58. Hong Kong-Macao-Shanghái. 2018. 17de abril, martes. Vigésimo noveno día de viaje. Shanghái, día 9.

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Amanece de nuevo un día estupendo: sol y fresquito.

Hoy lo vamos a dedicar a Pudong, el gran barrio de rascacielos al que la guía lo califica como “neck-craning tourists”, que debe ser algo así como “estirar el cuello como una grulla”.

¿Por qué un “croissant”? Para que tengas una idea del barrio que vamos a visitar: este letrero nos lo encontramos nada más salir del metro.  Nada de “gallinejas y entresijos”, “croissants de France”.

Hasta ahora lo habíamos visto desde la otra orilla del río Huangpu, o sea desde el Bund y desde allí era algo impresionante, pero cuando sales del metro y te encuentras debajo de la “Oriental Pearl TV Tower” es que te quedas pasmado. Vaya, que no te lo puedes creer.

Pero es que no es solo esa increíble torre, son una gran cantidad de rascacielos todos impresionantes. Porque yo tenía la falsa idea de que una vez dentro de este barrio iba a ver un conjunto de rascacielos, lo que ves desde el Bund, sin apenas espacio entre ellos y resulta que hay muchísimos más y con enormes espacios vacíos, aunque se sigue construyendo en la zona.

Una de las obras, que aun siendo menos espectacular que esos rascacielos me ha gustado más ha sido un gran paso elevado circular. Porque además desde ese paso tienes una vista más clara de todo el entorno.  Y casi al alcance de la mano hay una divertida torre de reloj en cuya esfera está dibujado el ratón Mickey y es porque pertenece a unos grandes almacenes que se llaman “Disney”. Así cuando son las horas salen muñecos de esa firma dado vueltas alrededor del reloj. Divertido.

Hemos decidido seguir uno de los itinerarios que la guía define como “recorrido  por el barrio”, lo que nos ha llevado a un bonito paseo que hay al lado del río. Imagino que la cercanía del mar hace que también tenga mareas y hoy por la mañana sería bajamar, lo que dejaba unos metros de barro entre el paseo y la orilla del río.

Este paseo con los edificios el Bund enfrente y los de Pudong a tus espaldas es una maravilla. Y todos los jardines llenos de pensamientos floridos, mientras en el río las gabarras no cesan de pasar si bien hoy solo lo hacen las vacías, quizás por la marea baja.

En nuestra observación ornitológica descubrimos que no hay ni una gaviota. ¡Que cosa más rara! Sí hay algunas garzas y limícolas  diversas. Dado lo agresivas que son al ocupar un territorio me sorprende la ausencia de la gaviota.

En el paseo un joven grafitero pintando en la pared que hace de baranda, pero nada  que ver con los signos de exclamación y nombres de extraterrestres de nuestras tapias: un verdadero artista.

Son las 12 y aparecen jóvenes con traje y chicas  vestidas con cierta elegancia saliendo de todos los grandes edificios. Debe ser la hora de comer y muchos se acercan a las aceras donde un joven motorista les entrega una bolsa con comida.

La escena es siempre la misma: llega el de la moto, mira su teléfono, debe enviar algún mensaje de “Hola estoy aquí con la tartera” y al poco aparece un joven que lo recoge.

Y a veces es como un ballet de llegadas, recogidas y salidas.

Y “suddenly”, como diría una crónica inglesa, vemos una bandera española al lado  de otra que no he llegado a descifrar y de la china. Pues me he alegrado. Y más todavía cuando un letrero más abajo decía “Banco de Santander”.

A punto de acabar el recorrido recomendado entramos por error en un centro comercial y de nuevo el lujo te deja boquiabierto como los edificios del exterior.

Marisa me dice: “Si no hay señora haz una foto de los servicios”. Pues no había señora, pero sí un sonriente señor y no he podido hacer la foto, pero eran algo increíble.

Acabamos de nuevo en el metro y después de la comida en nuestro restaurante favorito breve descaso en el hotel, para aprovecharnos del loft y su terraza.

Por cierto que te voy a dar un consejo: nunca, pero nunca contrates al arquitecto que diseñó la habitación de nuestro hotel, porque cuando llegamos Marisa me dijo aquello de que “nuestra amiga M no podría dormir aquí”, pues nosotros sí podemos, pero a costa de casi descalabrarnos cada día. ¡Qué tormento bajar ese escalón de más de 70 cm que hay desde la cama y luego la escalerita! ¡La cabrona escalerita!

