
La isla Elefanta tiene una superficie de 16 km² y una población de unos 1200 habitantes.
Y algo muy importante: No se permite pasar la noche a los turistas. Así que no te despistes con el último ferri, o tendrás que volver nadando. (No hay tiburones).
Isla Elefanta.
Su historia de Wikipedia: “el nombre de la isla de Elefanta (en portugués: ilha do Elefante), fue dado por exploradores portugueses del siglo XVI, tras ver una escultura monolítica de basalto de un elefante encontrada cerca de la entrada. Decidieron llevársela a casa, pero acabaron arrojándola al mar porque sus cadenas no eran lo suficientemente fuertes. Más tarde, esta escultura fue trasladada por los británicos a los jardines Victoria y luego al Museo Victoria y Alberto (actual Museo Dr. Bhau Daji Lad) de Bombay. Esta isla fue en el pasado la capital de un poderoso reino local. En el Manuscrito F de Leonardo da Vinci hay una nota en la que dice «Mapa de Elefanta en la India que tiene Antonello el mercerero». No está claro quién pudo ser este viajero florentino, Antonello”.
Y esta isla es famosa por sus cuevas.
También de Wikipedia: “Las Cuevas de Elefanta son un conjunto de templos rupestres dedicados principalmente al dios hindú Shiva, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las cuevas de Elefanta contienen esculturas de piedra talladas en la roca, principalmente en altorrelieve , que muestran un sincretismo de ideas e iconografía hindú-budista. Estas datan de entre los siglos V y IX”.
La primera cueva es la más interesante y creo que el 98% de los turistas solo visitan esta. Desde luego los grupos y los que llevan guías ya no intentan ver las otras, excepto la número 2 que está conectada con la 1.
La obra maestra de estas cuevas es una estatua de Shiva llamada “Trimurti”.
Un cartel informativo dice que tiene cinco caras de las que describe las tres que se ven.
“La cuarta cara esta “implied” (¿sobrentendida, implícita o insinuada?) y la quinta inmanente transciende la vista de los mortales y, por tanto, nunca se talla”.
Por si te has perdido: “Inmanente: Que es inherente a un ser o va unido de un modo inseparable a su esencia y no proviene de una fuente exterior”.
Si te parece difícil de entender lo del Espíritu Santo en el cristianismo, con la teogonía hindú te volverías loco.
Y una vez más los barbaros han dejado sus marcas en la piedra, aunque solo en una columna y en el pecho de una estatua de Shiva con la palabra “WMDSON” o algo así.
Hay varios vigilantes de una empresa de seguridad que se prestan a hacerte las fotos con tu teléfono y hay uno que es un artista y que indica exactamente la posición y el gesto que debes tener y he comprobado que tiene mucho éxito. Ni idea de cuanto es la recompensa.
El resto de las cuevas no merece la pena pues además de no tener estatuas o solo algunas deterioradas, están reparadas de tal manera que se ve el hormigón y el forjado.
Hemos podido fotografiar un techo cubierto de unos simpáticos insectos, de los que no hemos podido saber el nombre.
En el camino un pequeño encontronazo con un mono y es que son molestos, pero no peligrosos, aunque se te encaran feroces.
En el regreso hemos visto como un señor que andaba comiendo un paquete de galletas se ha asustado tanto ante la actitud agresiva de un mono que se le has tirado y así este animal ya sabe (creo que ya lo sabía antes) que mostrándose agresivo con los humanos conseguirá su comida.
Y por supuesto hay letreros que avisan que no alimentes a los animales salvajes.
En esta visita nos hemos encontrado con una pareja mayor que, aunque eran de Madrid, el padre de él era de Ráfales, un pueblo cerca del mío, y con un grupo de tres jóvenes también de Madrid y ha sido divertido ver como estos evitaban a los monos; nos han reconocido que no les gustaban nada, vaya, yo diría que más que no gustarles es que les tenían pánico vista la cara que ponían y la vuelta que han tenido que dar para evitarlos, aunque eran muy pequeños.
Regresamos con el mismo barco, pero esta vez sí que está el patrón al mando del timón y al llegar vemos como el arco de la Puerta de la India está cubierta de andamios por la parte que da al mar y que la vista del hotel Taj Mahal es espectacular.
Llegamos al hotel andando pues no hemos conseguido ningún transporte, vaya taxis con taxímetro pues nos pedían hasta 10 veces más. Y estos abusos me cabrean bastante.
Nuestra amiga Smriti nos recomendó un pequeño restaurante cerca de nuestro hotel que sirven cocina parsi, probamos y por primera vez Marisa se puede comer todo y yo, también por primera vez, un plato de pescado.
Después de un breve descanso volvemos a la Puerta de la India y en el camino encontramos una librería preciosa, Kitab Khana, no tan espectacular ni grande como la del Ateneo Grand Splendid de Buenos Aires, pero sí muy bonita y Marisa ha aprovechado para comprarse un libro de cocina parsi, tan agradecida estaba con la comida de hoy.
En el camino una tienda de fotografía donde en el escaparate tenían carretes de Kodak Gold y de Ilford HP5, que me han hecho recordar tiempos pasados, muy, muy pasados, que para mí no volverán, aunque tengo un amigo que está convencido que la fotografía analógica (“argentique” la llaman los franceses que siempre tienen palabras bonitas para describir cosas sin trascendencia) volverá otra vez.
Así llegamos delante del famoso hotel Taj Mahal Palace del que dice una leyenda que fue construido por JN Tata después de que le impidiesen la entrada en un hotel de Bombay por su aspecto “nativo”. Dicen que es el segundo monumento más fotografiado de la India e imagino que el primero será el verdadero “Taj Mahal”.
En los ataques terroristas del 2008 este hotel también fue uno de los objetivos.
Delante del arco de la Puerta de la India nos sorprende un espectáculo de luz y sonido increíble.
Aquello está muy animado de gente paseando y sobre todo haciéndose fotografías.
Vuelvo a comprobar un aspecto de este fenómeno que me sorprende: las parejas con hijos dejan a estos fuera del posado. Hoy incluso una le ha colgado una buena mochila al pequeño infante mientras los papás posaban para un fotógrafo profesional.
Regresamos al hotel y en el camino una tienda dedicada a las mascotas donde incluso ofrecen un “spa”. Por supuesto me parece un gran disparate en un país con tantas carencias asistenciales.
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