3. India 2025. 1 de julio de 2025, martes. Tercer día de viaje. Bombay.

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El primer desayuno de este viaje ha estado bien: fruta, papaya, sandía y plátano, varias bandejas de comidas indias, salchichas de pollo a rodajas y huevos duros.

El “maître” no podía ser más solícito con nosotros. Se llama Thomas y al preguntarle yo si con ese nombre era cristiano me ha dicho satisfecho que sí y ha añadido que “roman”, lo que aquí quiere decir católico.

Me ha explicado cómo comer cada cosa de las bandejas con comidas indias y con cuál de las dos salsas disponibles. 

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Consigo cambio en la recepción del hotel y el siguiente paso es la obtención de una tarjeta SIM lo que podemos hacer en una tiendecita que está enfrente y aunque el vendedor ha tenido que hacer un montón de gestiones y entre otras una fotografía mía, no ha sido tan difícil como en Amritsar en el viaje anterior: 2 GB por día y llamadas interiores.

Desde allí en un paseo hasta la estación de Victoria Terminus donde con tesón en la búsqueda hemos dado con la “ventanilla para turistas”. Y allí al lado una curiosidad: un banco para sentarse “Foreign tourist only”.

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He podio comprar tres tramos del recorrido en ferrocarril, pues el primero a Udaipur lo haremos en avión.

Al comprar los billetes he añadido una etapa más, pues para ir de Jaipur a Manali he encontrado un tren que iba a Chatisgarh y desde allí se puede ir en autobús hasta Manali.

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Paseo vespertino por Marine Drive que vuelve a estar muy animado y con algunas chicas vestidas totalmente a lo occidental lo que hasta no hace mucho era impensable y que imagino seguirá siéndolo en las pequeñas poblaciones.

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Más tarde vamos a Puerta de la India que está a 5 minutos del hotel y visita a la fachada del Taj Mahal Hotel.

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Cuando vamos a cenar el primer chaparrón, aunque hay anunciadas lluvias todos los días.

Así ha trascurrido el primer día de la India.

El segundo lo vamos a dedicar a la isla Elefanta.

El “maître” del desayuno nos prepara unos buñuelos de esos vacíos y nos enseña cómo se comen con una pasta a base de patatas.  Y además nos ha ofrecido tortilla, o sea un desayuno estupendo.  

Lo de la “enseñanza” no es ninguna tontería porque imagínate que en España te pusieses mayonesa y mermelada de arándanos en la tostada o con los churros.  Pues aquí algo parecido si no sabes como comer cada cosa con su salsa correspondiente.

El recorrido desde el muelle hasta la isla es muy interesante. Al principio porque ves la Puerta de la India y el hotel Taj Mahal y luego porque te cruzas con un montón de barcos muy diferentes que están fondeados, imagino que esperando la entrada en el puerto.

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En la isla al llegar visitamos la primera cueva que es la más interesante con la suerte de que estamos solos pues nos hemos adelantado al resto de los pasajeros del barco. Luego una fuerte luvia, esta sí ya monzónica, nos obliga a resguardarnos en los lavabos.

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Booking, la web con la que contraté los hoteles, te ofrece paquetes de visitas turísticas de las ciudades donde tienes contratados esos hoteles y así aquí en Bombay; lo curioso es que hay una en helicóptero hasta un pueblo por 3.700€ y otras por 10 mil y pico.

Además, no son reembolsables y con este tiempo tan inestable…

Pero como decía “el Gallo” (que no lo decía) “es que hay gente pa’to”.

Por la noche visita a la estación Victoria Terminus para ver su iluminación. 

2025. India. Bombay.

Tercer día en Bombay.

El “maître” sigue siendo tan amable conmigo como los otros días y esto que puede ser una ventaja también puede no serlo, pues hoy me ha preparado un plato con un bol de garbanzos y con un gran buñuelo. Afortunadamente estaban exquisitos, pero si no lo hubiesen estado también me habría visto obligado a comérmelos. 

¡Lastima que no le entienda casi nada de lo que me explica!

2025. India.Delhi.

Hoy empezamos la visita turística con el “Mahalaxmi Dhobi Ghat”, la gran lavandería de Bombay. Primero desde el mirador que hay por encima, pero que debido a la lluvia estaba con gran parte de los tendedores cubiertos de plásticos. Luego hemos bajado a las “infiernos” donde esta vez hemos podido entrar sin ningún problema.

Desde allí a la dargah de Haji Ali. El ambiente sigue siendo tan interesante como siempre, aunque de nuevo compruebo que no es comprable con la de Ajmer.  

Un letrero te advierte de los “falsos gurús” que pidan dinero. Muy bien.

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Hoy como ayer hemos estado en restaurantes de los “recomendados” y en ambos casos aunque son muy interesantes tienen el problema de eso, de estar “recomendados”, lo que quiere decir que seas de Alcañiz o de Shanghái vas a ir a cenar allí.

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En la acera enfrente del hotel hay un joven con un puesto callejero de libros y como caen chaparrones de forma intermitente, cada vez que cae uno recoge los más expuestos y tapa todos con un gran plástico. Cuando para de llover vuelve a exponer la mercancía y de nuevo a recogerla cada vez que llueve. Viendo aquel sinvivir y el poco éxito de su venta me pregunto que cómo podrá subsistir.

