Nuestra balada de Narayama

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Hace muchos años, tantos que lo recuerdo muy bien, vi en un cineclub una película japonesa que me impresionó de modo tan intenso que nunca he olvidado alguna de sus secuencias. Una de ellas es la de una anciana a la que llevan a un sitio inhóspito y nevado para abandonarla a su suerte y a su muerte por ser una carga para la familia. Ella no solo se presta sino que hace lo posible para conseguirlo; tiene muy buena salud, pero se arranca poco a poco los dientes para mostrar que una persona desdentada es una carga mayor. El blanco de la nieve es un sudario implícito en un país en el que es un color de duelo.
La película era en japonés no sé si subtitulada, yo tenía entonces tantos libros a mi alcance como agujas en los pajares y nunca pude recordar ni el nombre de la película ni del director, hasta que la imagen de la nieve ha venido a mi memoria y en un minuto en Wikipedia he encontrado que se trataba de “La balada de Narayama (Narayama bushi kō, 1958)” de Keisuke Kinoshita, un director con el que aprendió Akira Kurosawa que era de una edad parecida. Una nueva versión de 1983 del director Shōhei Imamura ganó en Cannes ese mismo año.
Dice Wikipedia que esa práctica ritual del abandono de ancianos en el Japón tradicional se llama ubasute (姥捨て?, lit. “abandono de una anciana”, también llamado “obasute” y a veces “oyasute” 親捨て “abandono de un padre o familiar”. Parece ser que no hay unanimidad en Japón sobre el hecho de que fuese habitual.
Todo esto me ha venido a la conciencia pensando en el papel de quienes estamos en las edades tercera y cuarta en este momento en España, que parece que somos más abundantes de lo que sería “eficiente” en esta situación. Morimos mucho más, morimos en cruel soledad y ocupamos espacio y tiempo que podrían dedicarse a salvar a personas más jovenes con más probabilidades de recuperarse bien. Tengo que darle un par de vueltas más antes de escribir lo que de verdad siento y lo dejo para otra ocasión.
Me apunto para ese momento que, a pesar de la escasa simpatía que les tengo, no creo que los holandeses sean gilipollas.

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