Canto XIX. 424 Hexámetros. Reconciliación. Aquiles depone su ira. 4 minutos.

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La Aurora se levantaba cuando Tetis lleva la nueva armadura a su hijo. Aquiles llora junto al cuerpo de Patroclo y dice a su madre que ahora se va a poner la armadura de Hefesto. Tetis destila en el cuerpo de Patroclo ambrosía y rojo nécar para que se mantenga incorrupto aunque la lucha de Aquiles dure un año más.

Aquiles convoca una asamblea a la que asisten incluso los capitanes heridos. Se dirige a Agamenón y dice que depone su ira y que inste a los aqueos al combate. Agamenón dice que no es el culpable de arrebatar a Aquiles el botín. Fué Zeus y su hija la Ofuscación quienes confundieron su mente (¡Qué gran excusa!). Quiero reparar mi error y te ofrezco todos los regalos que te prometió Ulises cuando fue ayer a tu tienda (fue anteayer). Aquiles responde a Agamenón procúrame los regalos o guárdatelos, mas recobremos la alegría de la lid ahora mismo. Ulises le dice a Aquiles que a pesar de su valía les permita desayunar, que no hay hombre capaz de luchar sin haber probado pan. Que Agamenón lleve los regalos a la asamblea para que todos los vean y luego dé en su tienda un banquete suntuoso. Aquiles responde que otro momento habrá para esa faenas porque ahora yacen desgarrados aquellos a quienes Héctor ha doblegado y vosotros nos instais a comer. Si por mí fuera ahora mismo mandaría al combate a los aqueos. Ulises dice que para continuar la lucha con mayor encono y sin desmayo no se puede olvidar la comida y la bebida. Echa a andar hacia la tienda de Agamenón. Cargan en la tienda los regalos para Aquiles y las ocho mujeres prometidas y las llevan al centro de la asamblea. Agamenón jura ante todos que nunca ha puesto una mano sobre Briseida y ofrece en sacrificio un jabalí. Da fin a la asamblea. Los mirmidones llevan los regalos a la tienda de Aquiles. Briseida llora sin cesar la muerte de Patroclo, que fue dulce con ella. Los ancianos de los aqueos suplican a Aquiles que coma y él dice que esperará hasta la puesta del sol. La muerte de Patroclo ha sido una desgracia mayor que si se enterase de la muerte de su propio padre. Zeus pide a Atenea que evite que el hambre llegue a Aquiles, ella destila sobre Aquiles néctar y ambrosía y Aquiles se arma y sube a su carro con su auriga Automedonte. Pide a sus caballos Janto y Balio que lo traigan a salvo. Janto, que tiene voz humana, le confirma que le traerán a salvo, pero que ya está cerca el día de su ruina. Para un caballo que habla es un bocazas. Aquiles le responde no hace falta que me augures la muerte que bien sé que mi destino es perecer aquí. Gritando dirige hacia el frente a los solípedos caballos.

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