Queremos acabar el día subiendo a una de las torres que tiene un mirador a gran altura para ver la ciudad  y sobre todo Pudong. Entre las recomendadas hemos elegido “Jin Mao”, un espectacular edifico de 340 m de alto. Bueno realmente un centímetro más pues el folleto dice 340,1 m, aunque a mí me parece una exageración esa exactitud,

El ”Observatory 88” está, como su nombre indica, en el piso 88  y tiene la ventaja frente a alguno de sus competidores que su mirador rodea todo el edifico, pues algunos  solo tienen en una parte de él. Y por supuesto todos ellos son de pago, aunque  este por lo menos tiene un descuento del 17% para los “seniors”, que aquí nos consideran como tales a partir de los 70 años.

Y como en todos los sitios turísticos encontramos varias excursiones de abuelos chinos (no sé porque escribo lo de “chinos”, porque aquí todos los abuelos chinos son chinos)  y no te puedes imaginar como gritan las guías que llevan. Quizás es que tengan miedo de que no les oigan y todavía gritan más  y cuando te encuentras en medio de varios de estos grupos forman una algarabía impresionante.

Pero la cola va rápida pues ese ascensor que te sube al piso 88 lo hace a una velocidad de 9 m/s, o se a unos 34 km/h. La ascensión tarda 45 segundos.

No se nota de lo suave que es el arranque y parada, que si fuese como el de mi casa en lugar de 45 tardaría 27 aunque al parar saldríamos todos  por el techo. Sí se nota en que los oídos te duelen tal es la diferencia de presión en tan poco tiempo.

Llegamos arriba y el “¡aaah!” de por la mañana en Pudong se convierte en un “¡AAAAAH!” más grande todavía. Primero porque  tienes enfrente de ti a la “Oriental Pearl TV Tower” increíblemente iluminada y luego vas dando la vuelta en aquel mirador y tienes enfrente aquellas maravillas arquitectónicas de Pudong y algo más lejos pero nítidas, por lo menos esta noche, todos los edificios del Bund.

Una maravilla a no perderte.

Estando allí he pensado que una de las ventajas de este mirador frente al de la “Oriental Pearl TV Tower”, que debe ser más espectacular pues tiene un suelo de vidrio, es que desde aquí sí ves esa torre y desde ella no puedes verte. Vaya, parece una tontería, es una tontería, pero debes tenerla en cuenta.

Y aunque  cuando llegas, y más si lo haces al mismo tiempo que varios grupos de abuelos chinos, tienes problemas para encontrar un punto de observación, enseguida tienes muchos espacios libres, pues lo bueno para nosotros, y lo malo para ellos, es que van muy rápidos en su visita.

Otra de las gracias de este mirador es que en su parte central hay otro mirador donde  en lugar de hacerlo hacia el exterior lo hace hacia el interior, pues hay un gran agujero cilíndrico que va desde el piso 88, donde estás, hasta el 56, que son 152 m de alto y de 27 de diámetro, que corresponden a los pisos utilizados por el hotel Grand Hyatt. Y esa vista es algo también espectacular.

Y por último hay otra atracción que por la edad no hemos podido realizar, pues tiene tope de 60 años como máximo. O eso he entendido. Se llama “Walking in the clouds”: un pasillo de 60 metros de largo y 1,2 de ancho a 340,6 de altura por donde puedes pasear sin peligro pues vas atado con un fuerte arnés. Lo de “fuerte” lo imagino.

Dice el folleto que es el más alto del mundo. Y casi se me olvidaba: el suelo de ese corredor es de vidrio trasparente y no tiene barandilla por la parte exterior.  Para acojonar más. Pero no nos han dejado. Una pena.

Por si vienes, las condiciones de su utilización:

–  de 10 a 60 años. De 10 a 18 deben ir acompañados.

– Peso de 30 a 100 kg.

– Altura de 1,4 a 2 m

– No está permitido para una serie de enfermedades, ni en silla de ruedas.

Dejamos ese lugar tan fantástico y regresamos  al metro volviendo a ver todas aquellas maravillas pero esta vez desde el suelo.

NB.

Lo de la prohibición de la silla de ruedas en el mirador exterior de la torre me parece una maldad del robot que ha redactado las normas: piensa en su anchura de 1,2 m y en que no tiene barandilla exterior.

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