
Desayuno en la gran y extraña cocina del apartamento, pues entre otras cosas tiene un gran fregadero de piedra como no había visto otro igual.
Ayer compramos los billetes para ir a Agatonisi y volver en el día. El ferri salía a las 9:15 y era de una compañía que no habíamos utilizado hasta ahora, SAOS, y que hacía el recorrido de Patmos a Samos, pero solo hasta octubre y no habían publicado los horarios de noviembre, así que hoy nos esperábamos un barquito pequeñito para ir desde aquí hasta Agatonisi y lo que ha aparecido ha sido un ferri enorme de esos que llevan varios camiones y es que era el de ese viaje que queríamos hacer y del que desistimos por falta de información.
Problemas (y ventajas) de viajar fuera de temporada.
Como todos da la vuelta al entrar en el puerto y amarra por la popa para así dejar salir y entrar los vehículos fácilmente, lo que pasa es que al ser tan grande la maniobra es más complicada.
Subimos una docena de pasajeros y en el barco solo había unos 15 o 20 más.
Al salir bonitas vistas de Hora y de su monasterio a lo lejos y de Skala en primer plano.
Estamos un ratito en cubierta por el tema fotográfico y de contemplación del paisaje y luego nos refugiamos como todos en el gran salón donde los grupos de pasajeros charlan y juegan a las cartas.
El viaje dura una hora y tres cuartos pero que se pasan sin darte cuenta. Además, para a la ida y a la vuelta en la isla de Arky y pienso que estos viajes deben estar subvencionados por el gobierno griego, pues por la media docena de pasajeros que han subido o bajado en esa isla no creo que a un barco así de grande le haya salido rentable toda la maniobra. Aunque como siempre se hace con gran celeridad, casi tanta como los de Dodekanisos.
(Cuando estoy escribiendo este artículo en casa descubro en Spotify un grupo canadiense “Timber Timbre” con una preciosa canción de título y de contenido extraño: “I am coming to Paris to kill you”.
“I am coming to Paris to kill you
I have even booked my flight
I am coming to Paris to kill you
I am coming to take your life”.
Es terrible lo que dice, pero lo hace con tal dulzura…).
En Agatonisi nos bajamos nosotros y un grupo de 8 o 10 jóvenes que también regresarán con nosotros.
Mi guía dice de esta isla:
“El pequeño islote de Agathoníssi, de laderas escarpadas y sin agua, es demasiado remoto —de hecho, más cerca de Turquía que Patmos— para ser un destino popular para excursiones de un día.
Griegos e italianos intrépidos conforman su principal clientela turística, junto con yates atraídos por su excelente fondeadero.
A pesar de la falta de manantiales, la isla es más verde y fértil de lo que aparenta desde el mar; lentiscos, algarrobos y encinas en las alturas dominando llanuras cultivables en el oeste. Menos de cien personas viven aquí de forma permanente, pero se dedican a la ganadería o la pesca (o más bien, a la piscicultura), y pocas viviendas están abandonadas.
La mayor parte de la población vive en la aldea de Megálo Horió, apenas visible en la cresta sobre la aldea portuaria de Áyios Yeóryios y a la altura de los ojos del pequeño Mikró Horió, justo enfrente. Excepto por una pequeña tienda y dos cafeterías-restaurantes que solo abren las noches de temporada alta en Megálo Horió, todos los servicios se encuentran en el puerto.
Al no haber motos de alquiler, explorar la zona implica caminar por la red de caminos de cemento o seguir los pocos senderos y caminos que hay; no olvide llevar abundante agua”.
De Wikipedia:
“Agathonisi es la isla más septentrional del grupo del Dodecaneso.
Se encuentra muy cerca de Samos, tiene una superficie de 13,6 kilómetros cuadrados y una costa de 30,8 kilómetros.
Existen tres asentamientos: Megalo Chorio , Mikro Chorio y Agios Georgios. Megalo Chorio es el asentamiento más grande y antiguo de la isla, invisible desde el mar (ya que fue construido hace mucho tiempo para proteger a sus habitantes de los ataques piratas). Actualmente, Megalo Chorio cuenta con unos 120 habitantes, mientras que los otros dos asentamientos, Mikro Chorio y Agios Georgios, que también es el puerto principal de la isla, tienen tan solo 15 habitantes cada uno.
En 1912, siguiendo el mismo destino que el Dodecaneso, cayó bajo ocupación italiana.
En 1943, fue ocupada por los alemanes y se incorporó definitivamente a Grecia el 7 de marzo de 1948”.
Nosotros hemos venido especialmente para visitar la iglesia de San Pantaleón del que una web dice: “En Mikro Chorio, uno de los dos asentamientos del interior de Agathonisi, viven actualmente menos de 15 residentes permanentes. El principal atractivo del pueblo es la pequeña iglesia de San Panteleimón (Agios Panteleimonas), situada en lo alto de una colina (a 100 metros de altitud). Se puede acceder a la iglesia por un corto sendero pavimentado que comienza en la plaza del pueblo. Las vistas desde la iglesia de Megalo Chorio al este y desde la iglesia y el puerto de Agios Georgios al sureste son preciosas”.
Así que desde el puerto cogemos una carretera que sube a Mikro Horio y desde allí un caminito a la capilla. La carretera parece casi recién hecha y tiene una fuerte pendiente, pero fuerte, fuerte.
En la subida encontramos una pequeña capilla, tan pequeña que parece que sea unipersonal. Estos griegos tienen el país con capillas diseminadas por todos los sitios.
Durante todo el recorrido no hemos visto a nadie, ni tampoco en Mikro, pero afortunadamente la iglesia de de San Pantaleón estaba abierta, vaya, con las llaves en la puerta, aunque lo más importante es el exterior de esa capilla y las vistas sobre la isla y el mar.
Además, en esta iglesia hemos podido fotografiar un magnífico icono de San Jorge, un santo al que Marisa le ha dedicado un álbum para él solo.
El barco de vuelta salía a las 3 de la tarde y no nos daba tiempo para ir a visitar Megalo Horio así que hemos bajado al puerto y afortunadamente en el único bar que estaba abierto hemos podido comer.
Lo curioso del caso es que la señora del bar no hablaba una palabra de inglés, pero gracias a un joven cliente hemos conseguido comer ese par de tortillas porque parece que la especialidad de aquí son los bocadillos, visto lo que se compraban los que aparecían por aquí.
Regresamos esta vez con poca cubierta exterior y alguna siestecita en el salón.
Al llegar al puerto, Skala, nos recompensamos con un par de pasteles típicos griegos estupendos y con un paseo por esta parte de la isla donde vivimos.
Vemos un bar lleno hasta los topes en lo que parece una celebración donde tres músicos interpretan música griega y parte del personal baila en corro.
Excepto por esto parece una ciudad fantasma, hoy ya sin los cruceristas.
Así en una terraza de un bar ya cerrado desean “Un feliz invierno”, «ΚΑΛΟ ΧΕΙΜΩΝΑ» (Kalo Heimona).
Regresamos al alojamiento para gozar de un sitio tan estupendo.
Etiquetas: 2025, Agatonisi, Dodecaneso, Dodekanisos, Ferri, Grecia, Hora, Patmos, San Jorge, SAOS, Skala, Spotify















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