63. India 2019. 22 de octubre, martes. Vigésimo quinto día de viaje. De Jorhat a Calcuta. Segunda parte.

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Volamos con Indigo, una compañía india de bajo coste; el aparato de hoy parecía recién salido de la fábrica de lo nuevo y limpio que está.  Y en menos de hora y media aterrizamos en Calcuta.

 

La entrega de las maletas es rápida y probamos la aplicación “Ola” que nos enseñaron en Guwahati y que hasta ahora no hemos utilizado solos, siempre hemos necesitado la ayuda de alguien.

La sorpresa es que en el vestíbulo de llegadas hay un quiosco de Uber y otro de Ola. Allí un amable joven  con el teléfono de Marisa nos ha buscado un coche.

Los combativos taxistas de Madrid y Barcelona deberían ver esto: en el exterior del edificio del aeropuerto después del carril de la filas para los taxis hay otro dedicado a Uber y Ola con empleados que te ayudan a localizar tu coche. Y a diferencia de lo cochambrosos taxis de la primera llegada, este era un vehículo impoluto y con aire acondicionado con un precio intermedio entre un taxi sin él y otro con él. Y la sorpresa es que el taxista o el “olaista” era católico.

¿Cómo lo supimos?  Pues porque Marisa se percató de que en el retrovisor interior llevaba colgado un rosario en lugar de la inevitable estampa de Ganesh.

Le pregunto si es cristiano y no solamente me contesta que es católico, es que me enseña un grueso libro que tiene encima del salpicadero y me dice: “La Sagrada Biblia”.

O sea que este joven en las esperas en lugar de oír la Cope lee la Biblia, porque se veía un libro muy utilizado.

Y así llegamos de nuevo a nuestro hotel favorito.

He dicho en otras ocasiones que en las grandes ciudades que he visitado varias veces me gusta tener un “hotel de referencia” y hasta que no lo encuentro voy cambiando en su busca y aquí ya lo hemos encontrado.

Los guardias del complejo residencial donde está nos saludan alegres.

Después de aposentarnos conseguimos contactar con una agencia de viajes que se dedica a hacer excursiones por los manglares de Sundarbans,  que es por lo que hemos regresado antes a esta ciudad. Pensábamos hacer ese viaje al llegar pero las continuas previsiones de lluvias nos hicieron cambiar los planes.  Luego al modificar nuestro (imposible) recorrido por Nagaland y acortarlo nos sobraban unos días y hemos recuperado esta excursión.

Así que los hemos llamado y haremos con ellos lo que se llama “3 days, 2 nights” y que es todo un enigma para nosotros, pues parece una pequeña empresa familiar  que gestiona una especie de campamento en Sundarbans.

Todavía no hemos comido  y hacemos algo que a veces nos obliga nuestra planificación: “comida-cena”.

En mi infancia mis padres en verano solían hacer lo que llamaban una “merienda-cena”: íbamos al río o a una laguna, mi madre preparaba  unas tortillas y quizás una ensalada y al final de la tarde, antes de que los mosquitos nos obligasen a retirarnos,  nos comíamos esa “merienda- cena”.

Pues nosotros algo parecido hoy en Calcuta, aunque yo tengo mi record en un viaje anterior, creo que por Asam, en el que hice “desayuno-comida-merienda-cena”.  Claro que iba solo.

Y de nuevo echamos en falta la tranquilidad de Nagaland en comparación con la sinfonía de los cláxones de Calcuta.

Está todo embotellado, pero los coches, motos y autobuses no cejan en su empeño de hacerse oír con sus  pitidos. Y si no está embotellado y circulan, pues también.  En Kohima ni uno lo hacía  y allí los embotellamientos eran igual o mayores que aquí.

¿Influirá la religión?  Porque el católico “olaista” apenas ha tocado el claxon.

Y el centro de Calcuta lo encontramos como lo dejamos: un caos increíble y con aspectos de urbanismo que no te lo puedes creer.

Aquí nadie hace caso de los pasos cebra, pero hoy hemos encontrado uno al que han cortado con una mediana de un metro de alto. Y tengo que pensar que estaba allí el paso de cebra y luego hicieron la mediana, pero por el acabado me parece  que fue al revés: empezaron en una acera y llegaron hasta la mediana.

Mañana día de turismo de nuevo y a luchar con la cocina india a la cual hoy hemos vencido en la cena.

PS.

Estos días entre Majuli y Nagaland estoy muy desconectado de la actualidad y aquí en Calcuta tengo problemas con internet así que acudo a la prensa local: “The Telegraph”.

Espero encontrar alguna noticia de España y más concretamente de Barcelona.  Decepción.  La única noticia “española” es una del tenista Nadal que se ha casado con su novia y posan felices ambos. Lo que me sorprende es que en la foto llaman a la novia “Xisca” (¿será Francisca en mallorquín?), pero en la noticia la llaman “Mery”.

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2 comentarios to “63. India 2019. 22 de octubre, martes. Vigésimo quinto día de viaje. De Jorhat a Calcuta. Segunda parte.”

  1. La otra Marisa Says:

    Ángel, en febrero del 2020, cuando llegué de regreso a Madrid a la T2, llamabas desde dentro del edificio a Cabify que te proporcionaba la matrícula de tu coche y el nombre del conductor; según salías, cruzabas la calzada por la que esperaban los taxis, subías a una isleta y al otro lado estaban los coches de Cabify y un gentil conductor salía y te llamaba por el nombre, para que vieras dónde tenías que dirigirte, te cogía el equipaje, lo cargaba en el coche y: directos a casita.

  2. alelsoles Says:

    Sí, pero en Barajas no hablan bengalí y además en Calcuta Uber y Ola tenían un mostrador dentro de la terminal y te hacían todo el proceso y al salir tenías un espacio dedicados a cada uno de ellos y con personal que te ayudaba a buscar tu coche.
    Vaya, que para nosotros fue más fácil que buscar el taxi del “pre-paid” de la llegada.
    Pero claro, no conozco los procedimientos de Madrid.
    Gracias por el comentario.

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