72. India 2019. 26 de octubre, sábado. Vigésimo noveno día de viaje. De Sundarbans a Calcuta. Segunda parte.

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Durante el recorrido de 2 horas del regreso en barco vamos a pasar cerca de alguna aldea y de alguna pequeña canoa que imagino de pescadores.

Así vemos una barquita con una pareja donde el hombre remaba en la proa y la mujer en uno de los costados. ¡Qué vida tan dura! No creo que tengan problemas de obesidad, pero sus articulaciones acabarán hechas polvo.

Joy, la excursionista china, se rasca como una endemoniada, parece que le han picado todos los bichos de la selva. Su cara, siempre alegre, se ha transformado en un rostro cabreado.

Me ha gustado tanto el lugar que no me importaría repetir. Manjit me dice que la mejor época para venir es la última semana de octubre, o sea esta, y la última de febrero. Durante el invierno, desde noviembre a marzo, es temporada alta y todos aquellos barcos que vemos varados o amarrados, y hay muchos, están llenos de turistas, nada que ver con nuestro viaje.

E incluso en una orilla una iglesia cristiana que parece medio abandonada, aunque quizás su aspecto se deba a estar situada en aquél entorno tan hostil para la arquitectura.

En su frontón en las letras apenas visibles se puede leer “Prebisterian Church”.

Vaya, estar rezando dentro no debe dar mucha seguridad, pero si ves el interior de nuestro barco…

Me sorprende que a pesar de ser una zona muy poblada y cercana a Bangladesh no hayamos visto ningún barco ni de la policía, ni de la armada. Parece que solo patrullan en los canales que hacen de frontera entre los dos países y que por aquí lo hacen los “guardas forestales” o similares.

En algunas orillas hay grandes redes amarillas.  Las colocan en lugares que son selva y están enfrente de sitios habitados para evitar que los animales, imagino que en especial los tigres, pasen al otro lado, pero aquello es tan grande que no creo que todo lo que es selva esté así acotado, aunque para un tigre cruzar alguno de aquellos canales no debe ser nada fácil.

Llegamos a nuestro punto de desembarque y esperamos “al pairo” antes de amarrar, pues nuestro coche no ha llegado todavía.

Y al desembarcar otro espectáculo exclusivo de la India: están descargando de un par de barcazas botellas vacías de butano y cargando llenas. Y claro, todo en la cabeza de los descargadores y subiendo una tremenda cuesta con escaleras.

Y de nuevo, ¡qué vida más dura tienen algunos!

Nosotros, felices turistas con nuestros pequeños equipajes (menos la jovencita india a quien se lo lleva Manjit) nos cruzamos con aquellos hombres y te da un poco de vergüenza tanta diferencia.

Llegamos al coche, el mismo de la otra vez, y cometemos el error de colocarnos, también como en la ida, en la fila detrás del conductor. Y es que ha conducido como un loco llegando a 120 km/h en los tramos donde el firme estaba bien, pero en un país donde todos adelantan apurando al máximo y donde hay cabras y ovejas sueltas por la calzada y vacas, que aunque atadas pueden ocupar parte de ella. Pues se pasa miedo. No mucho, pero se pasa.

Volvemos a travesar los campos inundados que son piscifactorías, cerca de las fábricas de ladrillos y también por una zona cercana a Calcuta adonde llegan todos los productos de las basuras que van a ser reciclados, pues muy cerca hay una gran escombrera que forma una montaña enorme.

Pasamos por un pueblo donde delante de una casa hay varias señoras con niños pequeños. Imagino que será un consultorio pediátrico. En la foto veo que hay un letrero que dice: “Dosis 1-2 tabletas”.

Las viviendas se suceden una detrás de otra a lo largo de muchos tramos de carretera y solo hay pequeñas agrupaciones de vez en cuando. En una de ellas hay grupos de motocicletas con grandes recipientes de aluminio atados a los portaequipajes. ¿Qué transportarán allí?

Y así en poco más de dos horas llegamos a Calcuta donde nos despedimos de todos. Solo la china ha tenido interés en pedirnos la dirección de correo, los demás nada, y yo tampoco.

Volvemos a “nuestro” alojamiento y a la vida tranquila.  Y encima sin lluvia y sin tanto calor como cuando llegamos la primera (y la segunda) vez a esta ciudad.

Lo que no ha cambiado ha sido la algarabía de pitidos de la circulación.

Es muy tarde para comer y muy pronto para cenar, pero una vez  más hacemos una “comida-cena”  con los problemas habituales de buscar platos que no piquen.

En Calcuta acabó la “Durga Puja”, pero ha empezado la “Kali Puja”, así que también colocan “pandals”, esta vez con figuras de la terrible Kali.

Así que visitamos uno cerca de casa, pero mañana intentaremos ver alguno importante.

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4 comentarios to “72. India 2019. 26 de octubre, sábado. Vigésimo noveno día de viaje. De Sundarbans a Calcuta. Segunda parte.”

  1. LaotraMarisa Says:

    Preciosas fotos.

  2. Luigi Says:

    la primera foto me encanta

    el barco y lo que explicas de los coches da miedo pero de película de terror, lo que de nuevo da muestras de lo heroico de esta pareja inmaculada de viajeros penitentes que sois, tenéis un valor inigualable, insuperable.

    un beso

  3. alelsoles Says:

    Que no Luis, que no. Que el barco era de recreo y las aguas muy tranquilas. Eso sí, tenia la bodega un poco cochambrosa.
    Quizás hayas pensado que nosotros éramos la pareja de la canoa, pero ya no tenemos edad ni fuerzas para ello.

  4. Luigi Says:

    jajaja ok “tomaremos pulpo como animal de compañía”

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