
Una pequeña empresa tiene tres líneas telefónicas, dos contratadas con una Operadora y una con otra. Debido a unas obras de albañilería, las tres líneas son cortadas y el servicio se interrumpe. Ambas empresas tardan días y días y semanas y el tiempo pasa sin que nadie acuda a arreglar la avería de la que se les ha informado. La pyme aprovecha el tiempo de interrupción para recordar agravios con la empresa con la que tiene contratadas dos líneas y se acoge a la portabilidad para pedir las dos líneas a la otra Operadora con la que tenía una hasta ese momento. Al cabo de pocos días la “nueva” Operadora reinstala las dos “nuevas” líneas procedentes de la petición de portabilidad y mantiene la que ya era suya sin arreglar. Tarda dos semanas más en arreglar la línea que era “suya”
¿Mala fe? Nada de eso, sólo la universalidad de la sospechosa y asimétrica parábola del hijo pródigo. Tú, cliente fiel, siempre estarás conmigo, pero ese cliente “hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado”.
Conclusión, si somos bíblicos que no nos conozcan.
18/07/2006 a las 09:08
Siempre habrá un comercial en tu puerta para venderte algo, pero y el mantenimiento?
De verdad malgasta su patrimonio???