
Seguimos en Delhi y en la “zona peligrosa de ganchos”, así que al poco de salir del hotel ya nos entra el primero y Marisa no para de repetirme que no le conteste, que no le diga nada. Y es que si son educados y no se ponen pesados no me importa contestarles las primeras preguntas.
(Este sí es un gancho de verdad).
Como siempre empiezan preguntando que de dónde eres y luego que si de Madrid o Barcelona; ahora he decidido decirles la verdad y contestarles que de Alcañiz y cuando me preguntan que de qué país decir que de “Alcañiztan”, que ya sabes que gracias a los túrquicos (o eso creo) hay un montón de países que acaban en “stán”, por lo menos en turco como descubrí en la gran estación de autobús de Estambul que Grecia se llamaba Yunanistán.
Así nada más salir nos encontramos con una de esas señales engañosas de una oficina de turismo. Es una zona de muy poco tránsito por lo que imagino que es aquí uno de los lugares a donde traen a los incautos que han pescado los ganchos.
Hoy vamos a hacer una mezcla de turismo y compras y la parte turística recorriendo lugares que siempre visitamos y que permanecen iguales o casi iguales y todo por el “Old Delhi”.
Y una novedad es que vamos a ir en metro.
En uno de nuestros viajes a esta ciudad casi lo inauguramos y entonces tenía muy pocas estaciones en una sola línea y que por tanto era poco útil e iba casi vacío. Luego al cabo de los años fueron creciendo líneas y estaciones y viajeros de tal modo que tuvimos problemas para acceder en algún momento por el tumulto de pasajeros que se creaba.
La parada más cercana está en medio de Connaught Place y se llama Rajiv Chowk en memoria del asesinado hijo de Indira Gandhi y durante su construcción toda esta enorme plaza fue un desastre.
Ahora es una estación enorme, pero que a pesar del poco tiempo que lleva construida se han olvidado de que las escaleras no son solo de una dirección, pues hay una sola escalera mecánica y una grandísima escalera… ¿cómo será el antónimo de “escalera mecánica”?
Sacamos una tarjeta de transporte para cada uno lo que facilita el acceso y sobre todo que no tienes que hacer colas y cabrearte con todos los que intentan colarse.
Lo que no ha cambiado es el control de accesos por la policía: debes colocar tus bolsas en una cinta y pasar por un arco, pero después controlan a todos uno por uno con un bastón de esos que pitan con los objetos metálicos. Y por supuesto una cola para hombres y otra para mujeres.
Hoy sábado el metro estaba bastante tranquilo, pero no sé cómo resolverán esos controles en las horas punta.
Al entrar en el vagón estaban todos lo asientos ocupados pero dos jóvenes nos han cedido los suyos.
Ahora al tener al personal a tiro visual y sin tener que preocuparme de si una moto me arrolla o si piso una caca de perro o de vaca, puedo observar a la gente y me percato de que nadie lleva manga corta y casi todos visten colores grises o apagados.
Y no es que en Delhi ya haga frío, aunque es un tiempo primaveral, es que en las otras ciudades que eran más calurosas tampoco llevaban mangas cortas.
Empezamos nuestra vida de turistas en Khari Baoli, antes famoso por sus especias, pero ahora casi todos son puestos de frutos secos.
Este mercado tiene un origen muy curioso (De Wikipedia): “En 1936, Chowdhary Chhotu Ram, un ministro del gobierno de Punjab, emitió una ley que cancelaba todas las deudas de los aldeanos. Así, numerosos comerciantes de Agrawal perdieron sus negocios y emigraron a Delhi, estableciéndose en colonias como” esta.
Ya ves, una buena acción da lugar a una serie de problemas en otras personas.
El trasiego de gente y sobre todo de porteadores sigue siendo igual que todos los años. Parece mentira que puedan transportar esos fardos.
De vez en cuando, en medio del tráfico de motocarros y carros tirados por hombres aparece majestuoso un enorme carro tirado por un todavía más enorme búfalo o buey, no sé.
Como siempre compramos té y especias, pero estas últimas ya solo las venden en cajas preparadas. Hace años había a granel e incluso una vez en Leh vimos como un cliente iba pidiendo como quería la mezcla.
Y aparecen los turistas occidentales, yo diría que bastantes, y generalmente acompañados por un guía.
¿Para qué querrá un turista que alguien le acompañe a un sitio como este?
Por supuesto a todos estos se los comería la esfinge.
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