37. Hong Kong-Macao-Shanghái. 2018. 6 de abril, viernes. Decimoctavo día de viaje. Macao, día 5. Primera parte.

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Hoy el servicio meteorológico macaense anuncia chaparrones a lo largo del día y un bajada fuerte de las temperaturas por la noche. Pero no logro saber ni la intensidad de la lluvia, ni cuando se producirá. ¡Cuánto echo de menos a nuestra AEMET!

 

 

Así que amanece nublado y cargamos con el paraguas.

Hoy queremos visitar el barrio de San Bartolomé, al que fuimos antes de ayer al final del día y que encontramos muy interesante.

Decido seguir otra vía diferente a la habitual y me encuentro, por casualidad, en unos paneles con un camino peatonal recomendado  y que además dispone de tramos de escaleras mecánicas y de ascensores. Por si vienes: se llama “Percurso pedonal” y va desde el jardín del Comendador Ho Yin hasta la plaza de Tap Seac.

Imagino que habrá otros semejantes en esta ciudad, pero cuando fuimos a turismo (y ya he ido dos veces) no nos hablaron de ellos; se limitan a contestar lo más escuetamente a las preguntas que les haces.

Atravesamos una pasarela por encima de una vía rápida y un letrero dice: “Altura máxima 2,2 metros”. Y es que da gusto entender todo, aunque eso de los “2,2 metros” nos dé lo mismo.

En los ascensores que hemos cogido (en Méjico, tomado) hay consejos de comportamiento cívico con unos dibujos ingenuos y divertidos. Así uno enseñando como hacer la cola.

Durante el recorrido encuentras a veces edificios muy interesantes de la época colonial, vaya lo de “colonial” de finales del XIX o principios del XX, que la colonia duró hasta finales de 1999. Te recuerdo que fue la última colonia europea en Asia.

Cuando dejamos las indicaciones del “Percurso Pedonal” para llegar a nuestro destino, encontramos a un grupo de policías (ya sabes, jóvenes y esbeltos) que están mirando una fachada. Les pregunto por la dirección, me la dicen y aprovecho para preguntarle el porqué de tener rejas en las ventanas y balcones de las casas, sobre todo de las que están más altas. Me dicen que es por seguridad, que así no les roban, pero que ahora las casas modernas no las tienen. Pero es que es algo que les da un aspecto horrible. Hoy hemos encontrado un callejón que parecía un patio de esas cárceles de máxima seguridad que salen en las pelis. Claro que estaba al lado de una calle llamada “Beco do porco”.

Beco: callejón sin salida.

Nada más dejar a los policías nos topamos con una pequeñita, diminuta, capillita en un hueco de la calle. Allí nos hemos tirado 30 minutos. O casi. Y es que no podemos viajar con nadie más.

Cerca del barrio que buscamos divisamos una iglesita de un color verde menta que contrasta con el entorno más bien gris: es el cementerio de “S. Miguel  Arcanjo”.

Nos dirigimos hacia allí y en el camino nos encontramos con la plaza Tap Seac, que era el final del “camino peatonal”.

En ella hay varios edificios muy interesantes, uno de ellos una galería de arte que visitamos.

También hay un centro de salud en cuya entrada un gran letrero muestra a un joven haciendo un ejercicio de esos que solo los muy jóvenes pueden realizar (y además sonriendo al mismo tiempo) que dice: “Pratique mais excercicio físico e ingira menos álcool e tabaco”.

Intenta hacer lo del joven del  letrero y verás lo que tardas en llegar a urgencias.

El cementerio, dado su nombre, es un cementerio católico rodeado de una tapia del mismo color que la iglesia y con una calle de nombre esencial para tal lugar: “Rua da Esperança”.

Las tumbas, al menos la cercanas a la entrada, son de difuntos de finales del XIX y comienzos del XX, aunque debe haber enterramientos recientes pues vemos a gente llevando flores.

En la puerta un letrero con las ordenanzas que me parecen iguales a las del cementerio de Coloane y luego otro con las prohibiciones. Algunos de estos símbolos escapan a mi entendimiento y otros son para idiotas; porque hay que ser imbécil para pasearte por aquí en monopatín. Vaya, como los de la plaza de Colón y paseo de Recoletos de Madrid.

Visitamos la iglesita y me sorprende como siempre la representación del purgatorio: una señora rubia muy sonriente y con una camisa verde (imagino que de amianto) sin mangas.

Y otra señorita también rubia que está saliendo de las llamas y llegando al cielo, esta ya vestida totalmente.


Lo del purgatorio sigue siendo un enigma para mí.

Entre las diversas tumbas hay algunas notables que pertenecen a personajes que debieron ser importantes en su época. Así un busto de un ciudadano muy condecorado, pero al que las jodidas palomas no han respetado.

Y es que el paso del tiempo no respeta ni a los ángeles.


Me sorprende encontrar en dos tumbas diferentes el nombre de Emerenciana.  Yo pensaba que ese nombre solo se utilizaba en Teruel dado que es su patrona, pero parece que también gusta en Macao.

Una visita muy interesante donde podíamos haber pasado todo el día.

 

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