
Al fin encontramos a Miquel en Lakki quien nos lleva a “su restaurante”, un lugar que quiere que permanezca en secreto lejos de los turistas, pues aunque está en el centro de la ciudad allí solo van los parroquianos de siempre y ha sido una experiencia muy interesante.
(Este no es el restaurante, que ha sido una “feliz coincidencia”).
NB (Y lección gramatical).
¿“Parroquiano de siempre” es un pleonasmo?
Pues sí, y además de los “buenos”, como por ejemplo “veredicto final”, pues también los hay “de los malos” como “subir arriba”.
Y ahora resulta que en algún momento de mi vida me dediqué a “cazar pleonasmos”, pues encuentro un fichero con ese nombre y esta cita sobre el monasterio de Leyre “…en una carta de San Eulogio de Córdoba enviada al obispo de Pamplona. Fechada en 848 después de Cristo… “
Fin de la lección.
Él conoce muy bien al dueño, tanto que le regala toda la comida que le ha sobrado del barco, dado que no va a dejarla allí hasta que vuelva en marzo. También conoce a otros clientes con los que charla animadamente en griego.
Curioso ha sido el caso de un belga mayor que se nos ha acercado para hablar con nosotros al oírnos, pues hablaba español además de otros idiomas. Era flamenco y estaba muy solo. (Al escribirlo en casa me entra la duda si llegó a decírnoslo para explicar su aproximación o fue una sensación mía). Pasaba temporadas aquí en una casa de un hermano suyo y también en Irlanda pues estudiaba gaélico,
¡Qué cosas y que personas!
¡Un abuelo de mi edad que pasa temporadas en una isla del Dodecaneso y que se dedica a estudiar gaélico en Irlanda!
La comida ha consistido en un montón de platos y platitos, todos muy buenos y que el dueño ha ido sacando sin saber si Miquel se los había pedido pues hablaba en griego con él o quizás era lo que tenían hoy.
El pescado algo sensacional.
Tras la comida Miquel, con su coche de alquiler, nos lleva a dar una vuelta por toda la isla que conoce de maravilla.
Así vamos a la iglesita de San Isidoro, “Agios Isidoros”, que no sé si se refiere a “nuestro” Isidoro, o es que los griegos también tienen uno igual.
De internet:
“La pequeña iglesia se encuentra en la bahía de Gourna, y literalmente, está en medio de la bahía, conectada a tierra firme por una estrecha franja de hormigón y rocas. Construida alrededor del siglo XIV, la iglesia recuerda a varios castillos normandos, donde la marea cubre o no su entrada. Sin embargo, su ubicación no es reciente, sino todo lo contrario. La iglesia se construyó sobre ruinas antiguas, algunas de las cuales aún se pueden ver al caminar sobre ellas, y de hecho, parte del pequeño sendero que lleva al santo está construido con restos de épocas pasadas.
Lo que resulta aún más interesante es la historia que hay detrás del propio icono. La historia comienza en el mar, donde un pobre pescador manco intenta ganarse la vida a duras penas. Mientras pescaba, el icono quedó atrapado en sus redes. El icono, en señal de gratitud, le concedió un deseo: el pescador pidió recuperar su otra mano, y milagrosamente, la recuperó. En agradecimiento al santo, el pescador construyó la pequeña iglesia en medio del mar, donde permanece desde entonces, desafiando la fuerza de la naturaleza.
Que la leyenda sea cierta o no parece irrelevante. La leyenda de San Isidoro simplemente añade más misticismo a esta pequeña iglesia ya de por sí singular. Considerada una de las iglesias más impresionantes y bellas de Grecia, en parte gracias a las asombrosas e imponentes puestas de sol que se pueden contemplar en ella, … “.
“Isidoro, originario de Alejandría, era marinero en la flota romana
durante el reinado del emperador Decio (249-251 d. C.).
Mientras su barco estaba anclado frente a la isla de Quíos,
fue denunciado ante el almirante Numerio como cristiano.
Numerio inmediatamente convocó a Isidoro a comparecer ante él, con la esperanza de que negara la acusación…
Tras muchas torturas, Isidoro fue decapitado.
Se convirtió en mártir de la Iglesia cristiana, cuya memoria se conmemora el 14 de mayo…”.
Dos notas sobre la información anterior:
¿De verdad alguien se cree que había un almirante que se llamaba Numerio?
Lo del pescador manco: ¿tú has intentando pescar algo en tu vida? Pues imagínate si es difícil poner una lombriz en un anzuelo para intentar que piquen los peces, prueba a hacerla con una sola mano. Te adelanto, por si no lo has hecho, que las lombrices que se utilizan están vivas.
Ítem más, si no eres pescador de caña desde la costa, que tienes que hacerlo en una barca, ¿has intentado remar con un solo remo?
Vaya, que lo de manco…
Pero lo peor es lo de “Que la leyenda sea cierta o no parece irrelevante”. Que ya tenemos lo del cojo de Calanda y la Virgen del Pilar. ¿Por qué dudar de la certeza?
Y si no es cierta ¿por qué la iglesia en ese lugar?
De cualquier manera, ese “Isidoro” del siglo III, no fue “nuestro Isidoro” del siglo VI.
El lugar es de postal y que no te lo puedes perder, aunque sin Miquel no hubiésemos podido llegar hasta aquí.
Después nos vamos hacia el extremo norte de la isla y finalmente regresamos hasta el centro subiendo hasta el castillo de Plátanos. Y aunque ya estaba cerrado si hemos podido ver desde una capilla cercana todo el paisaje hasta Agia Marina.
Bajando, ya casi de noche, parada breve para fotografiar los molinos que ahora han sido transformados en casitas de alquiler.
Última parada en la misma pastelería de ayer y donde gracias a Miquel y a su conocimiento del griego hemos conseguido tomar un café con leche que no fuese un “latte”. Impresionantes pasteles.
Finalmente, Miquel nos lleva hasta el hotel y nos despedimos de él. Irá a Lakki a coger el ferry hasta Atenas, de allí a España, dos días en casa y ya tiene comprado el billete para ir a Vietnam.
Ha sido un encuentro increíble y que recordaremos siempre.
Nos quedamos además de con toda la experiencia de conocerlo, de una frase de su padre que nos servirá como consigna moral para determinadas circunstancias: “Si hay que regalar, hay que regalar bien”.
10254 pasos (a pesar del recorrido en coche).
Etiquetas: 2025, Agia Marina, Dodecaneso, Grecia, Lakki, Leros, Plátanos








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