31. India 2019. 10 de octubre, jueves. Décimo tercero día de viaje. De Calcuta a Guwahati. Tercera parte.

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La estación de ferrocarril de Guwahati, que está orientada este-oeste, divide la zona en dos partes distintas. La norte tiene el edificio de la propia estación y al salir de ella encuentras una gran plaza desde donde parte una avenida cerrada a la circulación con un gran edificio (“No Photos”) que sirve de hospedaje  a las tropas militares (no sé si también a los policías y paramilitares)  que pasan por aquí, pues Guwahati es un centro por donde transitan muchos soldados y policías.

En la otra acera un cuartel de la “Indo-Tibetan Border Police”  (ITBP), el “Tourist Lodge” del turismo asamés  donde también está situada la oficina de turismo y el edificio del Banco Central de la India.   Toda esta zona es muy tranquila y relativamente limpia,  aunque hay un buen grupo de mendigos y menesterosos rondando por allí.
En la parte sur de la estación de ferrocarril están el “Paltan Bazaar” y la estación de autobuses. Y el caos más increíble que puedas imaginar.

Es la tercer vez que estoy pero mis sensaciones son como si fuese la primera. No hay semáforos y los policías que controlan los cruces lo único que hacen es pegar con una caña de bambú a los autobuses que a  veces se paran a recoger viajeros.  Alguna vez también se lleva algún golpe alguna moto.

Cruzar esas calles, y tienes que hacerlo varias veces, es un ejercicio de habilidad e imprudencia constante. Cuando lo hacemos, Marisa se coge de mi mano (en la parte opuesta a la circulación) y cierra los ojos.

La primera vez que estuve en esta ciudad viajé solo y recuerdo que dormí en la zona de la estación de autobuses en una pensión bastante mala después de haber fracasado el intento de hacerlo en un hotel donde no me admitieron por ser extranjero. Lo curioso es que hasta me habían enseñado la habitación, pero al hacer la inscripción descubrieron (no sé porqué no antes) mi condición de no indio y me dijeron que el hotel no podía albergar a extranjeros.

Las normas administrativas indias siempre me sorprenden.  Así hoy ha aparecido en las noticias una sobre una pareja a la que no admitieron en un hotel porque uno era hindú y  la otra, musulmana.  O al revés. Pues esa información no aparece en su DNI, pero se sabe por el nombre.

La segunda vez, ya con Marisa, estuvimos en el “Tourist Lodge” y esta vez hemos buscado un hotel en el Paltan Bazaar y la putada es que para atravesar la estación y salir hacia el lado sur tienes que subir una escalera  metálica (¡metálica, no mecánica!)  bastante grande y empinada y volverla abajar en el otro lado. Y en esas escaleras no sirven para nada las ruedas de los equipajes. Luego descubrimos que en el “lado estación” (por si vienes) hay unas nuevas escaleras mecánicas.  Pero es que a pesar de los miles de viajeros que pasamos por aquí todos los días la salida acaba en un pasillo muy estrecho donde te cruzas con los que entran.  Y por supuesto con policías fuertemente armados.

Así sales al fin a la calle y te enfrentas a aquella circulación increíble, con una aceras intransitables, y más si llevas equipaje, pues están ocupadas  por puestecillos de venta de todo lo que te puedes imaginar  y porque a veces la aceras, que tienen una altura   de más de 30 cm, están cubiertas  por unas planchas de cemento que cubren los desagües que van por debajo de ellas  y a veces están rotas  o directamente faltan. Así que hay que andar por un lado de la calzada oyendo a tus espaldas (caminas por la izquierda, como la circulación) el claxon furibundo  de un autobús que no puede pasar porque estás tú.

Vaya, una delicia.

Y encima, como cada día estoy más tonto me paso  unos 100 metros el hotel. Pero es que hemos descubierto el “navegar” con el teléfono y el jodido me decía que el hotel estaba en la izquierda cuando estaba en la derecha.

El hotel de hoy pertenece a la cadena OYO. Vaya, creo que es una franquicia para contratar las estancias, no una verdadera cadena. Este se clasifica como “Boutique Hotel”. Y sigo sin saber qué engloba ese término, aunque ya he pernoctado en varios con ese calificativo.

Una pequeña y muy limpia recepción y una pequeña y muy limpia habitación. Parece que vamos a estar muy bien, aunque huele tanto a  ambientador que Marisa casi no puede respirar.

Como vamos a estar en esta ciudad dos días queremos visitar el templo de Kamakhya (imprescindible), pero también un pequeño parque cercano famoso por sus rinocerontes, Pobitora, que se puede ver en una excursión de un día. Así que vamos a nuestra antigua agencia de viajes para ver si podemos contratar el tour con ellos y también para saber si hay viajes  de Guwahati a Kohima, nuestro próximo destino.

