
Dejamos el apartamento y vamos a la búsqueda de un restaurante que recomienda la guía y que está en Horió y como no somos “day-trippers”, la famosa escalinata de Kali Strata no nos disuade, ni desalienta, que es lo que significa el verbo “deter” de la guía y además el restaurante recomendado estaba en el “top of Kali Strata”. Vaya, que no había ninguno “más allá”.
Pero ha merecido la pena el esfuerzo porque además de por la comida estupenda, las vistas y todo el paseo hasta allí me han reconciliado con mi idea de Grecia y sus islas.
La camarera e imagino que dueña era encantadora y nos ha obsequiado con un dulce típico de postre además de un par de besos.
A esta señora le he pedido un café y entre las opciones de “griego”, “nescafé y “té” he elegido ”griego sin azúcar”, y se ha quedado tan sorprendida por la elección que me ha dado una cariñosa palmada diciéndome que era un verdadero griego. (Si le hubiese pedido “café turco”, que es el original, creo que no le habría hecho tanta gracia). El café muy bueno, el mejor de este viaje y con un centímetro de poso denso como si fuese escayola.
Solo había otra mesa ocupada por unos parlanchines ingleses que no sé como habrían llegado hasta allí por su condición física, aunque han reservado una mesa para volver con una amiga.
Estos ingleses creían que éramos unos marcianos cuando nos han preguntado por el viaje que estábamos haciendo:
“-¿Adónde vais desde aquí?
-A Tilos y luego a Kos.
-¿Y después de Kos?
-Pues dependerá de los ferris. Lo único seguro es que el 8 de noviembre tenemos que estar en Atenas para regresar a Madrid”.
Y eso les ha dejado maravillados y han dicho algo así como que lo que hacíamos nosotros era «viajar libre como el viento», «travel free as the wind».
Aunque a lo peor han dicho que esta pareja de abuelos, nosotros, estaban majaretas, “this pair of grandparents are crazy”.
Pues ya que estábamos casi en el “top” de Horio decidimos subir al verdadero “top”, el “castillo de los caballeros”, “Knights’ castle”. Y si en la subida desde Yialós hasta el restaurante apenas nos hemos cruzado con media docena de turistas en este último tramo no hemos visto ni uno, pero sí a algún habitante de la zona pues llegan hasta aquí en moto.
Pasamos por delante de una casa con una curiosa fachada y un letrero que según Google significa “Demonio Famakion 1884”. O Google tiene mucha imaginación o realmente esta casa era la de un demonio.
Error. El traductor pensaba que el texto estaba en inglés, pero cuando le dije que el original era griego me tradujo como “Farmacia Municipal 1884”. Ya ves, a mí me parecía más bien una logia masónica. Lo que tiene el haber ido al colegio en época franquista.
Seguimos y encontramos un curioso plano para no perderte camino del castillo y donde te das cuenta de la cantidad de escaleras que debes subir para llegar hasta allí.
Del castillo apenas queda nada, pero han construido una iglesia en el mismo emplazamiento. Es moderna, sin demasiado interés, pero con unas vistas maravillosas sobre Symi y su bahía.
Bajamos por la Kali Strata contemplando las casas que hay, algunas pocas transformadas en “suites” o establecimientos hoteleros semejantes, pero no logro entender quién podrá alojarse allí con la dificultad de acceso; otras son viviendas casi normales y algunas en buen estado pero cerradas, bastantes en estado de abandono y eso que esta ciudad se ha volcado al turismo, pero no creo que los abuelitos europeos que son los que se han quedado se atrevan a subir en aquel entorno de cientos de escaleras para llegar hasta aquí, aunque sea todo precioso.
En un poste hay pegado un letrero con mucha información y gracias a Google me entero que se refiere a una fiesta que harán en honor de San Sozón. ¡Vaya nombre para un niño!
Claro que no sé si no era peor su nombre antes de ser bautizado, Tarasios.
En la bajada vemos una bonita casa que tiene una pequeña lápida que me llama la atención y de nuevo gracias a Google, me entero que dice: “Construida en 1870. El “Rey de las flores” Michael Konstantopoulos vive aquí desde 1915”
Imagino que el pobre Miguel ya no vivirá aquí, vaya, ni aquí ni en ningún otro sitio. Pero es bonita.
Llegamos a Yialós, damos una vuelta por el puerto y está todo tan tranquilo y es tan bonito que pienso que por qué no nos habremos quedado aquí más días, pero ya tenemos el billete a Tilos y esta mañana he comprado en el puerto de Rodas el del ferri a Kos, así que nos marcharemos, pero con pena.
En el paseo por el puerto unas señoritas me piden que las fotografíe y es que se han sentado en unas escaleras que suben hasta una espléndida casa y esas escaleras eran algo increíbles por lo empinado de la subida y es que nosotros cuando vemos ese tipo de acceso, vaya, de difícil acceso siempre pensamos en nuestra amiga M y con la misma frase: “Ella no podría venir aquí”, aunque sí que puede ir a muchos sitios pues no le arredran las dificultades: una mujer con coraje.
Hoy 10 mil pasos, pero con la subida hasta el castillo cuentan el doble. O quizás el triple. Y si tienes en cuenta la (jodida) rodilla derecha de Marisa quizás el duodécuplo (gracias RAE).













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