
Durbar Hall Sabhaghar.
Un “durbar” es “la corte celebrada por un príncipe indio” o bien “la recepción formal celebrada por un príncipe indio”. Por lo que el “Durbar Hall” es el sitio donde se celebraba un “durbar”.
A Marisa este maharana le recuerda a un “borbón”.
Wikipedia: “El Salón Durbar fue construido en 1909 dentro del Palacio Fatehpraksh como lugar para funciones oficiales como banquetes y reuniones de Estado. La galería del salón fue utilizada por las damas reales para observar los procedimientos del Durbar. Este salón tiene un interior lujoso con grandes candelabros. Aquí se representan las armas de los maharanas y algunos de sus retratos”.
Fue construido en 1909, durante el gobierno del Maharana Fateh Singh.
Este Fateh Singh “fue el único maharajá que no asistió al Delhi Durbar , tanto de 1903 como de 1911. Luego, en 1921, cuando Eduardo, príncipe de Gales, hijo del rey Jorge V y la reina María, visitó Udaipur, se negó a recibirlo, alegando enfermedad, y en su lugar envió a su hijo”.
Así los británicos vieron que era un gobernante indio problemático y lo depusieron, nombrando a su hijo.
Y esta sala es algo excepcional que, por si te interesa, se alquila para “bodas, bautizos y comuniones”, o sus correspondientes algarabías festivas indias.
Y algo fuera de serie: los mejores y más limpios lavabos de todo el país, tanto que los hemos fotografiado.
Y ya que estamos en el palacio volvemos a pasear por las zonas comunes que ya vimos ayer, excepto una gran pared con pinturas murales muy interesantes.
De nuevo vuelven a pedir a Marisa fotografiarse con ella y está vez una pareja de señoras una de la cuales la ha abrazado al hacerse la foto.
Me sorprende la cantidad de gente que utiliza los servicios de un guía para esta visita del City Palace, muchos son indios, pero la mayoría son turistas occidentales.
¿Para qué necesitará un británico, un francés (hay muchos) o un alemán que le expliquen los nombres de los maharanas, cuándo vivieron y qué hicieron?
En algunos casos se ve que el guía ya viene con el paquete contratado, pero sigo entenderlo.
Otro descubrimiento que no es tal: un par de señoras con tanto vitíligo que se han quedado tan blancas en toda su piel expuesta que casi son albinas.
Y desde allí en un breve paseo al templo hindú de Jagdish.
La guía dice de él que es un templo de estilo “indo-ario” construido en 1651 por el maharana Jagat Singh y le añade el adjetivo de “concurrido”, como si en la India hubiese algún templo que no estuviese “concurrido” en algún momento o en otro. También que la maravillosa esculpida estructura principal alberga una imagen de Shiva en piedra negra como “Señor del Universo”, “Jagannatha” y también una imagen en latón de Garuda, ya sabes, el “dios pájaro”, que sirve de emblema a una línea aérea del mismo nombre.
Y realmente merece la pena a pesar del desalentador tramo de escaleras que debes subir.
Lo primero que debes hacer es descalzarte que los millones de dioses del panteón hindú se cabrearán si unos infieles como nosotros entramos calzados.
¡Qué cosas que tiene los dioses! ¡En qué tontadas pierden el tiempo! A mí se me ocurre que podrían hacer algo para los menesterosos que tanto abundan en los alrededores de todos los templos, pero no, se preocupan por mis putos zapatos. En nuestro caso “las putas sandalias”.
El templo te sorprende por el trabajo escultórico del exterior. En esta ciudad solo piensas en el “City Palace” y en el lago Pichola, pero también tendrías que añadir este magnífico templo.
Y como nos ven tan interesados, los fieles que deambulan por allí nos remarcan algunos de los relieves por si se te había escapado, que sí se nos había escapado.
Como seguimos siendo objeto de deseo fotográfico nos siguen pidiendo fotografiarse con nosotros y en algún caso, lo que es más extraño, simplemente que les fotografiemos.
Una familia de Gujarat quiere comunicarse con nosotros y reclaman a su adolescente hijo que anda por otro lado que venga y hable, pues como buenos padres tienen una elevada, y equivocada, opinión de los conocimientos de su vástago.
El chaval pone interés y hablamos sobe Gujarat, su estado, tema que me ha servido estos días en casi todas las conversaciones pues hay muchos turistas de allí, cosa que también compruebo por las matrículas de los coches, que además provocan algún problema pues dudan en cada cruce o desvío.
El templo está a rebosar pues debe ser un día especial como comprobaremos al atardecer.
La gente, vaya, los fieles cantan y rezan apoyados por un flautista anciano y un tamborilero y unos címbalos.
Y están apretaditos, apretaditos, pero nos percatamos que todos están en el mismo lado pues están esperando pasar por delante del ídolo, así que vamos al otro lado y podemos ver y fotografiarlo a placer, hasta que vemos unos letreros que dicen que “photography prohibited”. Luego compruebo que el personal hace caso omiso del letrero y reanudamos nuestras andanzas fotográficas.
Patochadas de la maravilla del templo:
1. Aprovechando la pared han dejado un par de botellas de agua no sé si por motivos religiosos o porque son unos marranos.
2. Para solucionar el problema del desagüe no se les ocurre nada mejor que sacar un grueso tubo de plástico por la boca de una de las figuras esculpidas, que imagino forma parte de la mitología hindú.
Vemos enfrente del templo un hotel de los que tiene un restaurante en la terraza y allí nos vamos a comer.
Luego, a lo largo del día, veremos que todos los hoteles cercanos al lago, y hay muchos, tienen restaurantes así.
Este tiene unas vistas privilegiadas sobre el templo, pero a pesar de la insistencia de Marisa de que su plato de verduras no picase, cosa que le aseguró el camarero, no lo consiguió; la comida sigue siendo un problema en nuestro viaje.
En toda esta zona se ven bastantes jóvenes musulmanes vestidos de tales y luego caigo en que es viernes y deben ir así “vestidos de domingo”, como antes se hacía en los pueblos.
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