2. Sri Lanka 2014. Primer día de viaje. 25 de septiembre, jueves. De Madrid a Colombo (pasando por Estambul).

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Este año hemos cambiado  nuestro patrón del primer día de viaje pues hemos ido con transporte público (tren + metro) al aeropuerto ya que antes siempre nos llevaba nuestro hijo. Y el cambio ha tenido una sorpresa muy agradable: en la estación de ferrocarril me he encontrado con un amigo al que creía ya en el otro mundo. Todo ha resultado ser un error en la dirección de correo electrónico.  Solo por ese encuentro ya ha merecido la pena llegar así a Barajas.

Las líneas aéreas turcas, las que nos transportan en esta ocasión, operan en la terminal T1 y ésta parece como de pobres comparada con la magnificencia de la T4. Sobre todo en su aproximación desde la salida del metro hasta la zona de facturación. Allí la primera sorpresa: cuando nos van a emitir el billete se quedan sin conexión con el ordenador. Espera de 25 minutos. Luego pasamos el control de equipajes y allí descubren una botellita de 150 ml de colutorio de Marisa del que quedan unos 30 ml.

“-¿Es un medicamento? La botella es mayor de los 100 ml permitidos.

-Sí, pero yo creía que como quedaba tan poco…

-Lo que cuenta es el tamaño del frasco, no la cantidad de contenido”.

Botellas

¡Vaya tontada! Sigo pensando que los que diseñan los planes de control de aeropuertos y museos deberían pasar primero por un test de sentido común: tú llevas 10 frascos de colutorio de 100 ml y pasas sin ninguna contrariedad pero llevas 30 ml en un frasco de 150 y tienes un problema.  Así que estamos dispuestos a tirarlo pero nos dicen que no hace falta, que hay un aparato que lo examina y determina si lo podemos llevar como equipaje de mano. Te llevan a un vigilante que lo coloca en una especie de caja, le da a un botón y a los pocos segundos te dice que sí, que lo puedes llevar. Parece lo del CSI.

Al viajar a un país “no Schengen”  debes pasar por un control de pasaportes y poco antes de llegar me percato de que el billete de Marisa a Estambul tiene mi nombre, o sea que han duplicado el mío. Un amable empleado de Aena a quien le cuento la situación llama a la compañía y le dicen que en la sala de embarque arreglarán el entuerto.  Pero al llegar a la policía nos dicen que no, que “nasty de plasty”, que así no se puede pasar: debemos regresar al mostrador de facturación y conseguir un billete con su nombre. Y eso que parece fácil pues deberías simplemente desandar el camino que has hecho, realmente es una putada: no te dejan hacerlo y debes salir de allí por una puerta escondida en un pasillo detrás de una tienda y hacer como si acabases de llegar a Madrid: puertas automáticas de un solo sentido, control  de equipajes, salida a la calle y vuelta a toda pastilla a la zona de facturación, donde afortunadamente todavía había un empleado en uno de los mostradores, ahora ya sin pasajeros.

Y de nuevo hacer el mismo camino. Y si cuando la primera vez apenas había gente ahora hay largas colas. Menos mal que esta vez no se han fijado en el colutorio pero han hecho volver a la cola a Marisa para controlarle de nuevo la mochila pues llevaba un acondicionador de cabello que la otra vez pasó sin más. No basta  tirar la botella, que la tienes que tirar, es que debes volver atrás y pasar el control de nuevo.  Y esta vez deprisa, deprisa (como en la peli de Saura, pero sin macarras) conseguimos llegar a tiempo.

En la cola de embarque un grupo de tres “matrimonios” de mediana edad,  ellos con traje (los únicos junto con dos bigotudos turcos) y ellas “elegantes pero sencillas”.  Los caballeros hablan en voz bastante alta y no paran de gastarse bromas entre ellos. Parecen adolescentes en viaje de fin de curso. En el avión están en la fila posterior a la nuestra pero curiosamente se sientan las tres señoras juntas separadas de los tres caballeros juntos también. A lo peor a ellas les da vergüenza que las relacionen con ellos, que siguen con sus chanzas e intentan ser graciosos con una amable azafata turca. Lo que ocurre es que el nivel de inglés del único que sabe algo es como el de mi nieto de 8 años pero con peor acento.

Las líneas aéreas turcas disponen ahora de un azafato cocinero y le hacen pasar con el carrito de la comida.

Menu Turkish Airlines.

Una cenita estupenda.  ¡Me encanta la comida de la Turkish Airlines! Sobre todo oyendo  a los españoles como se explican los unos a los otros en qué debe consistir el menú, con el papelito que nos han proporcionado.  Le pregunto a uno de ellos si se quedan en Estambul o si están en tránsito hacia otro país. “Nos quedamos en Estambul, pues somos periodistas y sabemos que es lo que hay más allá”. Pues serán periodistas y además elegantes, pero son unos indocumentados.

El acceso a la zona de tránsito del aeropuerto de Estambul es muy rápida pero es como una inmersión  en la edad media: nuestra zona de las salas de embarque está abarrotada y lo primero que te encuentras es una densa población de gente con aspecto de afganos o similares. Todas las mujeres con la cabeza cubierta, la mayoría con niqab. Luego otro grupo  que embarca para Jeddah. Ellos van casi todos envueltos con una especie de colcha blanca que es la que llevan los peregrinos que van a  La Meca. Pregunta: ¿Ellas no peregrinan o es que pueden hacerlo vestidas de normal?

Y en los paneles informativos anuncios de  salidas a sitios increíbles como Seul, Tashkent, Misrata, Mogadiscio, Bakú…que dan ganas de subirte a cualquiera de esos aviones.  Por algo el eslogan de esta compañía es algo así como que es “la compañía que viaja a más países del mundo”. (‘The best airline in Europe which flies the most countries in the world’).

