
Templo de Akshardham
Primero la historia. (De Wikipedia y la guía).
“… el complejo exhibe milenios de cultura, espiritualidad y arquitectura hindú, tanto tradicional como moderna. Inspirado por Yogiji Maharaj y creado por Pramukh Swami Maharaj , fue construido por BAPS. Es el segundo templo hindú BAPS más grande del mundo, después de Akshardham, Nueva Jersey, en Estados Unidos”.
¿Qué significa “BAPS”?: pues menos mal que han dejado su acrónimo, porque su nombre es casi impronunciable: “Bochasanwasi Akshar Purushottam Swaminarayan Sanstha”.
“La filosofía de BAPS se centra en la doctrina de Akshar-Purushottam Upasana, en la que los seguidores veneran a Swaminarayan como Dios, o Purushottam, y a su devoto más preciado, Gunatitanand Swami, como Akshar. En 2024, BAPS contaba con 44 mandirs shikharbaddha y más de 1300 mandirs en todo el mundo…”.
Como ves si sigues indagando en cada palabra o concepto que no conoces te harías un experto en hinduismo moderno. Así que lo dejo aquí, pero te dejo la explicación de “mandir”.
“Un mandir es un templo hindú, jainista o budista con un pináculo en la cima de su santuario sagrado que lo hace parecer delimitado por la cima de una montaña”.
Y más sobre este complejo:
“Elevándose imponente sobre los suburbios orientales, el controvertidamente ostentoso Templo Akshardham del grupo hindú Swaminarayan incorpora elementos de la arquitectura tradicional de Orissa, Gujarati, Mughal y Rajastán.
Rodeando esta joya espiritual se encuentra una serie de exposiciones con aires Disney, que incluyen un paseo en barco a través de 10.000 años de historia de la India, animatrónicos que narran historias de la vida de Swaminarayan y fuentes musicales.
El interior ofrece un viaje casi psicodélico a través de la mitología hindú, con 20.000 deidades, santos y seres míticos tallados. Reserve al menos medio día para disfrutar del templo (los días laborables hay menos afluencia)”.
En definitiva, que este gran complejo se ha hecho para honrar la memoria de Swaminarayan, antes conocido como Sahajanand Swami y nacido como Ghanshyam Pande. (Hasta en esto me recuerda a Torre Ciudad: San Josémaría, antes Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás marqués de Peralta, nacido José María Escrivá Albás).
La entrada es gratuita, pero hay tres actividades por las que tienes que pagar (esta vez sin discriminación nacional) si quieres verlas y que recomiendo que lo hagas.
La primera es una serie de teatrillos (no sé la palabra exacta para describirlos) donde se muestra la vida del santo, durante unos minutos cada uno y que tienen figuras como de cera o látex, pero con alguna actuación y con una dicción en inglés, como fue nuestro recorrido, muy buena.
La segunda es un trayecto en barca, ¡sí, en barca!, por un canal donde se muestra la grandeza de la India y con sus hazañas culturales desde su origen. Aquí los muñecos son inanimados, pero muy bien conseguidos.
La tercera es una película en una pantalla enorme, tipo IMAX, donde primero un actor niño, y luego un actor joven se ponen en la piel del santo y nos enseñan su vida y milagros desde que se fue de casa a los 11 años hasta que una especie de santo le nombra su sucesor en la santidad.
¿Es “puro Disney”? Pues quizás sí, pero está todo tan bien hecho y con tanta ingenuidad que nos encantó haberlo visto.
Solo nos quedaba el plato fuerte, la visita al templo para lo cual sí que había que descalzarse, ya me parecía a mí demasiado bueno eso de ir calzado, pero aquí de nuevo la eficacia de esta organización: una consigna de zapatos que estaba metida en un semisótano y que me recordó una historia de la mili.
En mi cuartel había un destino que era cuidar a las mulas que había allí. Ya te imaginas que eso debía ser una reliquia de la época colonial, pues era en Melilla.
El chico que las cuidaba se quedaba a dormir allí en la cuadra; pues bien cuando entraba en el botiquín, donde yo tenía mi destino como enfermero, desde la puerta su aroma era inconfundible.
NB.
Me llamaban “enfermero”, aunque tengo un amigo experto en temas militares que siempre me corrige y me dice que yo no era “enfermero”, que era “sanitario”.
Así que imagínate a los pobres “recoge zapatos” metidos en aquel agujero que olía a rayos durante todo el día y todos los días de la semana. Imagino que cuando entre en su casa todos sabrán que ha llegado antes de decir nada.
Antes de llegar al sanctasanctórum pasas por una pequeña capilla donde puedes realizar el “abhishek”.
¿Qué es el abhishek¿
“Es el baño ritual de una deidad para el cumplimiento de sus oraciones. El adorador vierte agua sobre la deidad mientras canta oraciones y mantras”.
Esto lo habíamos visto en casi todos los templos donde los fieles echaban agua, leche o el líquido de un coco por encima de un dios o de Dios, pero es que aquí tienen una sala increíble solo para este ritual.
Como no tengo fotos te dejo este enlace a una web oficial del sitio.
Aquí el agua la echan sobre una figura de un niño, que es nada menos que la de “Neelkanth Varni: la forma yóguica juvenil de Bhagwan Swaminarayan”.
Vaya, el niño de la película que habíamos visto que se fue de casa a los 11 años.
Después admiras un enorme friso alrededor del templo con figuras de elefantes, todo, como el resto del recinto, hecho con piedra arenisca roja de Rajastán.
Y entras en el templo y te quedas boquiabierto: es algo increíble.
Delante de la figura del santo la gente se agolpa imagino que pidiéndole lo típico que se les pide a los santos: salud, dinero y amor (y como diría la copla “el que tenga las tres cosas que le dé gracias a Dios”).
Hay un restaurante muy grande y muy animado y le pregunto a uno de los que sirven la comida si uno de los apetitosos platos es picante. Me dice que sí, le pregunto por los demás y me contesta que todos y acaba con una frase definitiva: “No para turistas”.
Así que abandonamos el lugar cuando están llegando tropeles de visitantes y en el camino al metro pasamos por delante de un local de “Haldiram”, cadena que conocemos de otros viajes en Delhi o en Calcuta y donde había algunos platos que sí se podían comer.
Error.
Solamente los sándwiches que se comió Marisa tras mucho insistir en que no tuviesen picante. Mi plato, que escogido por una amable jovencita cajera, “Executive thali”, quien me aseguró que no iba a picar pues lo prepararía ella personalmente… ya te lo puedes imaginar.
Con el metro regresamos al hotel y tras un breve descanso damos una vuelta por Connaught Place donde encontramos la pastelería que nos proveía de provisiones cuando íbamos al aeropuerto y también una “lechería” donde siempre tomábamos un batido. Ambos lugares estaban a rebosar pues es domingo y estamos en uno de los sitios favoritos del personal.
A regresar al hotel volvemos a pasar por delate de templo cuyo entorno está llenos de monos y volvemos a ver a uno que se está comiendo un helado que imagino pertenecía a un niño que estaba cerca con sus padres llorando desconsoladamente.
Entre tanta gente es más fácil pasar desapercibidos pues solo nos han entrado cuatro ganchos.
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