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Pasamos por el “oval maidan” que ahora parece que está en reparación, imagino que aprovechando la temporada de lluvias y de nuevo a Marine Drive que está muy animado.

Creo que si viviese en Bombay también iría muchas tardes a pasear por este lugar y a ver la puesta de sol, la haya o no.

Al despedirme del recepcionista, pues mañana cuando nos vayamos no estará, me dice que haga una buena crítica del hotel y que lo nombre a él. Y eso haré pues ha sido muy amable y me ha ayudado en cuanto le he pedido.

Esto de las críticas de los hoteles en las webs es muy interesante, pues he oído a un experto en publicidad que decía que ahora son más importantes las estrellas y clasificaciones de los establecimientos que las campañas de publicidad que puedan lanzar en los medios convencionales. De ahí el peligro de la comercialización de esas críticas sean positivas o negativas.

Pues lo he hecho y he escrito de lo bien que me ha tratado el señor Hussain.

Dia sexto de viaje y cuarto en Bombay.

Hoy nos vamos a ir de Bombay a Udaipur, pero aprovechamos la mañana para ir a ver a los “dabbawalas” a la estación de Churchgate.

En nuestro primer viaje a esta ciudad los vimos y era algo espectacular. Si algún día logro digitalizar las fotografías de entonces las publicaremos. Lo recordaba con hombres vestidos de blanco, con una kurta y un dhoti y un sombrerito tipo “Gandhi”, con un montón de fiambreras encima de un tablón bajando de los trenes y marchando por Bombay para repartirlas por esta ciudad. 

Ahora no es tan sorprendente, pero ya sé cómo funcionan.

Así que nos apostamos en el andén número 4 siguiendo las indicaciones de un policía al que le he preguntado,

Aparecen los dabbawalas llevando no fiambreras sino bolsas isotérmicas y alguna de plástico, salen a la acera y las dejan en montones según el destino. Allí las recoge otro dabbawala y se las lleva a pie, en bicicleta o en carro para repartirlas sus destinatarios. 

2025. India. Bombay.

De Wikipedia:

“Un dabbawala es un habitante de la ciudad india de Bombay empleado en una industria de servicios única, cuyo principal negocio es la recogida de comida recién cocinada en cestas de almuerzo desde la residencia de los trabajadores de oficinas (principalmente en las afueras), transportándola a sus respectivos lugares de trabajo y posteriormente devolviendo las cestas vacías usando varios medios de transporte”.

“El concepto de dabbawala se originó en la India tras el dominio británico. A muchos ingleses llegados a la colonia les desagradaba la comida local, por tanto, se creó un servicio para llevar el almuerzo al lugar de trabajo de las personas que vivían lejos del mismo. En la actualidad, los hombres de negocios indios son los principales clientes de los dabbawalas, proveyéndolos de la comida y el envío”.

Yo había leído antes que era porque los indios estaban sujetos a muchas restricciones en sus comidas y que por tanto solo tenían confianza en la que les preparaban en sus hogares.

En su web dicen que reparten más de 200 mil comidas cada día, pero en algún lugar he leído que ha bajado mucho este servicio con motivo de la COVID cuando se suspendió.

2025. India. Bombay.

Un artículo de El País de marzo de este año habla de 100 mil comidas.

A uno de ellos le hace gracias fotografiarse con mi nieto.

He comprobado en internet que hay agencias de viaje que organizan visitas a esta estación para ver a los dabbawalas y así hemos coincidido con un grupo de blanquitos con un guía. Parece mentira que hasta para una actividad así alguien necesite que lo lleven.

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Al lado de esa estación de ferrocarril que es de cercanías (o eso me parece pues las vías acaban allí y ninguno de los trenes parece de largo recorrido) están las antiguas dependencias de la “Western Railway Headquarter”, precioso edificio colonial antes “Churchgate Terminus”.

Ahora hay una parte de visita libre muy interesante.

Acabamos el día turístico con la visita a la catedral de Santo Tomás.

Hemos contratado un coche en Booking para ir al aeropuerto, pero no llega y afortunadamente desde el hotel nos buscan una alternativa, aunque ese retraso y los embotellamientos que encontramos me hacen pasar un mal rato pensando que no íbamos a llegar a tiempo.

¿Por qué nunca puedes estar confiado de que todo funcionará según lo previsto?

Además, tienes que tener en cuenta los controles en los aeropuertos indios. Así ya hay uno al llegar a la puerta exterior: si no tienes billete no te dejan entrar.

Ya dentro del recinto y quizás por la premura del tiempo nos indican una “fast lane”, o algo así, donde una joven sordomuda (llevaba una placa que decía que quizás no te entendería bien, así que hablaba raro, pero no he sabido su grado de discapacidad), nos da los billetes y las cintas que deben llevar las maletas con las que nos dirigimos a un mostrador donde nos atienden enseguida.

Si hubiésemos tenido que hacer la cola normal no hubiésemos llegado a tiempo.

Después el control personal y del equipaje de mano y un consejo: deja en las bandejas de control del equipaje los caramelos, los bolígrafos y los cargadores de baterías que en otros países no te obligan a sacarlos.

Esta terminal, la T1, es pequeña y moderna y creo que es solo para vuelos nacionales.

Y ya de Bombay nos vamos a Udaipur.  

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