
Leros lo teníamos en nuestras primeras previsiones, luego cuando encontramos a Miquel nos dijo que no merecía la pena, aunque allí es donde él guardaba el barco. Así que lo eliminamos del plan y pensábamos ir de Kálymnos a Patmos. Al final hemos cambiado de planes al no haberse publicado todavía hoy, 29 de octubre, los horarios de los viajes de ferri entre Patmos y Samos o Icaria, que en este caso los cubre la compañía SAOS y no la Dodekanisos que es la que hemos utilizado hasta ahora.
Así que hemos decidido venir dos noches como siempre a Leros y luego ir desde allí a Patmos y esperar el famoso “timetable” de SAOS.
Esta mañana otra magnífica vista sobre la bahía de Kálymnos. Este apartamento tiene esa baza como la mejor, que te levantas y ves esa maravilla.
Nos vamos al puerto (3 minutos hasta el ferri) y antes paso por una oficina de billetes de ferris que hay al lado: siguen sin saber nada seguro, pero me adelanta que en invierno suele haber viajes de Patmos a Samos algunos días, pero me insisten que todavía no se sabe nada. Realmente es algo peculiar en este país que a pesar de estar en Europa se hagan cosas como estas: a dos días del cambio de mes, o quizás de temporada, no se hayan publicado los horarios de los ferris, imprescindibles para moverse entre las islas.
Esperamos la llegada del barco que hoy ha roto su habitual puntualidad; no sé si tendrá que ver con que hoy el mar está más picado de lo habitual.
La meteorología anuncia rachas de viento de hasta 45 millas por hora. Luego comprobaremos en el barco que se mueve mucho más que cualquier día anterior.
Como siempre la subida y bajada de viajeros se hace rápidamente, como si fuese un autobús urbano de Madrid: nada de estar 5 minutos (los que llaman, mal llamados, “5 minutos de cortesía”), por si viene algún retrasado.
Hoy viajan en el barco un grupo de media docena de soldados que desembarcarán también en Leros y que quizá estuvieron en el desfile de ayer en Kálymnos.
Entre los que nos vamos destaca una pareja que se despiden cariñosamente, pues él va a coger el barco y ella se queda. Creo que el muchacho, menos de 40, hasta tenía los ojos llorosos: ¡un romántico! (O un llorón).
Estamos un ratito en cubierta, en la popa y me sorprende una abuelita sentada allí donde solo están los fumadores y nosotros, pues además de tener un aspecto un tanto desvalido lleva un bastón. Imagino que irá hasta el último destino pues con el movimiento que lleva hoy el barco no creo que pudiese bajar ella sola las escaleras hasta la salida.
También me sorprende lo despoblada que está esta isla, Kálymnos, pues el ferri la bordea mucho rato.
Esa soledad solo se ve rota por una ermita estratégicamente situada para que no puedas llegar hasta allí, pero debe ser tan fotogénica…
Llegamos a Leros y allí bajamos solo 3 o 4 pasajeros y los soldados.
Siempre buscamos alojamientos que estén cerca del punto de embarque, pero este de hoy está un poco más lejos: 15 minutos según Google. Lo bueno es que además de que el día era espléndido el trayecto es recto, solo una ligera subida, y enseguida llegamos al hotel que ha resultado ser uno de esos tipo “resort de vacaciones” con grandes jardines, gran hall de entrada y gran piscina. ¡Lástima que no vamos a aprovechar nada de esto!
La habitación estupenda con “vistas al mar” y 20 m², aunque sin sillón, sí con una mesa y una banqueta para poder escribir este borrador. Y una terracita.
Lo del “sillón” para mí es una referencia en los hoteles, pues es la condición “sine qua non” de mi amigo Luis, para seleccionar un hotel y una habitación.
En nuestros viajes siempre tenemos esas dos referencias, que son como lo del “Metro de platino iridiado» que según mis profesores escolapios estaban en el “Museo de Pesas y Medidas” de París: “el sillón de Luis” (aunque tendría que decir “los sillones de Luis” pues también exige otro para su consorte) y “las escaleras de Marisa”, esta última no se refiere a “mi” Marisa, sino a nuestra amiga Marisa y si ella podría o no acceder a determinados sitios, como por ejemplo el apartamento de Kálymnos donde no podría hacerlo pues tenía una escalera de caracol de campanario, pero de campanario estrechito.
Esta isla tiene dos poblaciones a las que llegan los ferris y debes tenerlo en cuenta no solo para llegar sino también para partir, pues por ejemplo para ir a Patmos desde esta isla de una sale a las 6 de la mañana y de la otra a las 11.
Nosotros nos decidimos por el de Agia Marina, el de las 11. El otro es Lakki donde está nuestro amigo Miquel, el navegante solitario, reparando su velero.
Primero los nombres para no equivocarse: Leros, en griego Λέρος, se pronuncia “Léros”, Lakki, Λακκί, se pronuncia “Lakkí” y Agia Marina, Αγία. Μαρίνα, se pronuncia “Ayía Marína”.
De mi guía:
“Como la isla de Léros está salpicada de bahías profundas y resguardadas, con pequeños asentamientos, no tiene una capital definida. Los ferris llegan tanto a Lakkí, en la costa oeste, como a Ayía Marína, en la costa este, pero ninguna de las dos es recomendable para alojarse. En cambio, los visitantes se concentran en los balnearios de Pandélli y Álinda, y en el más refinado Plátanos, en la ladera de la montaña.
Si bien Léros puede ser muy atractiva, no cuenta con playas espectaculares, por lo que el turismo sigue siendo relativamente discreto.
La isla aún conserva vestigios de la Batalla de Léros de noviembre de 1943, cuando paracaidistas alemanes desalojaron a una división de la Commonwealth que había ocupado Léros tras la capitulación italiana. Conos de bombas y casquillos de proyectiles aparecen como adornos de jardín pintados con colores vivos o sirven de postes de entrada. Después de la guerra, la economía local dependió de las prisiones y sanatorios ubicados en antiguos edificios militares italianos. Durante la guerra civil y la posterior dictadura militar, los izquierdistas fueron confinados en un tristemente célebre centro de detención en Parthéni, mientras que los hospitales de Lecida, a 3 km de Lakkí, albergaban casos psiquiátricos complejos y niños con discapacidad intelectual. En 1989, un gran escándalo puso al descubierto las condiciones en los asilos, y la mayoría de las salas fueron clausuradas: hoy en día, los asilos acogen al número relativamente pequeño de refugiados que llegan a Léros.”
Si has llegado hasta aquí ya comprenderías que no parece que esta isla sea un lugar ideal para visitar y menos Agia Marina de la que dice como de Lakki que “ninguna de las dos es recomendable para alojarse”.
De nuestra Agia Marina solo dice que “Cinco kilómetros al norte de Lakkí, al otro lado de la isla, una franja urbanizada continua que asciende por una pequeña cresta conectando dos bahías de la costa este consta nominalmente de tres pueblos distintos. En la orilla de la bahía norte, Ayía Marína se extiende a lo largo de un muelle utilizado por los pequeños transbordadores interinsulares. Justo encima, el antiguo Plátanos se alza bajo un castillo de caballeros, mientras que en la bahía sur se encuentra Pandélli, un pequeño balneario animado pero atractivo”.
No te fíes mucho de las guías.
Wikipedia solo dice que “El centro administrativo y la ciudad más grande es Agia Marina, con una población de 2.380 habitantes en 2021. Otras ciudades importantes son Lákki (2.093 habitantes)…”
Etiquetas: 2025, Agia Marina, Dodekanisos, Ferri, Grecia, Kalymnos, Lakki, Leros







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