
Hoy nos vamos de esta ciudad y aunque deberíamos pagar esta mañana la factura del hotel, ellos ya deben saber que su “pasarela de pagos” no admite tarjetas que no sean de la India y así ayer por la noche me pidieron que probásemos a pagar con la nuestra y efectivamente falló el pago por lo que el “solo efectivo” puede ser una putada dado que no lo teníamos previsto (y más en un “Opulence”), de manera que nos hemos visto obligados a buscar un lugar de cambio con la dificultad añadida de que es domingo y nuestra zona no es turística, pero lo hemos resuelto. Esperemos que en el resto de los hoteles que nos quedan no tengamos ese problema.
Marisa ha encontrado en internet unos jardines dignos de ver y allí nos vamos y de nuevo algo que me cabrea: los extranjeros pagamos 5 veces más que los indios: ¡CINCO VECES MÁS!
¡Por favor que hagan pagar a los indios 5 veces más cada vez que entren en cualquier centro cultural de pago!
El Louvre, 20€, tú ciudadano indio 100€. El museo Picasso (de cualquier ciudad) 15€, tú 75€.
Y no es que fuese cara la entrada, que no lo era, pero sería lo mismo si lo fuese: ¡extranjero, jódete y paga cinco veces más!
Saheliyon-ki-Bari.
De Wikipedia: “es un importante jardín y un popular lugar turístico en Udaipur. Fue construido entre 1710 y 1734 por Maharana Sangram Singh. Según la leyenda, el jardín fue diseñado por el propio rey y se lo regaló a su reina. La reina estuvo acompañada por 48 doncellas en su boda. Para ofrecerles momentos placenteros lejos de las intrigas políticas de la corte, se construyó este jardín”.
Según esa web “Saheliyon-ki-Bari” significa “Jardín de las Doncellas”, pero según el traductor de Google es en inglés “friends-of-friends”, algo así como “Amigas de amigas” (pensando que eran doncellas), pero del hindi al español sale “absolución de amigos”.
¡Cómo para fiarte de los traductores!
Realmente es un sitio muy bonito donde acuden muchos turistas indios y también algunos pocos occidentales.
Y de nuevo nos piden fotos, especialmente a Marisa.
Hay unas palmeras preciosas, pero con algunos ejemplares con clavos para sujetar el tendido eléctrico, que ya no está, pero los clavos oxidados han dejado su huella y también las incisiones en la corteza de difícil lectura pero que aquí se han quedado. Los bárbaros no tienen fronteras.
Otra característica india: la seguridad.
El personal deja el bolso aquí en los jardines o ayer en los ghats para fotografiarse y no se preocupan de que se los puedan robar. Y es que no deben robar.
En el jardín están trabajando unas señoras plantando en el suelo agachadas y con los vestidos tradicionales. Debe ser muy incómodo ambas cosas, aunque estén acostumbradas a ello. Quizás pertenezcan a grupos desfavorecidos.
El abuelito que nos ha traído aquí con el rickshaw ha querido esperarnos una hora para asegurarse la vuelta hacia la zona de los ghats. Al llegar al destino le pregunto la edad, 65, pero podría ser mi padre y es que la vida conduciendo un motocarro de estos debe ser muy jodida y este hombre no puede ni arrancar el vehículo con la palanca y tiene que pedir ayuda a otros colegas para que se lo arranquen.
NB
Ahora muchos rickshaws tienen arranque eléctrico, pero quedan algunos todavía con arranque mecánico como este.
Llegamos al ghat Gangaur y encontramos de nuevo a novios en sesión fotográfica.
Desde allí al ghat de Ambrai, donde estuvimos ayer viendo la puesta de sol, pasando por edificios magníficos, seguramente antiguos palacios o havelis ahora reconvertidos en hoteles.
Regresamos al hotel para comer y descansar en el hall antes e ir a la cercana agencia de viajes que nos ha vendido el billete de autobús para ir a Bombay.
Allí, al lado un remolque de camión de la “Corporación Municipal de Udaipur” (ventajas de la traducción de imágenes de Google) que tiene un cañoncito donde dice que es un “anti smog gun””. Quizás sea habitual en otras grandes poblaciones, pero es la primera vez que lo veo.
¡Si estará sucio el ambiente para que tengan este artilugio!
Un consejo: no se te ocurra comprar un billete, por lo menos en Udaipur, por tu cuenta a través de la web de la compañía de autobuses pues tienen diferentes puntos de embarque y si no te llevan es difícil dar con ellos. Así el que nos vendió los billetes nos proporciona un rickshaw al que le explica exactamente donde tiene que dejarnos. El hombre llega al lugar, que es un cruce de calles con un tráfico infernal, y espera con el motocarro y nosotros dentro de él hasta que llega nuestro autobús entre un continuo flujo de transportes de otras compañías.
Volvemos a viajar en un autobús nocturno de esos con departamentos como camas y vista la mala experiencia del otro viaje vamos con un cierto recelo, pero esta vez no tiene nada que ver, con unas colchonetas medianamente limpias, conectores de carga USB, luz de lectura (que me permite escribir cuando ya se ha hecho de noche), aire acondicionado del que se puede cerrar el flujo y sin gente larga por los pasillos, pero que de todas maneras no coincidía con las fotografías que nos habían mostrado.
Salimos a las 5 de la tarde, pero a las 6 ya es noche oscura.
Y lo que empezó con una cierta tranquilidad al ver que las condiciones del vehículo eran bastante mejores que el viaje previo se convirtió en una decepción cuando en una parada coincidimos con otro autobús de otra compañía que era realmente como el que nos habían prometido. Y es que no sabes nunca qué es lo que te están vendiendo. Quizás no lo sepa ni el vendedor.
Marisa ha pasado una noche regular, pero yo he dormido casi como siempre.
PS
Para compensar piensa en lo que será viajar en esta moto que hemos encontrado por la mañana en nuestro paseo y sobre todo si vas de paquete.
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