Sí que hay: un autobús que sale a las 6 de la tarde y llega a las 6 de la mañana. Y es sin aire acondicionado. No es que sea necesario para viajar de noche, aunque ahora hace bastante calor, pero es que esa clase “Non AC” implica un vehículo de menos confort que otro que lo tenga. Y por aquí lo de “menos confort” puede querer decir “sin confort alguno”. Así que descartado el ir con autobús.

“¿Y el tour a Pobitora?”. “En la oficina contigua”. Allí un simpático señor, que dice que se acuerda de Marisa de cuando estuvimos en 2013, nos explica que ese parque nacional está cerrado  pues el monzón acaba de finalizar. También nos aconseja que para ir  a Kohima es mejor ir desde aquí a Dimapur en tren  y desde allí coger un taxi.

Hemos charlado un ratito con él y ha sido interesante.  Así me explica que el turismo de este estado, Assam, (nunca sé si en español se escribe con una o dos eses) está  lanzando nuevas actividades  y que mañana hay una visita a pie por la ciudad que empieza a las 5 y media. ¡Me quieren matar!

Así que vamos  a sacar el billete del tren para evitar sobresaltos.

Pradit, el representante farmacéutico, me explicó que él había sacado el billete del tren con dos meses de antelación, claro que él iba con su mujer, su madre y su suegra. Escrito así parece que tuviese dos suegras. Mejor: “Iba con su mujer, su suegra y su madre”.  Claro que esta última también podría ser la madre de su suegra. Final: “Iba con su madre, su mujer y su suegra”. Y con una niña  de 9 meses de la que estaba enamorado.

Por si vienes a Guwahati (que no creo):  la venta anticipada de billetes de tren no está en la moderna y gran estación, que está en un edificio en la parte norte al lado del cuartel de la ITPF. Relleno el consabido formulario conociendo el número del tren, pues Pradit me ha enseñado dos aplicaciones de la “Indian Railways”, IR, para conocerlos, y aprovechamos que hay una ventanilla especial solo para mujeres.

Allí una joven y atribulada empleada tarda unos 30 minutos, o más, en vendernos los dos billetes. Y ha tenido que ir a pedir ayuda en cuatro ocasiones.

Les ha dado 20 vueltas a cada pasaporte y ha luchado denodadamente con cada ventana de información que le aparecía en su pantalla. No he visto nada igual, quizás solo comparable al joven de “Thomas Cook” de Calcuta.

Al final tenemos los billetes en la clase que queríamos, la “2AC”, y a una hora muy conveniente: saldremos a las 10:40 y en 6 horas estaremos en el destino.

No hemos comido apenas nada desde el desayuno de ayer, excepto algo de turrón de alicante, y nos vamos a cenar al restaurante del hotel pues no hemos encontrado ningún sitio donde Marisa pudiese cenar en los pequeños restaurantes que pueblan el Paltan  Bazaar.

Un sitio estupendo pero estamos solos. La gula, o quizás el hambre, nos puede y pedimos más de la cuenta. Advertimos varias veces al camarero que “no spicy” y que “no hot spicy”.

Como si le hubiese recitado la “Salve Regina”.

Una verdura que ha pedido Marisa no podemos casi ni probarla: se llama “mixed vegetables”, sin ningún calificativo más.

De unos vegetales rebozados, a compartir, Marisa solo puede comerse una pieza de las ocho que había.

Las patatas  fritas están sazonadas con asa fétida (les encanta esta especia) y sí se pueden comer, pues no están picantes. Y si te gusta esa especia.

El plato fuerte ha sido un gran cuenco de arroz con yogur, que es lo  único que hemos podido comer de verdad.

¡Y mira que me fastidia dejarme comida en los restaurantes, y más en la India! Pero ha sido imposible.

Vamos a la habitación y el cuarto de baño huele fatal. Esa era la causa de la cantidad de ambientador que había.

Y la wifi no funciona.

Mañana será otro día.

Eso espero.

PS

Nos hemos acercado a la oficina de turismo que está en el “Tourist Lodge” y nos dicen en la recepción que está cerrada a esa hora pero nos informan, como en la agencia de viajes,  que el parque de Pobitora está cerrado. Volveremos mañana.

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2 comentarios to “31. India 2019. 10 de octubre, jueves. Décimo tercero día de viaje. De Calcuta a Guwahati. Tercera parte.”

  1. Luigi Says:

    uff que estrés de día, ya se que no lo permites pero que penita me da el sufrimiento que pasáis, ya sabes que a mi me superaría

    el apunte que haces de un restaurante donde Marisa pueda cenar… es que no hay dos Anjos en este mundo!! y eso que Marisita es la mujer mas dura que conozco en la tierra (es extraordinaria, es superlativa, una diosa)

    y todavía te extrañas que te confundan con un indio nativo?? (es que lo eres jejejeje)

    un beso

  2. alelsoles Says:

    Que no sufrimos, es que exagero un poco para dar pena a las almas sensibles y a los que se preocupan por nosotros como tú.
    Un beso

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