16. Matsumoto, primera parte.

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No sé si AD significa lo que yo quiero que signifique (además del muy utilizado “Anno Domini”): “Ante Data” como opuesto a PD, que tanto utilizo. Pero realmente, a pesar de buscarlo no lo encuentro con ese significado.

AD

En este hotel en las habitaciones hay una yukata a rayas azules con botones para cerrarla en lugar del señorial cinto de tela de otros alojamientos. Quizás ni se llame yukata. Y además es un poco estrecha para mi complexión. Tendré que preguntar si es talla única.

Con él me parezco a los fámulos que había en los padres escolapios. Que a su lado, vestido con la yukata del ryokan parecía un samurai. Esa es otra gracia de los ryokanes que te pones vestido de japonés en la habitación y como estás tan cómodo ya no te lo quitas y andas por la posada vestido de esa guisa.

Espero que en este hotel no me encuentre en el desayuno a todos los clientes vestidos con la bata de fámulo que si no parecerá un campo de prisioneros.

Fin del “AD”. (Que ése es otro de los fallos del AD que no sabes cuando acaba).

Cuando escribo este borrador en el hall del hotel se sienta cerca de mí un japonés de unos treinta y tantos vestido de ejecutivo y se pone a hablar con el teléfono celular pero cada vez más alto, algo realmente poco frecuente en este país.  Al final se empieza a reír como una hiena japonesa. Le miro y no ha debido gustarle mi mirada porque ha cerrado el teléfono y se ha ido.

Y es que son las siete de la tarde. De una tarde-noche lluviosa y fría y en lugar de meterme en mi minúscula habitación he decidido estar un rato aquí.  Porque ésta es una de las ventajas de los “hoteles de negocios”: que las “facilidades” del hotel no las suelen utilizar los japoneses y como no hay extranjeros son todas para mí. Lo malo es que los dos PC del hall están colocados para teclear de pie.

Matsumoto.   

El folleto de bienvenida la ciudad dice: situada en la parte central del archipiélago japonés. (Este país es un archipiélago pero yo siempre lo pienso como una isla única. Creo que ésta es una percepción general que tenemos desde España). Es una ciudad montañosa que tiene la suerte de su majestuoso entorno natural, con vistas sobre las montañas más altas de Japón, como por ejemplo los Alpes del Norte, de 3000 metros de altitud, hacia el oeste y de la meseta de Utsukushigahara de 2000 metros hacia el este.

¿Por qué se viene a Matsumoto? Pues especialmente por su castillo, que está clasificado como “Tesoro nacional”, a no ser que lo hagas por alguno de sus muchos festivales, especialmente por el del Bonbon, que no es por el dulce comestible, ni por las señoritas locales.

También dice el folleto que esta ciudad tiene un agua muy pura y que entre sus especialidades están un tipo de sopa de fideos, “shinshu soba” y carne cruda de caballo.

Así que hoy me voy a ver el castillo.

A pesar de que ayer me dijeron en la oficina de turismo de Kanazawa que hoy iba a llover, he pensado, erradamente, que los meteorólogos japoneses también se equivocan pues el día estaba bastante despejado.

Castillo de Matsumoto.

El castillo es el más antiguo de Japón, construido en madera hace más de 400 años y uno de los cuatro declarados como “tesoro nacional”, junto con los de Himeji, que visité el año pasado, el de Inuyama, que como está cerca de Nagoya visitaré éste, e Hikone que tendré que dejar para otra visita.

Como este castillo fue construido durante la época llamada “Periodo de los Estados Guerreros” y además está en una llanura, parece más diseñado para el armamento  que para residencia confortable.

La única nota “romántica” la proporciona una habitación añadida cuando llegó la época de la paz: tsukini-yagura, observatorio de la luna, que tiene tres lados abiertos al exterior con paredes correderas y con un balcón que discurre a lo largo de toda la construcción.  El resto es todo pura guerra. Así se ven dos tipos distintos de troneras: unas más antiguas altas y alargadas para disparar flechas y otras, más modernas, para las armas de fuego.

Castillo de Matsumoto. Matsumoto-jo. Troneras para flechas y armas de fuego

También debería llamarse “el castillo de los pies helados” pues como en todos los monumentos de este tipo hay que descalzarse y llevar tu calzado en una bolsa de plástico  que te proporcionan a la entrada, pero así como en otros te dejan unas sandalias para la visita, aquí no y con este tiempo acabas regular. (De esta manera consiguen también que las visitas sean más rápidas porque si te demoras puedes acabar perdiendo algún dedo del pie por congelación. Como los que suben al K2).

La construcción, o mejor “reconstrucción”, pues fue casi demolido por entero, es muy interesante y su visita merece la pena, aunque lo mejor de todos estos edificios es su vista y el entorno tan cuidado en el que están situados.

Hay una maqueta mostrando las construcciones originales así como su extensión y en el siglo XVI debía ser algo muy notable.

En los jardines los incansables jardineros japoneses están podando unos pinos. Pero es que lo hacen con unas tijeras pequeñas como de podar rosales: ¡unos pinos!

Tengo un amigo que puso en Flickr unas fotografías de unos árboles muy arreglados de el Retiro de Madrid. En un comentario le preguntaban si ése era su aspecto natural. La persona que se lo preguntó aquí se volvería loca.

En la entrada del recinto hay una placa al lado de una azalea en la que dice que esta ciudad ha sido la cuna del “Fill the world with flowers movement in Tatebayashi”.No lo  conozco pero no parece que haya tenido mucho éxito. Que a los fabricantes de armas y convulsiones no les gustan esas mariconadas: ¡llenar  el mundo de flores! (Si no lo has hecho ve “The International”, de Tom Tykwer y espera las letras finales). Como no puedes comparar el éxito (poco) de la “Alianza para las civilizaciones” del Sr. Rodríguez con el éxito (mucho) de “El choque de las civilizaciones” de Huntington.

PD. Clase práctica de gramática a propósito de “el o la yukata”. No tengo claro si es masculino o femenino. Pienso que quizás sea epiceno, pero indago y descubro que “epiceno” se utiliza sólo en caso de seres animados como “la célula” o “el escorpión” y que en el caso de “la yukata” o “el yukata” se llaman “sustantivos ambiguos en cuanto al género” y ponen un ejemplo que me gusta mucho “el vodka” y “la vodka”.

He escrito que “vestido de japonés” iba muy cómodo pero realmente no sé si ellos cuando van con la yukata se ponen algo debajo o si van “à poil”. Que quizás yo iba “demasiado cómodo”.

NB. Los fámulos eran unos niños que los padres escolapios tenían como criadicos que a cambio de su trabajo como tal no pagaban ni manutención ni enseñanza. Pero como eran pobres siempre  llevaban las batas como más desgastadas. No, rotas no, pero se notaba que eran fámulos. Y como mi colegio no era de élite los alumnos no hacíamos ningún distingo con ellos.

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Una respuesta to “16. Matsumoto, primera parte.”

  1. 47. Japón 2015. Décimo noveno día de viaje. 17 de marzo, martes. Kanazawa. Las batas. | El sol es... Says:

    […] una yukata, que es como un kimono ligero, pero en estos hoteles te dan una bata a rayas. Cuando estuve en el 2009 ya escribí como por su aspecto me recordaba a mi época infantil de alumno de los Padres Escolapios y de unos criadicos que tenían que se […]

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