59. La India 2013. 26 de octubre. Mussoorie. Día 1.

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La habitación es enorme y bastante fría así que hemos dormido con algo que antes se llamaban edredón y ahora funda nórdica.  Está claro que el nombre ha ganado, ¡cómo comparar todo lo que implica “nórdico” con el recuerdo casi de posguerra de la palabra “edredón”!

Desde el hotel vemos detrás de  los montes cercanos un pico nevado que es del Himalaya de verdad. Entonces no lo sabíamos pero va a ser la única vista que tengamos hoy.

Hace un día estupendo y en lugar de desayunar en el hotel, como solemos hacer, nos vamos a un lugar recomendado por la guía como “el restaurantemás famoso de Mussoorie y el más pequeño”. Lo define como “caja de cerillas”, aunque  “cubbyhole” también significa “cuchitril”. Su especialidad: las tortillas. También, según la guía,  que “muchos dicen que son las mejores de la India”.

El cubículo tiene unos 2 m de ancho por 3 de profundo donde además del maestro tortillero (así lo llama la guía en inglés “maestro”), contiene su cocina, un montón de cajas, un frigorífico, cartones con huevos, por supuesto, y una mesa baja con un banco en ele para sentarse 4 ó 5 personas.

Es temprano y estamos nosotros y un par de clientes, uno es un  sij pequeño que va con un amigo gordo. Y los gordos lo están no por comer como los flacos, sino por comerse los suyo y lo de los flacos.  Y solo sirven tortillas y solo de tres clases: con aceite vegetal, con  mantequilla y con ésta y queso. “La mejor la de queso” y ésa pedimos. Sí puedo asegurar que es la mejor tortilla que he comido en este país. Y además el “maestro” es práctico: a la salida te da un trozo de periódico para que te limpies.

Marisa está intrigada por la forma de hacerla así que sigue todo el proceso. Cuando volvamos a casa seguro que comeré las mejores tortillas indias hechas en España.

Regresamos al hotel para tomarnos el té en una terracita que tiene delante. Allí está sentado Christopher, el inglés de ayer.  Charlamos y aprendo a decir en inglés “tour” que yo siempre pronunciaba en francés y resulta que se dice “tua”.

Nuestro hotel está en el extremo de TheMall llamado “Picture Palace”  y el autobús para la excursión sale del otro extremo,  “Library Bazar”; durante el recorrido volvemos a ver casas coloniales que si estuviesen bien serían una maravilla, lo malo es que muchas de ellas están  –y aquí vuelvo a sufrir el síndrome de Rosebud-  “abîmées”. Y además los nuevos edificios suelen ser bastante feos y  algunos aparatosamente llamativos, imagino que para que las parejas de novios acudan allí como las moscas a un panal de rica miel. Una pena. Lo de los edificios, no lo de los novios.

Y como ayer  empieza a surgir la niebla. Nos puede estropear el viaje pero es algo que no se puede evitar.

En el autobús del turismo otra constante que se repite en este país: son billetes con asientos numerados pero el personal se sienta donde le parece.  Los nuestros ya estaban ocupados pero nos pasó lo mismo en el tren. A veces es porque se colocan donde más les gusta y otras porque la familia está separada y quieren estar juntos aunque para ello el que deba estar separado seas tú.  En otros países esperarían a que llegases tú y entonces te pedirían si podías cambiarles el asiento. Aquí es al revés, tú tienes que pedirles que se levanten del tuyo.

La primera parada del recorrido son las cascadas Kempty.  ¡Cuánto les gustan a los indios estos saltos de agua! Creo que es el lugar de Mussoorie, después del inevitable TheMall, con mayor número de visitantes. Desde la carretera que cruza la cascada  un teleférico te lleva a una especie de parque acuático situado en  su base pero no hemos tenido tiempo de ir a visitarlo.Lo hemos dedicado a hacer fotos del entorno y de la gente que se hacía fotos por allí.

Una de las gracias de este lugar es hacerse fotos vestidos con trajes típicos regionales y para nosotros hacer fotos de esos que están disfrazados haciéndose fotos. Y ellos nos posan encantados.

Al lado de tanta alegría dos señores pequeñitos y con edad para estar jubilados cargan con unos pesadísimos sacos de arena  que han sacado de la parte superior del lecho del río y lo bajan a la carretera. Estos trabajos bárbaros siempre me cabrean aunque para ellos sea el único medio de sustento.

En la carretera de entre todos los pequeños negocios que crecen cerca de las cascadas veo el más floreciente e imagino que con el mayor margen comercial: “Clintoilet”; precio 5 rupias. El flujo de señoras es continuo. Los hombres ya se sabe que nos aliviamos en cualquier sitio y más en este país.

