Sobre mis búsquedas para estos artículos.

El último día en Atenas, en el paseo por su rastro, “Flea Market of Athens” hay una pintada donde encuentro una frase muy curiosa que desconocía: “only dead fish swin with the stream”.
El significado estaba claro, pero por si pertenece a un movimiento o a un pensador conocido lo busco con la IA y obtengo un resultado sorprendente, pues aunque no está “patentada”, o el buscador de la IA no lo ha encontrado, si me la relaciona con las búsquedas anteriores que eran sobre el “nombre de religión” y el “nom de plume”.
“Esta frase, «Only dead fish swim with the stream» (Solo los peces muertos nadan con la corriente), funciona como un lema o máxima que celebra el pensamiento independiente y la rebeldía.
Al igual que el “nom de plume” permite a un autor distanciarse de las expectativas sociales, este proverbio describe una filosofía de vida:
Inconformismo: Sugiere que seguir a la multitud (la corriente) es un signo de falta de vitalidad o de voluntad propia.
Esfuerzo y Vida: Un pez vivo tiene la fuerza para nadar en contra de la corriente; por lo tanto, cuestionar lo establecido es señal de estar «vivo» intelectual o espiritualmente.
Integridad: Se usa a menudo para animar a alguien a mantener sus principios, incluso cuando son impopulares.
Relación con tus temas anteriores
Con el nombre de religión: Es el acto de dejar la «corriente» del mundo secular para vivir bajo una regla distinta.
Con el nom de plume: Es la herramienta de quienes, como las hermanas Brontë, decidieron no seguir la corriente de su época y publicaron bajo seudónimos para ser valoradas por su talento y no por su género”.
Y al final me pregunta: “¿Te gustaría ver cómo esta idea se refleja en la literatura o en alguna figura histórica que haya «nadado a contracorriente»?”.
Como le digo que “sí” me da los nombres de Sor Juana Inés de la Cruz y George Orwell como representativos de cada uno de los casos.
¡Y es que la IA es la leche!
Estar solo o estar acompañado.
En “Retorno al pasado”, un precioso film de Jacques Tourneur de 1947, él, Robert Mitchum, le dice a ella, la maravillosa Jane Greer, que aunque están en Acapulco no tiene a nadie con quien compartir la visita turística que le intenta vender un avispado guía: “Podría bajar al acantilado y contemplar el mar como un buen turista. Pero no sirve de nada si no hay alguien a quien puedas decirle: «¡Qué bonita vista!». Lo mismo ocurre con las iglesias, las reliquias, la luz de la luna o un Cuba Libre”.
Pues yo he tenido la suerte de sí “poder compartir las vistas” y no solo de las iglesias, también de los “cubas libres”. Bueno, eso no, pero sí de algún otro bebedizo o de un plato de berenjenas.
Por cierto, que Jane Greer dijo que durante el rodaje Robert Mitchum se portó como un caballero, aunque no opinaba lo mismo de Kirk Douglas, el otro protagonista.
No solo los actores, también los dioses no eran mucho de fiar.
En el museo de Kos hay una estatua de Hermes sentado en una roca y con un panel donde explica una historia muy curiosa sobre este dios y su relación con este lugar.
Eumelo, rey de Cos, vivía con sus tres hijos: Agrón, Bino y Metíoque.
Esta familia solo rendía culto a la Tierra, Gea, y despreciaban a los dioses del Olimpo.
Los dioses Hermes, Atenea y Artemisa visitaron la isla disfrazados de mortales para probar su hospitalidad, y fueron rechazados por la familia de Eumelo y especialmente por Agrón que se burló de Hermes, llamándolo ladrón y despreciando sus funciones como mensajero de los dioses.
Como represalia, Hermes transformó a los miembros de la familia en diversas aves: Agrón fue convertido en un chorlito y Eumelo, el padre, fue transformado en un pájaro carpintero tras intentar suicidarse por el destino de sus hijos.
Moraleja: mejor no te burles de los dioses, por si acaso no acabes convertido en un gorrión.
Sin embargo, el letrero dice que “Este es el origen del culto local a Hermes, el protector de los pastores, y también es la razón por la que en el museo, Hermes está acompañado por un carnero”. Bueno creo que nosotros también adoraríamos a Hermes si hubiese convertido a nuestro rey emérito en una focha, por ejemplo.
Aunque yo le diría a Hermes (y a cualquier dios, o Dios, que también al nuestro hay que tenerle miedo) lo que decía un periodista de eldiario.es sobre Trump al acabar un artículo sobre él: “Hay que resistir la tentación de convertirse en un cabrón sin escrúpulos”.
Los Hecatónquiros.
Y para acabar esta sección de “cabrones” y de dioses griegos: he leído que había tres hijos de Gea y Urano, “cuyo nombre no debe pronunciarse: Coto, Briareo y Giges”, que eran llamados los Hecatónquiros: “Ciento cincuenta brazos informes salían agitadamente de sus hombros y a cada uno le nacían cincuenta cabezas de los hombros, sobre robustos miembros”.
O sea, que incluso en el cielo de los dioses griegos debían acojonar bastante.
Resulta que “su padre, Urano, los odiaba por su aspecto monstruoso y los encerró en el Tártaro. Más tarde, Zeus los liberó siguiendo un consejo de Gea para que le ayudaran en su guerra contra los Titanes”.
O sea, que por feos los encierran, pero luego los soltaron porque los necesitaron en la famosa Titanomaquia. (Esto ya es para otra lección).
Ya te puedes imaginar que no tenemos fotos de “Hecatónquiros”, así que lo más parecido ha sido esta cola para tocar los testículos del toro de Wall Street, pues si Urano se hubiese enterado también los habría encerrado en el Tártaro.



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