62. Hong Kong-Macao-Shanghái. 2018. 20 de abril, viernes. Trigésimo segundo día de viaje. De Shanghái a Hong Kong.

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Hoy la despedida de esta ciudad y casi del viaje.

Lo primero y definitivo es la prueba de la maleta. Porque veníamos con una bastante pequeña y donde no cabe nada adicional y lo único que ha disminuido en la mía es el turrón de alicante que me he comido a lo largo del viaje. Y siempre me digo que no tenemos que comprar nada, o solamente algo muy pequeñito como diamantes o rutenio. Pero nada, al final siempre acabamos pasándonos, tanto que en este viaje hemos tenido que comprar en Shanghái otra maleta. Y eso de viajar con dos maletas y el equipaje fotográfico es algo excesivo, aunque el fotógrafo de Huawei, el cual me preguntó la edad y seguramente comparándola con la suya (yo era 10 años mayor que él) me dijo varias veces que era muy fuerte y hacía algo así como lo de Tarzán dándose puñetazos en el pecho. Pero no, querido fotógrafo, ni soy fuerte, ni tengo edad para este equipaje, así que la próxima vez diamantes, o por lo menos zirconitas.

Dejamos  el hotel y nos vamos a dar una vuelta por sus cercanías, pero en la dirección opuesta a la habitual. Y nos encontramos con la verdadera China, aunque también sorprendentemente con algún grupo muy numeroso de turistas nacionales.

Una característica de esta zona de la ciudad es que hay muchas tiendas, tipo almacén, de material de mecánica y fontanería. Y de manómetros. ¿Necesitas uno estando en Shanghái? Seguro que lo encuentras: están todos en la calle Beijing, cerca del río.

Como nos hacían falta un par de candados para la nueva maleta por allí los hemos comprado. Y con el precio  que esperas encontrar en la China, o sea como de una tienda de chinos en España.

Pero no es una zona sin encantos, pues hay bastantes edificios de los que están registrados como arquitectónicamente notables por el ayuntamiento de esta ciudad, como lo atestiguan unas placas en sus fachadas, pues datan de los años 20, aunque algunos están en estado lastimoso.

El que está muy cuidado es el  “Rockbund Art Museum”, que está situado donde antes estaba la “Royal Asiatic Society”.

El interior es “art deco” y tiene algunas exposiciones temporales de arte actual. Además de una terraza con unas vistas estupendas. E importante: es gratis para los mayores-mayores y para los niños pequeños-pequeños. Ah, y también para los militares, que como solo especifica “armed forces” y no dice si chinos o no, imagino que aunque seas de la marina de Andorra te dejaran entrar gratis.

La primera sorpresa es que el interior del ascensor es todo negro y con poca luz. Que quizás fuese una “instalación” de las que tanto gustan a los responsables culturales actuales y era obra  de un joven gótico. Que hasta daba un poco de miedo entrar allí.

Un de las cosas que más me gustó era una nimiedad, pero muy ingeniosa: la señal del lavabo, que en este caso era mixta. Muy difícil explicártela, así que solo me queda la fotografía.

Por si vienes: tiene una tienda con pocas cosas, pero que está muy bien, así que deja algún regalo pendiente para allí.

Al lado del museo está la “Yuanmingyuan Rd”, una calle digna de verse, de la que la guía dice que es un “Bund” en pequeño. Desde luego tiene edificios muy interesantes de los años 20, aquí sí que muy cuidados y algunos albergando tiendas de lujo.

Así llegamos al extremo norte del Bund, donde hay un bonito puente de hierro que cruza el río Suzhou, que desemboca allí cerca en el Huangpu. También un interesante conjunto de edificios al otro lado del puente pero que no tenemos tiempo de visitar.

Nos encontramos con un grupo de Gran Canaria con su guía. Me cuentan que han estado dos semanas en este país, pero que es todo muy estresante pues van como locos. Así por ejemplo hoy han llegado a Shanghái, mañana  tendrán día libre y pasado regresan a España. O sea, en Shanghái día y medio.

Me preguntan por nuestro viaje y les digo que hoy es el duodécimo día de nuestra estancia en esta ciudad y el trigésimo segundo del viaje y entonces uno  me pregunta que en qué programa de televisión nos ha tocado este viaje. Y es que imagino que ellos han multiplicado lo que les ha costado por 2 ó 3.

