, llama a Iberia y me dice que en 20 minutos me dará el resultado, pues intenta que nos den dos billetes en ese vuelo que sale a medianoche.

Pues tuvimos que esperar, pero al final nos dicen que vayamos a la puerta de embarque donde nos darán los billetes definitivos.

¿Y el equipaje? También llegará con nosotros.

Volvemos a pasar de la zona de llegadas a la de “transfer” donde de nuevo tenemos que pasar el control de equipajes, pero con la agradable sorpresa de que sus escáneres ya no necesitan que saques la parafernalia electrónica, que lo controlan dentro del equipaje, y aquí ya no son los celosos y tocapelotas policías indios del CISF sino una empresa de seguridad y en un momento estamos de nuevo en la zona de salidas.

Cuento esta incruenta historieta para demostrar que la perseverancia tiene, o mejor, puede tener un final feliz.  Y dos horas de espera y de idas y venidas a la ventanilla de atención al cliente.

No hay que darse por vencido.

Teníamos mucho tiempo desde la llegada, pero ese retraso nos ha hecho que tengamos que ir deprisa para llegar hasta la zona de salida. Y es curioso porque ese sitio está como en el subsuelo de la zona normal y como ya observé en otra ocasión este territorio está lleno de gente más oscura que la de arriba.

¿Por qué los vuelos hacia España salen de esa zona?

Llegamos a nuestra puerta de embarque y un simpático y agradable empleado senegalés, Etienne, nos entrega los deseados billetes.  (¿Te imaginas que llegas allí y no saben nada de tu viaje?).

Nos ha costado, pero al final lo hemos conseguido: pasaremos la noche en el avión de regreso a casa en lugar de hacerlo en una sala del aeropuerto.

PS

En este aeropuerto de Doha donde todos los empleados, muy abundantes empleados, son extranjeros generalmente de países africanos y asiáticos de bajo nivel de vida, todos los de seguridad son negros y negras. No he visto ni a uno que no lo fuera.

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