47. Japón 2015. Décimo noveno día de viaje. 17 de marzo, martes. Kanazawa. Las batas.

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En estos hoteles una de sus ventajas para los que viajan como yo es su servicio de lavandería: unas máquinas que están en un escondrijo al lado de la recepción y que funcionan con monedas, igual que el dispensador de detergente. Yo para aprovechar hoy hasta la última prenda me quedo “à poil” y me pongo la bata que aquí llaman “nightgown” para bajar a lavar la colada. Y me siento realmente incómodo de esta guisa. Además he tenido que ir hasta la recepción así vestido -o así desnudo- cinco veces. En una de ellas he coincidido con una joven el ascensor y todavía me he sentido peor. No lo volveré a hacer.

Sobre las batas.
En el ryokan te proporcionan una yukata, que es como un kimono ligero, pero en estos hoteles te dan una bata a rayas. Cuando estuve en el 2009 ya escribí como por su aspecto me recordaba a mi época infantil de alumno de los Padres Escolapios y de unos criadicos que tenían que se llamaban “fámulos”, figura que espero que haya desaparecido, aunque sigue estando en el DRAE como “Sirviente de la comunidad de un colegio”. Entonces eran unos criados que por el hecho de serlo podían estudiar gratis; eran chicos pobres y humildes.

En la recepción de todos estos hoteles hay un armario metálico alto con luz azul en su interior donde un letrero advierte que es un “expositor esterilizante”, porque además de estar muy limpios ya no tengas duda con los microbios. Y también dice que no hay en la habitación por lo que debes cogerlos tú directamente de allí mismo. Y no dicen nada de las tallas pero he descubierto que son talla única. O mejor “talla única japonesa”. Entonces vas a la recepción y con la mejor de tus sonrisas y mostrando tu cuerpo serrano les haces ver que no cabes en esa bata y que necesitas “big size”. No me he atrevido a decir “King size” porque me suena que aquí el “King”, aunque descendiente de los dioses, es bastante pequeño. Entonces te dan uno de la recepción pero no me he atrevido a preguntar si aquel estaba esterilizado.

Pues bien, la primera vez que me puse una bata de estas me sentí como uno de los fámulos ataviado de esa manera. Hoy me he sentido una mezcla de fámulo y de seguidor de una secta satánica con aspecto bondadoso cuando transitaba con esa bata por la recepción.
NB
Todas las batas llevan los botones azul cielo pero la mía los lleva rojos. Debe indicar de esta manera el tamaño.
¿Sabías que los que aprobaban las “oposiciones” a canónigos tenían el derecho de llevar botones rojos? Eso te puede parecer una distinción, y lo era, pero imagínate el gasto en ese tipo de botones, que no eran los estándar, para una sotana que se lleva cerrada del cuello a los pies.

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