También en el tablero de información descubro que nuestro vuelo hace una escala en Male, cosa que desconocía.

En este viaje me reafirmo de algo que ya he ido viendo a lo largo de mis  viajes por Asia: la desventaja de ser grande o muy grande. Veo a unos cuantos jóvenes que apenas caben en sus asientos.  Porque, ¿qué ventaja tiene en la vida diaria uno grande? Empecemos por ellas: ninguno. Solo discriminación y muchas menos posibilidades de ligue. O como diría un naturalista: de emparejamiento con fines reproductivos.

¿Y ellos? Pues quizás lo de la reproducción lo tienen mejor, pero excepto para trabajar de porteros  de antros de mal vivir todo son problemas. Y especialmente en los transportes por Asia y en concreto en todos los aviones. Curiosamente en este vuelo hay dos azafatos de dos metros. Aquí sí que van bien para ver cómo están los compartimentos del equipaje de mano. Luego compruebo que el jefe es uno que no llega al metro sesenta.

Después de la cena (la segunda del día) pido sigilosamente un whisky. Yo esperaba un vasito  enano y me sirven el vaso más grande que he tomado en mi vida de una bebida espirituosa. Y me lo he tenido que beber todo por no quedar mal con el solícito azafato.

Copa de otoño

Antes de dormirme veo en el mapa de situación los lugares por donde pasamos y se ven sitios por donde un cristiano nunca iría, por lo menos ahora,  y en esos momentos siempre pienso en un hijo de puta con un misil.

Antes de llegar a Male nos sirven un suculento desayuno. Y es que estoy hecho para vivir en los aviones: tengo el tamaño adecuado (quepo en los asientos y llego al compartimento de equipajes) y las bandejas de comida me sientan cojonudamente.

Nos dicen que no bajemos los que seguimos a Colombo y nos quedamos cuatro gatos. El aterrizaje, y luego lo compruebo con el despegue,  es como de un portaaviones: casi toca el agua con las ruedas. Imagino que en estas paradisíacas islas no hay sitio para más terreno.

En el avión

Estamos casi dos horas esperando y al final ponemos rumbo a  nuestro destino final  donde llegamos después de una hora y media más de vuelo. Durante ese tiempo nos sirven otro refrigerio tipo “desayuno fuerte casi comida”. Creo que es la vez que he comido más en un viaje así: dos cenas y dos desayunos fuertes. No sé si tendrá algo que ver el cocinero, pues al salir del avión en esa especie de besamanos donde aparecen para despedirse de ti las azafatas y azafatos, incluidos los que no has visto durante  todo el viaje, pues allí estaba uno vestido de cocinero. Imagino que no le pagarán mucho al pobre, pero es que es un trabajo estupendo: conoces mundo y solo tienes que estar un rato disfrazado de una de las profesiones más deseadas en estos momentos. Antes de aterrizar Marisa me dice que el paisaje que está viendo por la ventanilla le recuerda al de los países del sudeste asiático en épocas de monzones: ríos, canales y campos encharcados.

Hemos cambiado tres veces de hora: Turquía una hora más, Male tres horas y Colombo tres horas y media pues parece que siguen la norma india de utilizar medio huso horario.

Al fin Colombo.

 

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7 comentarios to “2. Sri Lanka 2014. Primer día de viaje. 25 de septiembre, jueves. De Madrid a Colombo (pasando por Estambul).”

  1. jose luis Says:

    Sólo pensar en el viaje de avión que hicisteis me parece alucinante. Menos mal que tengo muy reciente el último que hice con Luis, y en el cuál también volamos con Turkish Airlines e hicimos escala en Estambul. Recuerdo nuestra enorme sorpresa, al principio, y frustración al final, que acabó en mosqueo monumental. Fueron incapaces de informarnos como podíamos hacer para salir a Estambul, pues la escala era de ocho horas. El nivel de incompetencia y desinterés por su trabajo nos dejó estupefactos a todos. Qué desastre de aeropuerto y que desastre de gestión! También nos llamó mucho la atención la cantidad de gente procedente de países chungos que hay repartidos por África, Oriente Medio… Llamaba la atención su forma de vestir, su apariencia…

  2. LaotraMarisa Says:

    El texto, como siempre, ameno e interesante. Las fotos sublimes.

  3. Luis G. Says:

    Acostumbrado a tu nivel de detalles, echo de menos que no hayas situado a Male en sus coordenadas exactas y no menciones su gentilicio. Bromas aparte, tu reflexión sobre el tamaño idóneo para volar es muy acertado. Mis piernas no suelen encajar y la bandeja no me sienta tan bien como a ti, Seguiré viajando a Scri Lanka de tu mano. Por cierto, ¡qué fotos!
    Luis G.

  4. Al de Sri Lanka Says:

    Luis, ya sabes que mi fuente de conocimientos es el DRAE pero resulta que en su apéndice de gentilicios sí dice que el de las islas es “maldivo”, que en castellano suena casi como un insulto (prueba a decirle a un amigo “¡eres un maldivo! y verás que mal suena), pero no dice nada de los habitantes de su capital. Si hubiesen llegado allí los romanos sería más fácil investigar. Probaré a ver si los académicos tienen un buzón de consultas.
    Un abrazo

  5. miguel Says:

    leído de un tirón. Sonriendo y disfrutando con tus notas que son vivas como cantos que despellejan sin maldad.
    nota : lo del billete de barajas no tiene perdón para un hombre tan detallista como tu. (jaja)

  6. AL de Sri Lanka Says:

    Miguel, es que lo de los aeropuertos siempre me atabala un poco

  7. Mercedes Says:

    Muy ameno tu relato… ¡¡que gusto da leerte!!

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