42. India 2019. 15 de octubre, martes. Décimo octavo día de viaje. Kohima. Día 2. Segunda parte.

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Khonoma.

La guía le dedica solo unas cuantas líneas diciendo que es una aldea histórica por dos batallas con los británicos en 1874 y 1879 y que tiene unos bonitos campos de arroz abajo en el valle.

 

 

 

Wikipedia le dedica más espacio y así dice que es la primera “aldea verde” de la India. De esta manera la nombran en la información del turismo del estado: “The First Green Village”. Estos del turismo dicen que tiene  unos 3000 habitantes en  unas 600 casas familiares.

El pueblecito está situado en la cresta de una montaña  como se ve desde lejos.

Una cosa que te admira de este pueblo es su alta tasa de alfabetización y eso que la estadística es de 2011, o sea que  ahora será más alta: 93,72 % los varones y 74,19 las mujeres.

Iglesia baptista.

Lo primero que te sorprende de este pueblo es el tamaño de sus dos iglesias, una baptista y la otra católica, en relación al tamaño de la población. Imagino que lo mismo podría decir un hindú que llegase  a España: cómo esos pueblos tan pequeños (y ahora casi sin habitantes) pueden tener esas descomunales (y vacías) iglesias.

Iglesia católica.

El joven nos dice que la mayoría son baptistas: ¿por qué? Pues porque llegaron antes. Ahora bien, todos los del pueblo son cristianos y si hay alguno que no lo es, o sea musulmán o hindú, es que no es del pueblo. Y además todos “angami”.

Así hemos encontrado a unos desmontando una gran antena de comunicaciones con aspecto de indios, indios: no eran del pueblo.  Por cierto, lo de quitar la antena ha sido el resultado de una lucha vecinal pues afeaba la vista de la población.

Y es que es el pueblo mejor conservado y limpio que he visto en este país. Seguro que si hubiese la martingala esa de “Los 20 pueblos más bonitos de España”,  quiero decir de la India, este saldría al lado de Albarracín.

Y los khonomeses se aprovechan de todo ello (y hacen bien) y te cobran una entrada por visitar el pueblo. La verdad es que no hay mucho movimiento, pues en toda la mañana solamente hemos visto a una pareja de ancianos occidentales y a una pareja de indios.

Al comenzar la visita el conductor nos pregunta si queremos ir solos o que nos acompañe y elegimos la segunda opción, sin saber entonces que él era de este pueblo. Y así hemos descubierto la ventaja de llevar a un verdadero angami de Khonoma y no a un nagalandés cualquiera, pues el acompañante de los ancianos ha tenido que preguntar al nuestro varias veces y han dejado de ver cosas muy interesantes.  Y los turistas indios-indios se han merendado el pueblo en un pispás.

Y como hemos descubierto al regresar la verdadera profesión del joven, panadero,  imagino que los khonomeses no paraban de preguntarle que qué hacía paseando a aquellos dos abuelos en lugar de estar haciendo cruasanes y palmeras, pues todos con los que nos encontrábamos le decían algo.  Pero agradable, pues siempre sonreían.

El pueblo es una preciosidad con un solo inconveniente: está situado en el borde una montaña, lo que implica subidas y bajadas sin fin y siempre con escaleras de piedra.  Te lo digo por si quieres venir: piensa en tus rodillas.  O en tus prótesis.

Aquí no hay cementerio. “¿Incineráis a los difuntos como los hindúes?”. “¡Nooo!”. Los entierran  en los patios y jardines de las casas o en unas tumbas al lado de las fachadas.  Generalmente son una especie de mausoleos bastante grandes donde meten a varios miembros de la familia, pero como parece que son todos de piedra no sé cómo resuelven el problema de apertura y cierre.

Veo el de una pareja con sendas lápidas. Él murió en 2005 y en la despedida hace referencia a su viuda, hijos, nietos y biznietos. Ella en 2013 y firman como “Loving Family Members”.

Otra particularidad de Khonoma es que aquí se  desarrollaron dos importantes batallas de los nagas contra los británicos entre 1850 y 1879 y hay varias  torres de observación y vigilancia desde donde puedes contemplar el territorio circundante.

Una lápida de piedra describe las vicisitudes de uno de estos “fuertes”:

Construido en 1825. Primera batalla contra los británicos en 1850. Segunda batalla contra los mismo en 1879 y demolición del fuerte.  En 1890 segunda reconstrucción. Segunda demolición en 1906 por orden del gobernador británico.  Tercera reconstrucción en 1919. En 1956 tercera demolición, esta vez por el conflicto indo-naga.  Y finalmente cuarta reconstrucción en 1990.

¿Qué te dice todo esto? Pues que los de este pueblo son gente muy terca.  Y sorprende que  a los británicos les molestase tanto estando tan lejos de todos los sitios.  Porque si ahora te cae a desmano imagínate en el siglo XIX.  Y pienso en aquel joven teniente de Devonshire al que su general, sentado en su residencia de Calcuta o quizás de Mussoorie le dijese: “Vaya y tome y destruya el fuerte de Semoma. “¿Semo qué?”. Y aquel brillante joven dejó aquí su vida al tomar el jodido fuerte que los khonomeses volvieron a levantar en cuanto se fueron los británicos.

Lo de siempre: las guerras,  una putada, aunque de esta nadie haya hablado.

2 comentarios to “42. India 2019. 15 de octubre, martes. Décimo octavo día de viaje. Kohima. Día 2. Segunda parte.”

  1. La otra Marisa Says:

    “las guerras, una putada, aunque de esta nadie haya hablado.” y las olvidadas, más.

  2. alelsoles Says:

    Marisa, tienes toda la razón.
    Un beso

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