Y de nuevo en el Bund el espectáculo de las novias y los fotógrafos. Ahora está mejor para “robar” las fotos, pues tienen iluminación natural, pero es más bonito por la noche.

Vemos a unos novios, por cierto, poco agraciados, y es que de día se ven mejor las cosas, las mejores y las peores. Lo raro es que tienen un fotógrafo que utiliza una cámara Canon amarilla. ¿Tú contratarías a un profesional con un “cuerpo” amarillo”?

Abandonamos este paseo que tanto nos ha gustado y es la verdadera despedida de esta ciudad, pues lo que nos queda es pura intendencia.

Así que primero a comer y vamos al restaurante “sin sorpresas”, el de autoservicio,  pues vemos lo que cogemos. De allí en 5 minutos al hotel. Despedida de los amables recepcionistas y con el equipaje, tres maletas y dos mochilas, al metro.

La parada más cercana es la de todos los días, “East Nanjing Rd”, que tiene la particularidad de que las dos líneas que pasan por allí van a los dos aeropuertos: la línea 2 al de Pudong y  a la    terminal 2 del de Hongqiao (te recuerdo que se pronuncia “Jonchiao”), cada uno en un extremo de esa línea, y la línea 10  que va a las terminales 1 y 2 de este último aeropuerto.

Afortunadamente no es hora punta y vamos incluso sentados. Y en unos 30 minutos estamos en el aeropuerto. Este terminal, el 1 de Hongqiao, te sorprende por lo sencillo y por el poco movimiento que parece tener, pero es que el aeropuerto importante y moderno (y lejano)  es el de Pudong que incluso tiene un tren famoso en el mundo entero: el “Maglev”.

Pero a mí, el que sea funcional y con los procedimientos rápidos me interesa más que el lujo y la grandiosidad.

Nuestro vuelo se ha retrasado una hora, de lo que nos informaron ayer por nota de correo electrónico. Eso a nosotros incluso nos va bien porque acortamos la estancia  en tránsito en Hong Kong, aunque puede perjudicar a los que tengan enlaces con menos tiempo.

El avión va completo y por primera vez en muchos vuelos no tenemos ventanilla. En parte porque Marisa se pone nerviosa sino tiene ella o yo pasillo y en segundo lugar  porque esta compañía, por lo menos con nuestra tarifa, no te permite seleccionar asiento hasta 48 horas antes del vuelo  y ya estaba casi completo.

El vuelo dura 2 horas y 35 minutos, pero lo hemos hecho en un poco más de 2 horas.

Nos han dado una floja cenilla, aunque hay que observar que este vuelo de Shanghái a Hong Kong no lo hace la compañía madre (o como se llame ese concepto en aviación) sino una  que debe ser de bajo coste. Pero de todas maneras nos han dado de cenar.

Compruebo que a diferencia de otros vuelos en este todas las azafatas son chinas y la información del mapa  del vuelo está solo en chino.

En cuanto tocamos tierra se oye una sinfonía de “clics” de los pasajeros chinos soltándose el cinturón, pero no se ha levantado ninguno. En cuanto se ha parado el avión sí lo han hecho con gran premura y con más todavía han sacado su teléfono para comunicar a su madre o a un primo que ya habían llegado. Y es que no se puede esperar ni un segundo para tan importante fasto. Como lo del Sr. Tarradellas: “Ciutadans de Catalunya, ¡ja sóc ací!”.

El aeropuerto de Hong Kong ya es otra cosa. Sigue siendo funcional y con procedimientos rápidos. Quizás tenga más recursos y menos movimientos que en Barajas, por ejemplo, pero todo va más rápido, pero menos apresurado. O sea, que bien.

Nuestra puerta de embarque es la 34 según anuncian los letreros  luminosos y está en el entorno donde hemos llegado, pero la cambian a la 50 y para acceder a ella hay que coger un tren como en la T4. Te lo cuento para que no te fíes,  pues están muy lejos la una de la otra.

Aquí también hay tiendas de las marcas de lujo, pero algo más contenidas en su aparato que en el de Doha, por ejemplo.

Y como estamos en tierra tecnológicas hay enchufes para cargar la electrónica por todos los lados. Son enchufes eléctricos tipo Hong Kong, ya sabes, de tres pines planos, lo que se llama tipo G,  o con USB. Y ordenadores y tabletas con conexión a internet. Lo malo es que siempre te sale una opción en chino y ya estás jodido.

Ahora a esperar a las 12 de la noche para embarcar.

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