46. India 2019. 16 de octubre, miércoles. Décimo noveno día de viaje. De Kohima a Mokokchung. Tercera parte.

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Y al fin llegamos a Mokokchung.

Habíamos pensado quedarnos dos noches en este pueblo, pero al llegar decidimos quedarnos uno solo así que voy desde la pequeña estación de “tatasumo” a buscar un billete para salir mañana hacia nuestro próximo destino, Jorhat en el estado de  Asam.

Me había informado en la recepción del hotel de Kohima que no hay transporte directo desde aquí hasta Jorhat, sino solo hasta Mariani y menos mal porque sino hubiese sido bastante difícil entender la situación sin saber donde estaba esa población, nueva para mí y adonde no tenemos interés en ir. Así que pido dos billetes a Mariani.

El joven vendedor me enseña el dibujo del coche con sus asientos y me dice que elija pues están todos libres.

“¿Cuál es el mejor?”.  “¿Cómo es de grande su compañero?”.    Curiosa pregunta que me hacen por primera vez en mi vida y a la que me enfrento preguntándome a mí mismo: “¿Cómo es de grande Marisa?”.

Ella no es “grande”, pero me quedo con las dos de la primera fila al lado del conductor. No me hace ninguna gracia pero es que en las otras dos filas irán cuatro pasajeros.

Hoy después de subirse la cuarta pasajera de nuestra fila en el coche pensábamos que los tres abuelos de la segunda fila iban mucho más cómodos que nosotros,  pero hemos caído que seguramente habían comprado el cuarto asiento y así muchos ratos llevaban ellos al bebé. Por cierto que el padre del niño era uno de los nagalandeses más feos que he visto.

Y a apropósito del bebé: muchas veces preguntamos por los habitantes de algún sitio y te dicen lo de “tantas almas”. Hoy viajábamos 11 almas pero solo 9 pasajeros y el conductor.

Nuestro hotel en Mokokchung está cerca de la estación de los “Tata Sumo” pero esta es una ciudad montañosa, como Darjeeling por ejemplo, y el hotel está en lo alto. Así que cogemos un taxi y realmente es una subida fortísima para ir con equipaje.

El hotel lo hemos seleccionado por su situación cercana al centro y porque es el  único del que habla la guía al que califica como “spiffy”, palabra que tengo que buscar en  el diccionario pero que es “buena”, aunque a mí me suena regular: “elegante”, “ a la moda”.

Pues ha sido una decepción, empezando por el recepcionista que era un jovencito engreído y terminando por la habitación: 33 m² de austeridad e idiosincrasia india. Así hay un espejo que se ha roto y lo han arreglado con celo. Una televisión de tubo. Unos muebles que son de los años del cuplé y muy viejos. (Como la frase comparativa). Eso sí, está limpio y luego comprobaremos que en su restaurante tienen un plato de vegetales hervidos que se puede comer muy bien.

El horario de este restaurante también es bastante peculiar, quizás lo típico de este estado: desayuno de 6:60 a 9:30, comida de 10 a 1 de la tarde y cena de 5:30 a 8:30, pero tienes que pedirla antes de las 7.

Bajamos al centro y allí en la fachada de una iglesia un gran letrero anuncia el “Mokokchung Prayer Festival”. Por si estás interesado en este tipo de eventos será los días 8,9 y 10 de diciembre (lo siento por el retraso al escribir pues ya se ha pasado) y la “palabra de Dios  y el rezo serán oficiados (?)por el Dr. Paul Dhinakaran y familia.

Hay una gran fotografía de una pareja de mediana edad y aspecto saludable y dos hermoso hijos. Vaya, eso supongo.

Es un poco tarde para comer si tenemos en cuenta el horario del restaurante del hotel, pero tenemos que hacerlo, pues hemos perdido por el madrugón (y con gran dolor de mi corazón) el desayuno del hotel así que buscamos y encontramos solo un restaurante, pero hemos acertado.

Vaya, a medias, pues a pesar de la insistencia en que los fideos no picasen, tarea en la que nos ha ayudado una joven y muy guapa comensal, no lo hemos logrado.  Sí con un enorme plato de momos.

NB sobre la fotografía.

El señor sentado en la puerta no es un menesteroso a la espera de comida, es un mozo de cuerda esperando  que lo contraten para descargar algún camión o trabajo  similar.

La foto de abajo es de las dos camareras, que no me he atrevido a pedirle un posado a la que nos ha ayudado.

Luego al ir a pagar la dueña se ha mostrado muy interesada en nosotros y en lo que costaba el hotel (no es la primera vez que me lo preguntan en este viaje) o el billete de avión. Me ha tenido 20 minutos charlando.

Y además era “Roman Catholic”. Que aquí nadie dice solo “católico”, que siempre hay que adjetivarlo: “católico romano”.

Vamos a dar un paseo en busca de sabor local y solo lo encontramos en los puestos de pescado y en los de la carne. Lo curioso es que la mayoría estaban en la misma calle aunque agrupados y en aceras opuestas.

Los puestos de pescado tenían buen aspecto, la mercancía y los vendedores, pero los de la carne no tanto.

Yo cuando veo estas tiendas pienso en mi amigo Luis, que es carnicero y me explica los controles sanitarios tan exhaustivos que tienen y eso que ellos solo “matan” cordero. Aquí casi todos los puestos eran de cerdo y unos pocos de ternera. De esta última solo había uno abierto  y con un único trozo de cabeza y un par de lenguas.

Cuando Marisa iba fotografiar a los de los  cerdos uno de los vendedores se ha puesto a hacer el ganso y he acabado con él y otros más fotografiándonos todos juntos y bien cogidos de la mano.

He charlado un poquito con un grupo de mujeres que regresaban a su aldea en un camioncito sentadas en la caja abierta del vehículo.

“¿Sois ‘anamis’?”, (que es el único grupo étnico que conozco). “No, que somos ‘ao’”.  “¿Y en que habláis?”. “Pues en ‘ao’”.  Que les habré parecido idiota con esa pregunta. Tendré que estudiar las variantes locales del nagalandés para mis próximas vistas.

Acabamos temprano en el hotel para poder cenar allí y donde me han dicho cuando hemos llegado esta mañana que no funcionaba,  ni funcionaría internet y después de mucho rato luchando con las aplicaciones del teléfono (¡mira que es incómodo leer el correo allí!) me comunican que sí hay internet, pero solo en recepción.

¡Vaya días que llevo con la tecnología!

PS

A pesar de que son las 12 de la noche en un país donde se cena a la 5 de la tarde, aparecen nuevos huéspedes que llegan a sus habitaciones hablando en voz muy alta como si fuesen las 12 del mediodía. Y eso que aquí son cristianos y por tanto deberían entender el concepto de “prójimo”.

No he visto gente menos preocupada por ello.

2 comentarios to “46. India 2019. 16 de octubre, miércoles. Décimo noveno día de viaje. De Kohima a Mokokchung. Tercera parte.”

  1. La otra Marisa Says:

    Me encanta la foto de los tres cogidos de la mano y la cara de ¿juerga? ¿vergüenza? que tienes en ella. Los mozos tienen toda la pinta de ser hermanos, o al menos a mi me lo parece, porque les veo la misma cara, aunque distinta estatura.

  2. alelsoles Says:

    Pues es que me estaba riendo con lo que hacía el de la izquierda. Y tienes razón: en la foto parecen hermanos. Si volvemos, que no creo, se los preguntaré.
    Un beso

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