Desde allí volvemos a la ciudad y vamos camino del bosque de Dhanoulti. La carretera está en buen estado pero es estrecha y con bastantes quitamiedos, pero con muchas más curvas, precipicios y algún desprendimiento. Marisa es valiente y fuerte pero se pasa el viaje diciendo: “¡qué miedo!” Debe hacerlo para parecer débil y que yo la proteja más.

Y como estamos en un autobús indio el cobrador-ayudante-guía nos pone un DVD con vídeos musicales. La primera parte de modernos números con unas coreografías imposibles y con unos movimientos que deben dejar las articulaciones de los bailarines como si tuviesen 200 años. Luego ha pasado a una sección que era como de los años 50 nuestros, ´pero que no sé  a qué época correspondería en este país. Siempre salía un señor que a veces se parecía a Antonio Molina o a Jorge Sepúlveda o a José Guardiola,  la mayor parte de las veces  con un pelo de los que se llamaba “esculpido a navaja” y con las camisas más feas que he visto en mi vida.   Se ponía a cantar y entonces aparecía una señorita rellenita y de aspecto como Paquita Rico o Sara Montiel cuando era joven. Increíble. Lo más birrioso que he visto nunca.

Hacemos la primera parada en esta etapa del viaje en Buraskhanda, desde donde se debería ver el Himalaya en todo su esplendor. Estamos en un mirador a 2500 metros de altitud pero no se ve nada: niebla y desolación.  La ventaja  es que así tampoco se  ven los precipicios de la carretera.

Se abre un momento la niebla y el paisaje es precioso.

Llegamos al final del viaje: Dhanoulti. Hay un “Eco park” de la “Mussoorie Forest Division” y te cobran una módica entrada para verlo.

Hay parque de atracciones para los niños, con columpios y toboganes y los niños deben ser de un colegio porque no se ven a sus padres por allí, quizás los han dejado y se han escapado a Bombay.  Hay también una tirolina para los valientes y que ha probado una gorda. Yo esperaba que se rompiese el cable y estaba preparado para hacerle una foto pero ha resistido. Y sobre todo un bosque de deodaras. Todo muy cuidado, con algunos letreros con los nombres de las plantas (así el cedro deodara es el Cedrus Deodara, poco han discurrido en esta ocasión) e incluso papeleras.

Pero papeleras indias. Acabamos nuestra última reserva de turrón de alicante, busco una papelera y encuentro una muy graciosa en forma de pingüino, imagino que una gracieta de algún diseñador tipo Mariscal, y que decía “utilízame”. Eché el envoltorio del turrón por la boca e inmediatamente apareció en el suelo: no tenía base.

El regreso a Mussoorie es igual: niebla, precipicios, claro, igual que a la venida, preciosos paisajes cuando se veían y con una particularidad: cuando aparecía el sol cegaba al miope conductor que se hacía la visera con una mano mientras que con la otra, cambiaba de marchas,  tocaba el claxon y giraba el volante para salvar las cerradísimas curvas que impiden el cruce de dos vehículos al mismo tiempo.

Para celebrarlo volvemos al mismo estupendo restaurante de ayer donde compruebo que además de que confunden la pronunciación de “espinaca” y “español”, hay un plato, el más caro de toda la carta que se llama “Spanish Tofu Family”.  Y dada la poca simpatía que tiene cualquier familia española por el tofu me imagino que ya no es un problema de dicción. Efectivamente nos confunde con las espinacas. Ya ves, a los catalanes cuando sean independientes nunca los pondrán como el plato estrella en un restaurante indio.

En el hotel nos han cambiado de habitación por una necesidad de ellos pero salimos ganando. El joven manager me dice que no le diga a los del piso de arriba, que no sé quiénes son, cuánto pagamos; baja la voz y me dice: “secret”.  Yo le contesto también en tono conspirativo que “secret”, como si fuésemos de una secta. Cuando se lo cuento a Marisa me dice que cuánto les diré. Pues es verdad. Vuelvo al del “secret” para preguntárselo. Se lo piensa y me dice una cantidad que es un 33% más de lo que pagamos.  Cuando regreso a la habitación Marisa me echa un jarro de agua: “si no son como tú no creo que te lo pregunten”.

Efectivamente no eran como yo.

Mañana más Mussoorie.

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Una respuesta to “59. La India 2013. 26 de octubre. Mussoorie. Día 1.”

  1. 56. Sri Lanka 2014. Trigésimo día de viaje. 24 de octubre, viernes. De Galle a Colombo. | El sol es... Says:

    […] Pues cuando oí la palabra Formosa después de cincuenta y tantos años de no oírla el cerebro empezó a hacerme algo raro. Es como si se abriesen las sinapsis que estaban cerradas desde hacía mucho tiempo. Debió ser como … […]

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